ESPECTáCULOS › KEVIN SPACEY EXPLICA SU CARRERA EN FILM&ARTS

El sospechoso de siempre

El actor, formado en el teatro y ganador de dos Oscar, sostiene en la entrevista que “en el cine se usan demasiadas palabras”.

 Por Emanuel Respighi

Buena parte de las figuras del cine estadounidense recorrieron un camino similar hasta llegar a ser reconocidas: iniciaron su carrera participando en elencos teatrales, luego se destacaron en la televisión y tiempo después saltaron a la fama por su trabajo en la pantalla grande. Generalmente, una vez consolidadas en el circuito Hollywood, las figuras no vuelven a la televisión y si actúan en el teatro lo hacen como un gesto condescendiente. Para Kevin Spacey esa actitud es una deformidad. El cine es un trabajo, dice, y la televisión una caja increíble de repercusión. Pero el teatro es arte. “El teatro, mi amor eterno”, subraya en uno de los pasajes más llamativos de una extensa entrevista que Film&Arts exhibirá el domingo a las 19.
Buena parte del público mundial conoce al bueno de Kevin por su personaje de Keyser Söze en Los sospechosos de siempre, el asesino serial de Pecados capitales o el neurótico Lester Burnham de Belleza americana. Pero el cine y la fama estaban muy lejos cuando el niño Spacey se empeñaba en papeles menores en las obras teatrales de su colegio, soñando con llegar a Broadway. Era ya un actor considerable de teatro cuando le llegó la hora del salto al cine, que llegó después de que brillara en el papel Tío Lououie en la obra Perdidos en Yonkers, que en 1991 le valió un Premio Tony, la máxima distinción del teatro estadounidense. Por eso, cree, la fama no lo mareó, ni le hizo olvidar su vocación artística.
En la entrevista, realizada por el crítico James Lipton, el actor esboza una suerte de explicación del amor que siente por el teatro. “Yo confío mucho en lo visual, en lo que puede transmitir una mirada o un pensamiento. Estoy convencido de que una imagen puede lograr mucho más que un diálogo. A veces se usan demasiadas palabras en el cine”, sostiene. Luego, hace reír a medio mundo con sus imitaciones de Al Pacino, Clint Eastwood, Marlon Brando y Katharine Hepburn. Sin embargo, no encuentra diferencias en la forma de actuar en cine y en teatro. “Me es indiferente, porque cuando actúo busco que el público tenga la misma experiencia que yo tuve cuando leí el guión por primera vez. Intento recuperar el momento de alegría o tristeza que sentí al leer la historia. Confío en esa primera lectura”, afirma.
El primer Oscar iba a llegar en 1996, por su impactante performance en Los sospechosos de siempre, en la piel de un hombre capaz de mentir, mentir y mentir, mientras pone cara de sufrido. “Un aspecto que me resultó fascinante –recuerda– fue que la verdad siempre está a la vista de todos en el film. Por lo tanto, el reto era ser honesto para que esa verdad transparente aflorara y la reacción no fuera de asombro. El personaje tenía características que lo hacían muy frágil, débil y tímido. Parecía que se lo podía manipular fácilmente. Pero en realidad tenía el control de todo.”
Más allá del reconocimiento que le otorgó esa labor en el film de Bryan Singer, Spacey cree que por entonces era todavía un desconocido famoso. Fue la interpretación del jefe de esa familia que se rebela contra las costumbres estadounidenses en Belleza americana, de Sam Mendes, el momento que cambió su status. “Para el papel me tuve que entrenar con un preparador que me seguía a todas partes, y tomé una cantidad enorme de píldoras. No queríamos que los cambios físicos que Lester sufre en el film fueran abruptos. Había que lograr una evolución orgánica imperceptible en sus transformaciones emocionales, espirituales y físicas”, recuerda. “La parte física fue la más complicada de lograr, ya que tenía que estar en forma desde el primer día pero sin que se percibiera”, sigue sobre Belleza americana. “Usamos maquillaje y ropa grande para aparentar un físico inicial desgarbado.” Aunque sabe que ya es algo más que un actor, es una celebridad, Spacey no se enloquece con las millonarias cifras con que lo tientan para trabajar. “Para aceptar un papel me baso en la trama, en la historia. Aunque exaspere a mis agentes, no quiero saber nada más,ya que ciertos elementos te pueden absorber: quién es el director o los actores, cuánto el salario... Si la trama no me hace reaccionar, aun cuando el papel sea interesante, prefiero no participar”, asegura.

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Spacey en una escena de “Belleza americana”, de Sam Mendes.
 
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