EL PAIS › LAS QUEJAS CONTRA LOS INSPECTORES Y LOS ANIMOS CALDEADOS DE LOS JOVENES

“Maltratan a la gente”

Los adolescentes, amigos de Miguel y de Giuliana, acusaron a los inspectores de que los maltratan. Aseguraron que se desarrollaban operativos para perseguirlos. De todos modos, reconocen que sólo uno de cada diez usa casco porque queda mal.

Desde Baradero

La lluvia, los bomberos y los refuerzos policiales enviados a Baradero habían dispersado a los dos mil vecinos que en la madrugada de ayer expresaron su bronca por la muerte de Miguel Portugal y Giuliana Giménez luego de que una camioneta de la Dirección de Tránsito impactara la moto en que viajaban en un “accidente”, según sostuvo el intendente Aldo Carossi. Pero en la tarde, mientras las oficinas públicas seguían humeando, los vecinos volvieron a recorrer las calles y los ánimos volvieron a encenderse: “Los inspectores maltratan a la gente, persiguen a los chicos y hasta llegan a cruzarse en contramano o poner cuerdas de una vereda a otra para que se detengan”, explicaba Luis montado en su moto en la plaza central frente al Municipio, junto a otros vecinos como Norberto que aseguraba que “lo de los zorros tenía que explotar”. Sobre la vereda del Municipio, frente a la plaza, los vecinos decían “yo no vi” cuando se hablaba de la persecución de los inspectores de tránsito y resaltaban que quienes rompieron los edificios no tienen “la moral de la gente de Baradero”. En lo que todos acuerdan es en el cotidiano incumplimiento de reglas y en la frase “uno de cada diez usa casco”, que es vox populi.

La seguridad vial comenzó a ser un reclamo para los habitantes de Baradero en marzo de 2005 cuando el joven Matías Patrenostre murió luego de que una camioneta Toyota impactara contra su auto después de haber estado circulando a alta velocidad por la ciudad sin que nadie la detuviera. Desde entonces, Pablo Scarfoni se puso al mando de la Dirección de Inspección y Seguridad. “Al principio sirvió para controlar, pero ahora parece que se le subieron los humos. Scarfoni es muy soberbio y prepotente con la gente. El intendente sabe lo que hace él y los inspectores y dice que no hay persecución”, subrayó Roxana, que prefirió no dar su apellido. Las palabras de la mujer se repetirían minutos después en boca del padre de Miguel Portugal, quien se reconoció como ex inspector de la Dirección que dirige Scarfoni (ver aparte) y que aprovechó para denunciar cómo (Scarfoni) los instaba abrir las puertas de las camionetas para que las motos choquen y se desplomen.

Las medidas “extra” de los inspectores para hacer cumplir la ley, también fueron denunciadas por los compañeros de Miguel y Giuliana mientras masticaban bronca y aguantaban el llanto en la puerta de la Escuela Técnica Nº1, donde velaban a los adolescentes. “Cuando pasa una moto cerca pegan el volantazo para hacerte caer y cuando te detienen y te secuestran la moto te cargan y te tratan mal”, indicó Germán, amigo y compañero de curso de Miguel. “No podés a salir a pasear tranquilo porque te paran. No es que uno esté haciendo quilombo”, reclamó Blas. De todas maneras, todos los jóvenes reconocieron que a la hora de ponerse el casco muy pocos lo hacen porque “no escuchás”, “ves peor” o porque “es ridículo”.

Para algunos vecinos, como el dueño de la radio Tiempo, César Scollio, los controles tienen que ver con que en la ciudad hay “un descontrol de mucha droga y mucho alcohol entre los jóvenes. Y una rebeldía a usar los cascos”. La radio funciona en un edificio vecino al palacio municipal y también fue blanco de los ataques. La calle parece dividir las interpretaciones sobre los hechos de ayer: “A los que rompieron el edificio hay que meterle palo como ejemplo para todo el país”, sentenció un vecino con ánimo tan violento como los ánimos que pretendía corregir.

Cuando la tarde se apagaba, cientos de jóvenes continuaban llorando a sus dos amigos y esperaban acompañarlos hoy desde las 10 hasta el cementerio, los concejales locales pedían la renuncia de Scarfoni y el intendente aseguraba que en un mes se reconstruirán los edificios públicos, aunque lo de ayer parece haber marcado a fuego a Baradero.

Informe: Nahuel Lag.

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En la Escuela Técnica 1 Batalla Vuelta de Obligado, los compañeros lloran en la despedida.
Imagen: Rolando Andrade
 
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