EL PAIS › OPINION

Los estragos mediáticos de la mano dura

 Por Horacio Cecchi

La mano dura está haciendo estragos entre los pensantes, los economistas, los políticos y cierto periodismo que distribuye mucho miedo y ninguna reflexión. La encuesta de Celiv/Untref señala claramente que el sistema penal castiga únicamente al sector más vulnerable de la población. Si las denuncias de organizaciones sociales y de los propios grupos de riesgo ya habían puesto el acento en que el ejercicio penal se cargaba sobre los hombros de jóvenes, morochitos y habitantes de villas, la encuesta “Delito marginalidad y desempeño...” viene a sostenerlo desde una mirada marcada por la objetividad como método de estudio.

Pero el informe, además, subraya la fuerte carencia reflexiva entre los medios o el interés no revelado de promover miedo como objeto de consumo por parte de cierto periodismo. El dato subrayado en el informe “Delito...”, que dice que las cárceles están pobladas por el eslabón más simple de la cadena delictiva, cuya detención y condena no modifica en lo más mínimo la generación del delito que, supuestamente, es el que dispara el mentado miedo a la inseguridad, debería llevar a una conclusión: el reclamo de más policía para solucionar la inseguridad es falso o lleva a un callejón sin salida. No porque sea inocuo, un placebo. No, produce detenciones a granel. Sin entrar en el debate de si esas detenciones son injustas, sólo resulta inocuo para la cadena criminal. Seguirá funcionando. Cambiarán a un pibe orejudo, atrapado, amasijado a golpes por una parte de la sociedad indignada, puesto como un muñeco en la kermesse para que el público pase y festeje puntería contra su cabeza expuesta, mientras que el dueño del local se restriega las manos mientras alienta clientela al grito de “¡golpee al asesino y haga justicia por mano propia!”

¿Qué milagrosa lógica es la que permite que un medio diga que una institución produce todo lo contrario de lo que se espera que produzca, y que por ello admite (en realidad no lo revela) que se gasten cifras millonarias quitadas de otros espacios, y que su público lo apruebe? ¿Acaso se promovería el aplauso por un hospital que produzca enfermedad y muerte? La cárcel es la única institución que agita apoyos por su inutilidad.

¿Qué papel tienen los medios en ese discurso? Decir, dicen todo. Pero lo dicen cambiado. En cuestiones discursivas no se verifica la ley de matemática que dice que en suma y multiplicación, el orden no altera el producto. El costo de la maquinaria que se pone en marcha por un robo a mano armada de un celular no se menciona en la nota donde el protagonismo lo tiene la víctima, la desposesión del patrimonio, y la transmisión empática de que todos somos víctimas posibles. El costo de esa maquinaria penal será tema de otra nota titulada “reclamos contra el gasto de la administración”, empujando hacia la privatización de los servicios, en este caso policiales, carcelarios y, por qué no, judiciales. Nunca se dirá que ese costo multiplica por mil el valor de ese celular. Tampoco que ese ladrón adolescente será fácilmente reemplazado por otro que entrará en la productora en serie de pibes para el consumo del miedo.

Mucho menos se dirá que ese pibe es más barato para el crimen que el valor del celular lo es para la víctima que fue desposeída. Ese cierto periodismo no quiere explicar que propone pagar para seguir perdiendo celulares. En realidad, no propone. Dice que describe.

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