EL PAíS › OPINION

Viaje inesperado

 Por ANDRES FONTANA *

La prensa internacional ha calificado el viaje del presidente Bush como “curioso”, una forma diplomática de decir “inesperado”, “casi inentendible”, y disimular el desconcierto de los periodistas al preguntarse sobre el sentido de esta iniciativa tan costosa para el presidente del país más poderoso del mundo.

Un viaje del presidente de los Estados Unidos a una región ajena al centro de la política internacional, limitada en su contribución al crecimiento de la economía mundial, no ocurre con frecuencia ni por motivos superfluos.

Tal vez un paralelo histórico nos permita acompañar la búsqueda de quienes no se conforman con la explicación basada en el reclamo demócrata de que “Bush abandonó la región y por eso surgió Hugo Chávez”. El paralelo se remonta a febrero de 1960, cuando el entonces presidente Dwight Eisenhower viajó a América latina.

También Eisenhower se encontraba en su último año de mandato cuando viajó por primera vez a la Argentina, Brasil, Chile y Uruguay. El objetivo oficial del viaje era conocer estos países y promover el gobierno representativo, la libre empresa y las reformas económicas. Pero el propósito subyacente era sondear el ánimo sobre la posibilidad de implementar sanciones colectivas contra Cuba en el seno de la OEA.

El viaje de Eisenhower comenzó poco después de que Fidel Castro firmara un acuerdo comercial con los soviéticos, por el cual le comprarían un millón de toneladas de azúcar a Cuba en cada uno de los siguientes cinco años y otorgarían un crédito de 100 millones de dólares para la adquisición de equipos soviéticos. Pocos meses después, Cuba se volcaba al socialismo y se guarnecía bajo el paraguas soviético en forma irreversible, al menos por las tres décadas siguientes.

Hoy, el presidente de los Estados Unidos se encuentra en su último año y en su momento de más baja popularidad. Figuras de primer orden, como el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair, y su par italiano, Romano Prodi, han visto diluirse su continuidad al frente del gobierno por motivos vinculados con la política exterior de los Estados Unidos y el Partido Republicano ha perdido tajantemente las elecciones legislativas del año pasado. Los costos propios y ajenos de la política exterior del presidente Bush son cada día más evidentes.

En este marco, los demócratas han exigido el retiro de tropas de Irak en un plazo de 18 meses y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, al igual que otros miembros de su partido, han señalado la “desatención” de América latina en la política exterior del presidente Bush.

Es difícil creer que el presidente Bush, luego de seis años de gobierno con pocas señales y muy pocas políticas dirigidas a la región, haya tomado la decisión como respuesta a críticas que se vienen formulando desde hace ya bastante tiempo, si bien lo inesperado de la gira y la rústica elección de países (Brasil, Colombia, Guatemala, México y Uruguay) invitan a pensar en una respuesta improvisada.

Sin duda, los escasos anuncios con respecto a los objetivos del viaje y la ausencia de acuerdos previos no reflejan una estrategia que le dé sustento a futuro. Pero la preocupación por un Chávez cada vez más cercano al socialismo agrega sentido al esfuerzo de un presidente asediado por los dilemas de la guerra en Irak y el posible abandono por parte de sus aliados más cercanos en los meses por venir.

* Decano de Estudios para Graduados de la Universidad de Belgrano

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