EL PAIS

Una familia muy normal

Vidas e historias de los García Belsunce, del Horacio (h.) con vocaciones múltiples al Horacio (p.) con unánime vocación de patriarca.

 Por Fernando Cibeira

Transformar una bala calibre 32 en un pituto no fue el único cambio de nombre que hizo en su vida Horacio García Belsunce, abogado y periodista, según gusta anunciarse. Durante el apogeo de “Grandes valores del tango”, García Belsunce se presentaba bajo el seudónimo de “Carlos Galup” para dar vuelo a su histrionismo y recitar los poemas de arrabal de Héctor Gagliardi. Hoy, con un protagonismo conseguido a costa de otras macabras circunstancias, y según contó Crónica, García Belsunce le habría pedido a su amigo Daniel Hadad que recupere esas grabaciones del archivo de Canal 9, no sea cosa que a algún gracioso se le ocurra intercalarlas con sus intrincadas explicaciones sobre el asesinato de su hermana María Marta.
Fueron tantas las metidas de pata en tan poco tiempo, que a García Belsunce no le quedó otra que escuchar con atención el consejo del abogado de la familia. Se llamó a silencio y se fue de vacaciones con su mujer a Punta del Este. Pero ni allí, dicen los rumores, habría conseguido espantar a los fantasmas del caso. Una versión que circuló la semana pasada aseguraba que recibió una chiflatina de repudio mientras comía en un restaurante esteño, incidente que habría derivado en una pelea con otro comensal. García Belsunce lo desmintió.

“¿Puede el dolor estupidizar tanto?” (Horacio García Belsunce, en programa de cable “De frente”).
“Le pesa mucho el apellido. Convengamos que llamarse García Belsunce no es lo mismo que Juan Pérez”, explica uno de sus amigos, con la oxidada lógica de las familias high. Sin embargo, la raigambre aristocrática de los García Belsunce es más mito que verdad. El abuelo de Horacio fue un inmigrante. Un abogado español llamado Adolfo García que se afincó en el país y se casó con Ema Belsunce, iniciando la saga del apellido compuesto. Tuvieron tres hijos varones: Eduardo –que se especializó en filosofía–, César –historiador, coautor de un manual Kapelusz– y Horacio, abogado. Horacio fue el de mayor trayectoria pública: antiperonista de pelo en pecho, llegó a secretario de Hacienda de la dictadura de Onganía.
Hoy en día, Horacio García Belsunce padre suele aparecer en columnas de opinión o carta de lectores del diario La Nación aportando sesudas explicaciones jurídicas con la rúbrica de sus múltiples títulos: doctor en Jurisprudencia, presidente de la Academia Nacional de Derecho, ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, asesor letrado de la Academia Nacional de Medicina y así. Horacio García Belsunce se casó con María Luz Galup Lanús, con quien tuvo tres hijos: Horacio, María Laura y María Marta. Horacio hijo luce con orgullo la (h.) que lo distingue de su padre: puede que sea un poco incómoda, pero a no dudar de su elegancia.
Quienes lo conocen sostienen que es muy difícil imaginar a Horacio padre expresando alguna emoción, aunque cuentan que en el entierro de María Marta lloró. Diagramó su vida para regir un clan católico y conservador, ligado al derecho y a las familias de bien. Por eso, sostienen, le costó mucho asimilar el golpe cuando Luz lo dejó para casarse con un médico más joven, Constantino Hurtig. Con él, Luz tuvo otros dos hijos: Juan Carlos e Irene. Horacio García Belsunce (h.), como todos en la familia, llama a Juan Carlos “John”, exagerando la pronunciación inglesa tanto del apodo como del apellido. Pero, por lo que se sabe, Hurtig es de familia húngara, un ascendiente no tan chic como el británico.
Con el argumento de que lo habían abandonado, García Belsunce padre se permitió el desliz de una nueva boda: se casó en segundas nupcias con María Luisa Lanusse Gras, con quien tuvo a Hernán, hoy un abogado de 28 años. Tanto doble apellido y rancia estirpe no resultaron obstáculo para que Horacio padre se haga de unos buenos morlacos a costa del Estado: luego de haber sido un año subsecretario de Hacienda en la provincia en la década del 50 y otro año secretario de Adalberto Krieger Vasena en los ‘60, percibe una jubilación de privilegio de 4420 nada aristocráticos pesos, según consta en el listado que la Anses emitió el 16 de diciembre pasado.

“Estoy ansioso por saber si fui tan estúpido que tiré una bala” (Horacio García Belsunce, en declaraciones a los diarios).
Como primogénito de una eminencia del derecho tributario, Horacio hijo siempre sospechó que no resultó lo que se esperaba. Fue abogado pero nunca le interesó tanto como para especializarse, como a su padre. Más que los libros le atrayeron los medios, la figuración rápida y el dinero. Intentó con una agencia de publicidad, también soñó con la actuación, al final le dio por el periodismo o algo parecido. Podría decirse que fue un pionero en lo suyo, uno de los primeros columnistas en la onda mediático-fascistoide que hoy repiten desde Canal 9 Antonio Laje o Eduardo Feinmann.
“Es un retrógrado, un gorilón, un facho te diría, pero es una persona correcta”, lo define políticamente un amigo, alguien que asegura que lo quiere bien. Para eso, explica, no hay que pensar muy diferente a él. “Si no le gusta como pensás, ni te habla”, agrega.
En el ‘95 dio el mal paso y tentó suerte en la política. Fue candidato a diputado por el Frente de Recuperación Etica de Eduardo Varela Cid, apoyando la candidatura de Carlos Menem por afuera del PJ. Antes de lanzarse a la política, Varela Cid había sido editor de libros y como tal había publicado escritos de Emilio Eduardo Massera, una figura que parecía reunir las simpatías de algunos de los integrantes de la lista. También iba como candidata una buena amiga de García Belsunce, la periodista Silvia Fernández Barrio. Prometían terminar con la vieja política, las prácticas corruptas y las listas sábana. No le creyeron: no consiguieron meter ni un diputado. Para peor, dos meses después de la elección a Varela Cid lo denunciaron por coimero, escándalo que terminó con su efímera carrera política.

“A Horacio lo condena su propia idiotez” (fiscal Juan Martín Romero Victorica, en declaraciones a Radio 10).
Horacio García Belsunce (h.) se casó con Leticia Betavente y tuvo una hija, Dolores, que actualmente produce su programa de cable. Según cuentan, García Belsunce suele mantener relaciones tormentosas con sus mujeres. El matrimonio fue breve y se habló de golpes. Luego contrajo matrimonio con Leila Keller Sarmiento, con quien tuvo un hijo con problemas. De acuerdo con la revista Veintitrés, como terapia, Horacio y Leila toman clases de teatro.
Con el periodismo nadie se hace millonario. Una de las muchas sombras que rodean al crimen de María Marta es la relación de la familia con los hermanos Rohm, dueños del Banco General de Negocios, hoy procesados por la Justicia por estafadores. Es casi seguro que el marido de María Marta, Jorge Carrascosa, trabajaba para los Rohm y se sospecha que tanto él como Horacio actuaban como testaferros. Una de las cartas que forman parte del expediente certifican que entre los años 1996/97, Horacio tenía colocados al menos 350 mil dólares en la bolsa de comercio. El único punto oscuro que se encargó de desmentir García Belsunce en sus apariciones públicas fue que su hermana tuviera contratado un millonario seguro de vida.
“Es muy familiero, a María Marta la adoraba”, asegura un allegado. Tanto cariño explica la actitud de García Belsunce, que cuando llegó a la casa del country se acostó junto al cadáver de su hermana, la acarició y la besó. Después, una vez que se supo lo del asesinato, no pudo con su genio y mediatizó la justificación. Así fue que quedaron expuestas las contradicciones:
u Dijo que cuando llegó la familia, a excepción del baño la casa estaba impecable. Luego, los peritos encontraron rastros de sangre en la habitación y en la escalera.
u Sostuvo que nadie había llamado a la policía porque se trató de un accidente y resultó que él mismo habló con el comisario de la Bonaerense, Angel Casafús, para que le “sacara la policía de encima”.
u Juró que no habían visto una bala “ni nada parecido” y más tarde entró en escena el famoso pituto.
Para explicarse, García Belsunce utilizó como tribuna el primer bloque de su programa semanal “De frente”, que se emite por la señal P&E, mientras que en el segundo bloque seguía con su rutina habitual. También dio una especie de mensaje por cadena en “Crónica TV”, de frente a cámara, con vaso de agua y todo. “Voy a dejar hasta la última gota de sangre hasta encontrar a ese asesino”, prometió.
El desarrollo del caso sirvió como muestrario de lo tupido de sus relaciones en los ámbitos del poder: consiguió que la policía no pise el country porque Casafús es su amigo; el juez de garantías de San Isidro, Juan Maquintach, se excusó de tomar el caso porque es su amigo, igual que el fiscal Juan Martín Romero Victorica, a quien le contó sus dudas por la muerte de su hermana en el velatorio. Queda por saber si las amistades lo acompañarán hasta el fin del caso o, si como ya está pasando con Romero Victorica, comenzarán a abrirse discretamente de una familia con doble apellido pero sin un historial de campos y esas menudencias que distinguen a la gente bien.

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