ESPECTáCULOS › “BEACH BOYS: AN AMERICAN BAND”, UN DOCUMENTAL DE I-SAT

La locura en tablas de surf

De la liviandad de los ‘60 al giro magistral de “Pet Sounds”, y de allí a la decadencia, la historia del grupo es digna de película.

 Por Roque Casciero

La arena de Malibú está tan caliente como el sol que la cocina, pero las olas del Pacífico traen un poco de frescura. Las chicas en bikini miran con ojos húmedos a esos atléticos muchachos que enceran sus tablas de surf. Desde la radio de un convertible sale la música de fondo para una tarde playera de los ‘60: ¿quiénes podrían estar sonando sino los Beach Boys? La banda de los hermanos Wilson fue parte de un imaginario colectivo que instaló en la mente de medio mundo el sueño americano de las “chicas de California”, las olas y ningún viento. Y, aunque sólo uno de los cinco miembros del grupo mostró un interés real en el surf, no costaba nada pensarlos capeando olas monumentales. Desde el éxito playero de los ‘60 hasta su conversión en una suerte de número nostálgico con sabor patriotero en plena era Reagan, el documental Beach Boys: An American Band (que se podrá ver este lunes a las 21 por I-Sat) sigue un tanto a los tumbos –aunque con imágenes valiosas– el derrotero del quinteto que, en su momento, fue el único capaz de hacerle sombra a los mismísimos Beatles.
En realidad, calificar a esta película de documental es algo osado, porque sus noventa minutos de duración se sostienen fundamentalmente en las canciones de los Beach Boys, que aparecen en presentaciones completas en televisión, en películas, en sesiones de grabación y en vivo. El hilo conductor tiene rasgos bizarros: Brian Wilson, el genio trastornado de la banda, habla sobre su historia... desde la cama, que se negaba a abandonar. Hasta que, en determinado momento, los Blues Brothers originales (Dan Aykroyd y John Belushi) aparecen disfrazados de “policías del surf” y lo obligan a salir de su cuarto y subirse a una tabla, a pesar de su evidente sobrepeso. También son extrañas –por usar un calificativo amable– las imágenes de la banda en la Casa Blanca, recibiendo en pantalones cortos los halagos de Reagan, y de los conciertos patrioteros de la década del 80.
Lo mejor de la película son las imágenes de la era dorada de los Beach Boys. Que no es, claro está, la del comienzo, mal que les pese a los nostálgicos que adoraban a esos cinco muchachos con voces celestiales y canciones sobre surf, chicas y autos. Cuando la mente de Brian empezó a hacer cortocircuito, el bajista y productor dejó su rol en las giras y se concentró en progresar como compositor y en los estudios. Así fue que llegó a Pet Sounds, una obra maestra que inspiró a Paul McCartney para el Sgt. Pepper de The Beatles. Las canciones eran grabadas por Brian y un grupo de sesionistas mientras sus compañeros seguían en la ruta, y sólo aportaban las armonías vocales inconfundibles. Pet Sounds es una suerte de álbum conceptual que gira alrededor de la madurez, lo que marcó un quiebre con la adolescencia eterna que transmitían los discos anteriores de la banda. En el documental también hay algunas imágenes y declaraciones interesantes del proyecto siguiente: Smile, que se suponía iba a superar cualquier música pop hecha antes, quedó trunco por la fragilidad mental de Brian, a la que contribuía su uso intensivo del ácido lisérgico.
Los momentos bajos y el renacer de los Beach Boys en la consideración de sus compatriotas no son reflejados intensivamente en la película, más allá de unos pocos dichos de los miembros de la banda. Pero las imágenes del momento cumbre de los Beach Boys –y el tratamiento sobrio de la muerte de Dennis Wilson, el baterista– redimen al trabajo. La historia de la banda continuó con más controversia que éxitos. Brian le confió su mente a un psiquiatra que lo dominó a placer, los otros miembros del grupo le hicieron juicios a su antiguo líder, y llegó un momento en el que hubo tres bandas relacionadas con los Beach Boys: un semi recuperado Brian como solista, una versión de la banda liderada por su primo y miembro original Mick Love, y la Beach Boys Family con Al Jardine (el único BB que no era pariente de los Wilson) a la cabeza. En 1998, cuando estaban tendidos los lazos como para que la banda volviera en pleno, Carl Wilson murió de cáncer. Más cerca en el tiempo, Brian regresó a los escenarios y grabó unaversión de Pet Sounds en vivo junto a un reparto de estrellas, en otra muestra de la nostalgia que provoca un disco inigualable. No es igual, claro, pero al menos ha servido para que el hombre recupere cierta cordura y que reciba el aplauso de varias generaciones que reconocen su genio.

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Los Beach Boys en su época más creativa, la del disco “Pet Sounds”.
En los ‘80 se enrolaron en el patrioterismo típico de la era Reagan.
 
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