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El tullido que se ríe de sí mismo: eso es “Quads!”

El famoso historietista John Callahan, paralítico luego de un accidente automovilístico, convierte su tragedia personal en una “incorrecta” serie de dibujos animados.

 Por Pablo Plotkin

“Físicamente desafiado” es el eufemismo con que la corrección política estadounidense suele apiadarse de las personas paralíticas. John Callahan es alguien físicamente desafiado, condenado a pasar la vida en una silla de ruedas a causa de un accidente automovilístico que sufrió a los 21 años. “Cuando la gente se ríe a carcajadas y después dice ‘eso no es gracioso’, podés estar seguro de que están hablando de John Callahan”, se dijo de este historietista nacido en Portland, Oregon, cuyos trabajos aparecen periódicamente en los diarios Los Angeles Times, San Francisco Chronicle y The London Observer, entre otras publicaciones. “Quads!”, su primera serie para televisión, proyecta al mundo una decisión existencial que oscila entre el ingenio autoparódico y el culto al infortunio: convertir una tragedia personal en el disparador de trama de un dibujo animado.
Desde “Los Simpson”, el género atentó masivamente contra casi todos los tabúes del american way of life: la disfuncionalidad familiar, las drogas, el sexo, el alcoholismo, la política exterior de la Casa Blanca, las miserias del mundo del espectáculo. Si los entes reguladores dejaron y dejan hacer es porque, a esta altura (después de “Ren & Stimpy”, “Daria”, “Padre de familia”, “South Park” y otros éxitos), la incorrección es un argumento marketinero vital a la hora de promover un nuevo producto animado para adultos. Pero la discapacidad física (al igual que la religión y el tabaco) siempre fue un asunto delicado. Tuvo que aparecer alguien como Callahan (cuya parálisis, se supone, legitima el humor negro) para que una serie como ésta tuviera espacio en la televisión.
“Quads!” (que Locomotion preestrena hoy a la medianoche, a la 0.30, pero que comenzará a tener continuidad recién a fines de este año) cuenta la historia de Reilly O’Reilly, un borracho desocupado y despreocupado que, en el primer capítulo de la serie, es atropellado por un magnate a la salida de un bar. Reilly queda paralítico y, luego de unos días, el millonario le regala una increíble mansión para saldar cuentas y expiar culpas. En plan de sentirse menos solo y miserable, Reilly alberga a unos cuantos discapacitados que mendigaban a las puertas del bar, tipos que lo hacen sentir comparativamente menos desdichado. Allí está Fontaine, un negro ciego que, “llamativamente”, carece de todo talento musical. Blazer, un jugador compulsivo que perdió todas sus pertenencias y partes del cuerpo hasta quedar reducido a lo que es hoy: una cabeza pervertida sobre una patineta. Un ex masajista de celebridades que perdió las manos, un barman irlandés descerebrado. Y la novia de Reylly, Franny, una ecologista turgente que querrá a toda costa un hijo del tullido.
Si bien la sinopsis de esta coproducción australiano-canadiense promete revulsión y originalidad narrativa, el resultado es un tanto decepcionante. La condición de Reylly se normaliza alrededor de historias secundarias más o menos estandarizadas y los comentarios sobre la discapacidad de los personajes, por momentos, no supera el nivel de aquellos viejos chistes sobre Stevie Wonder. Claro que el ingenio de Callahan, sostenido en la construcción de los personajes, por momentos se sobrepone a la debilidad del libreto. En especial cuando la convivencia dentro de la mansión se acerca al desastre familiar. Reilly sigue bebiendo y no termina de encontrar su lugar entre tanta fastuosidad, la proyección maternal de Franny, la locura de sus amigos y su nueva condición de paralítico. “¡Esto no es un desafío de vida; esto es una puta tragedia!”, clama al comienzo.
Con la impunidad del que se ríe de sí mismo, Callahan parece despreciar la conmiseración y llama a las cosas por su nombre. Nada de físicamente desafiado. Como ejercicio de exorcismo, “Quads!” funciona a la perfección: es directa sin ser truculenta y autorreferencial sin ser autocompasiva. Como serie animada, quizás no llegue a trascender tanto como la autobiografía de Callahan (titulada No se preocupe, no va a llegar muy lejos a pie), cuyos derechos fílmicos ya están en manos de Robin Williams y Gus Van Sant.

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Tres de los extraños personajes que componen el mundo de “Quads!”, donde todos tienen problemas.
 
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