EL PAIS › FUTBOL POR MILAGRO SALA

Militancia, jueguito y gol

 Por Luciana Peker

La militancia feminista se volvió patada, risa, mano levantada, rodillas arriba, grito, fiesta, jueguito, cabeza y gol. El fútbol no solo copó las plazas y los ratos libres, sino que se convirtió en protagonista en el XXXI Encuentro Nacional de Mujeres de Rosario. El domingo 9 de octubre se pidió la libertad de Milagros Sala con un partido de fútbol frente al río en el que se alternaron militantes de Nuevo Encuentro, el Frente de Mujeres del Movimiento Evita, la Cámpora y las activistas de Fútbol Militante que llevaron los arcos y delimitaron la cancha con telas. La dirigente de la Tupac Amaru considerada presa política mandó una carta, desde Jujuy, escrita con su letra en mayúscula a las participantes del Encuentro en donde remarcó que su detención es injusta y machista: “No nos perdonan que hayamos concientizado a cientos de mujeres que no hay ninguna razón para que el compañero les levante la mano”.

El reclamo de libertad a Milagros fue con las piernas fuertes, ágiles y vibrantes. No es casualidad. El fútbol es una herramienta de libertad para el grupo Fútbol Militante que organizó la actividad y se conformó, justamente, a partir del Encuentro del 2015 en Mar del Plata. El ascenso del deporte es un logro tan colectivo como el espíritu de equipo que se requiere en una cancha.

La Directora Técnica Mónica Santino, entrenadora en la Villa 31 y Presidenta de la Asociación Civil de fútbol femenino “La Nuestra” recuerda que venía a los primeros Encuentros como dirigente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) sin que el juego sea uno de los temas permitidos para el feminismo. La cancha ya no es la misma. Su trabajo creció tanto que impulsó a muchas mujeres a agarrar la pelota y a empoderarse transpirando la camiseta. “No creo que ninguna nena que juegue al fútbol desde chica pueda ser vulnerable a aguantar violencia de género cuando crece”, remarca Mónica. A su lado, Cecilia Carbajal, ex entrenadora, recuerda cuando en la Villa 31 los varones les tiraban piedras a las chicas por ocupar la cancha. Ellas aguantaron las embestidas machistas y ahora el auge de las nenas y las jóvenes por calzarse botines es imparable.

Las más chicas reconocen a Mónica como pionera y, a la vez, abren el potrero a nuevas y multiplicadas experiencias. En el 2015, en Mar del Plata, el fútbol se hizo un lugar al lado de los talleres y las discusiones sobre derechos, en medio de las plazas. A partir de ahí un grupo de chicas se empezaron a juntar, los martes de 20 a 22 horas, en Plaza Los Andes, en el barrio porteño de Chacarita, para tomar el espacio público, de noche y entre mujeres. Y si llueve se van a un bar o asamblea a debatir o hablar sobre activismo. Pero, además, a partir de la represión policial a la marcha final del Encuentro, en la catedral marplatense, decidieron entrenar porque si ponen el cuerpo para la militancia ese cuerpo tiene que estar fuerte. Con ese espíritu, cada martes, antes de empezar a jugar, hacen trote, flexiones y abdominales y después, sí, la fiesta de la pelota empieza a rodar.

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