ESPECTáCULOS › “DAREDEVIL, EL HOMBRE SIN MIEDO”, CON BEN AFFLECK

El comienzo de una nueva saga

 Por Horacio Bernades

Tras el éxito de X-Men y El hombre araña, siguen llegando al cine las franquicias de la Marvel Comics, aguardándose para dentro de unos meses el verde desembarco en pantalla grande de El increíble Hulk. Mientras tanto, y con perfil menos rutilante, acá está Daredevil, el hombre sin miedo, primera parte de una serie que no contará con menos de tres entregas y que se basa, como las anteriores, en una historieta creada en los ‘60 por el a esta altura célebre Stan Lee. Dicen los connaisseurs que Daredevil nunca fue el mejor vino de la bodega Lee. Siguiendo los pasos de la historieta original, la película sufre de una hibridez de cuna que la condena a ser una menor y poco agraciada hermanita de la familia Marvel.
Como el Peter Parker de El hombre araña, Matt Murdock (Ben Affleck) es un pibe de barrio de Nueva York. Nacido en ese sector del Bronx conocido como Hell’s Kitchen, el pequeño Matt (la película empieza con un largo flashback que reconstruye su infancia) es hijo de un padre no precisamente ejemplar. Ex boxeador venido abajo, Jack Murdock (David Keith, a quien le tocó en suerte el papel menos unidimensional de la película) esconde un secreto cuya develación representará para Matt la pérdida de la inocencia. Murdock padre trabaja como matón para el mafioso que controla el barrio, y el día que Matt lo descubra apretando a un pobre tipo lo marcará para siempre. Junto con la caída de la figura paterna, el héroe sufrirá una muy metafórica ceguera, consecuencia de un accidente.
Al tiempo que se le debilita el talón, como compensación a este Aquiles se le superdesarrollan los otros sentidos. El oído, sobre todo, lo cual le permite generar un efecto de radar semejante al de los murciélagos. Y le permite también a la película generar su más destacado efecto visual: una forma de percepción ciega, equivalente a la que tal vez tengan esos mamíferos voladores. Claro, ya había otro superhéroe con parecidas cualidades. Como además a Matt (convertido ya en Daredevil y apretado en un traje de spandex rojo) le da por practicar saltos inauditos entre los rascacielos de Nueva York, se hace imposible no verlo como réplica del Hombre Araña, además de Batman. Claro que en este caso no hay mutación genética de por medio, por lo cual los superpoderes de Murdock se tornan algo más difíciles de explicar.
Daredevil oscila entre cierto realismo barrial y las caracterizaciones de comic, le roba a los Batman de Tim Burton las noches, las lluvias y las gárgolas, plantea un héroe trágico y solitario para meterlo en la más cursi de las love stories y ni siquiera parece demasiado resuelta a la hora de elegir antagonista. Ante la falta de definición, queda para el espectador elegir como ultravillano a Kingpin, mafioso encarnado por el gigante negro Michael Clarke Duncan, o a Bullseye, psicópata irlandés a quien el ascendente Colin Farrell dota de una histeria digna de El Acertijo.

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