EL PAíS › CAREOS POR LAS IRREGULARIDADES EN LA INVESTIGACION SOBRE LOPEZ

La zapatilla, el perro y el rastro

Tres policías fueron enfrentados con el dueño de una finca donde reaccionaron los perros. Se especula con pistas plantadas o inoperancia.

 Por Adriana Meyer

“Les pregunté a los policías, muchachos, ¿cómo hacen para que el perro siga el rastro? Y uno de ellos sacó una zapatilla y dijo, ‘ésta era de López, con esto cada tanto lo incentivamos al perro’.” Cuando Rubén Durso, delegado municipal de Atalaya, reconstruyó esa escena ante el juez, su secretario, el fiscal y los querellantes, todos, se miraron. Los policías que buscaban a Jorge Julio López con perros adiestrados durante el operativo del 23 de septiembre de 2006 habían negado haberle mostrado el calzado del testigo desaparecido a Durso, el dueño de la finca donde los canes enloquecieron tras olfatear unas ropas y un colchón. Esto ocurrió la semana pasada en la reconstrucción de aquel irregular procedimiento y, como no fue la única contradicción entre los policías y el delegado municipal, el juez federal Arnaldo Corazza ordenó un careo que se produjo ayer. “Nadie cambió su testimonio y no se resolvió quién miente”, sintetizó una fuente que participó de la audiencia. ¿Por qué es importante la zapatilla? La sospecha que persiste es si fue utilizada para plantar el rastro de López o si los policías cometieron una “desprolijidad”.

Pasaban los días y la ausencia de Tito, como le decían, aumentaba la desesperación de la familia, al mismo tiempo que consolidaba la reinstalación de la figura del desaparecido. Por esas horas, el hijo menor del testigo le dio a la policía una zapatilla de su papá para entrenar a los perros en la búsqueda de su rastro. La Bonaerense 2 movilizada interrogaba a los automovilistas por las rutas provinciales y así apareció Rodolfo Buzeta, un criador de chanchos que aseguraba haber visto a López caminando por el pueblo de Atalaya. La jueza Marcela Garmendia y el fiscal Marcelo Martini, que llevaban adelante la “búsqueda de paradero”, ordenaron un operativo que incluyó la participación de la división Canes. El ovejero alemán Kintín, una de las estrellas de esa repartición, fue el elegido para olfatear la zapatilla de López. “Es como un juego con el animal, que tiene premio cuando encuentra el objeto o la persona que olfateó”, explicó su conductor, el efectivo Adrián Badano. Pero si la zapatilla no fue preservada en una bolsa el rastro podría perderse. Por otro lado, también podría haberse traspasado el olor a objetos de esa casa, creando una pista falsa.

Aquel procedimiento de la tarde del 23 de septiembre de 2006, cuando los canes detectaron por primera vez el rastro de López en el Camino Blanco de Atalaya, a pocos metros de la casa de Durso, careció de acta. Fue interrumpido a la madrugada por razones aún desconocidas. Por la noche se hizo un acta irregular. En junio, los querellantes de Justicia Ya! pidieron medidas para establecer qué pasó en Atalaya. Incluso la SIDE sospechó que aquella pista fue plantada. A esa inquietud ahora se sumó el abogado de la familia López, Alfredo Gascón Cotti. El juez Corazza decidió esclarecer este capítulo de la causa que, como otros, pone en evidencia las falencias de la investigación en sus primeras horas, aunque por la demora algunas medidas ya no serán realizables, tal el caso de la declaración de Buzeta, quien falleció el año pasado.

Ayer declararon los policías Sergio Pajot, Jorge Ortiz y Adrián Badano, y fueron careados con Durso, propietario de la finca donde los perros le ladraron a una gorra gris con visera, a un jogging gris Adidas y a un colchón que estaba en una casilla rodante. El relato de Durso no coincide con el de los policías respecto de cuántos y quiénes ingresaron en su casa, como tampoco si fueron o no al baño. “Si la pista fue plantada, también lo fue para el perro”, especuló la fuente. Una vez más, la sensación es que hubo “una mezcla de inoperancia y complicidad”, y si López pasó por allí como marcan los perros “ese procedimiento arruinó la posibilidad de establecerlo”.

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Los policías Pajot, Ortiz y Badano con el juez Arnaldo Corazza.
Imagen: Rafael Yohai
 
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