ESPECTáCULOS › LA MITICA ELZA SOARES INAUGURA LAS “NOCHES BRASILEÑAS”

“Llegué del planeta hambre”

Auténtica leyenda de la música del Brasil, la cantante tiene un historial con toda clase de aventuras, de las buenas y de las otras.

 Por Martín Pérez

“Ayer estuvo bien, pero hoy es maravilloso y mañana debe ser mejor.” Como si estuviera versionando a aquel Spinetta que aseguraba que, aunque lo forzasen, nunca iba a decir que todo tiempo pasado fue mejor, así es como Elza Soares resume su filosofía de vida. De regreso a Buenos Aires después de una prolongada ausencia, para inaugurar ayer por la noche con su show el ciclo “Noches Brasileñas en Buenos Aires” que forma parte del Festival, esta diva de la música brasileña odia revolver su pasado, en el que hay de todo, cuatro décadas de grandes triunfos y terribles derrotas. Ahora tiene un presente estelar, en el que es unánimemente considerada en su país como un mito viviente de la canción brasileña.
“El reconocimiento que me llegó en estos años no me hizo más grande ni más chica. Soy la misma de siempre. Sólo sé que cuando ocupas más espacio, todos te miran más, así que tengo una cierta responsabilidad. Sólo eso”, acepta Elza, aquella chica nacida en una favela carioca que casi de casualidad demostró que podía cantar como la mejor cantante de jazz. La leyenda cuenta que el talento de Elza fue descubierto en un programa de premios. Se rieron de ella cuando subió al escenario, pero cuando abrió la boca todos se callaron. Al terminar su canción, el presentador se preguntó de qué planeta había salido esta cantante. “Del planeta hambre”, respondió ella. “Es un planeta que no existe”, le aclara a Página/12, sentada en el hall de un hotel. “Pero en el que aún hoy vive mucha gente.”
La misma leyenda es la que afirma que Elza a los 12 años estaba casada, a los 13 era madre, a los 15 vio morir de hambre a su segundo hijo, a los 20 tuvo el quinto y a los 22 quedó viuda de un marido que le disparó en un brazo por considerar que todas las cantantes eran prostitutas. Descubierto su talento a los 16, Elza asegura haber comenzado su carrera profesional en Buenos Aires. Contratada para cantar en la boîte King a comienzos de los ‘60, recuerda que fue la primera vez que fue tratada de igual a igual por los músicos con los que compartía escenario. “Me ponían una alfombra, como si fuera una estrella, y lo que yo quería era algo de pan”, cuenta la diva, que –al igual que los músicos que viajaron con ella– fue estafada por la productora que la trajo del Brasil. “De aquel viaje me acuerdo del maestro Toscano, que dirigía la banda del lugar. Y de un chico que recién empezaba, Palito Ortega. Y también conocí a Piazzolla, del que mucha gente hablaba mal pero a mí me encantaba.” Por eso, apunta Elza, en su último álbum hay un tema llamado “Fadas”, de Luiz Melodía, dedicado a Astor.
Si hay un acontecimiento que marcó la vida de Elza Soares fue su relación con el legendario futbolista “Mané” Garrincha. “Que me perdone Pelé, pero él fue el mejor”, asegura. “En la cancha era como Chaplin, le sacaba una sonrisa a todos.” Se conocieron en el Mundial ‘62, que las endiabladas gambetas de Garrincha ganaron para Brasil y para ella. Pero el Brasil más hipócrita, ese que justifica el adulterio pero no tolera que el marido abandone su hogar, condenó aquel amor por el cual Garrincha dejó a su mujer y a sus hijos. “Con Elza se cometió una gran injusticia”, escribió Ruy Castro. “Porque si alguien salió perjudicado con ese romance fue ella, que ya era Elza Soares cuando comenzó. Garrincha también era Garrincha, pero dejó de serlo rápidamente, y la arrastró hasta el fondo de un pozo.” Aunque prefiere olvidar, Elza asegura que hoy todas son novias de futbolistas, pero que había que serlo cuando se enamoró de Garrincha. “Hoy hablan sólo de su nuevo auto, la nueva casa, dinero, joyas... Nosotros sólo teníamos nuestra pobreza. Porque Mané no era ambicioso, sólo le interesaba la pelota. Y yo estaba enamorada de esa simpleza.”
Con el tiempo, el nombre de Elza Soares supo caer en los pliegues de la historia. Fue rescatada en los ‘80 por Titas, que quisieron hacer de ella una Tina Turner brasileña. Caetano Veloso la convocó para cantar el tema “Lingua”, de su disco Velo. “Amo a Caetano, lo venero como a un gurú”, asegura. Pero al comenzar los ‘90 se había convertido casi en una parodiade sí misma, más conocida por una cirugía que le dejó el rostro tenso que por su música. La sacó de ese olvido su disco Do coccix ate o pescoco (2002), considerado el álbum del año pasado en Brasil a pesar de que nadie quería editarlo. A comienzos de este año la reedición de su segundo disco, A Bossa Negra (1961), fue celebrada como todo un acontecimiento. “No pude dejar de sorprenderme al escuchar cómo cantaba entonces”, confiesa Elza.
“La vida es muy rápida, todo pasa muy deprisa”, asegura esta mujer que esta noche a las 21 volverá a subirse a un escenario porteño, en el ND Ateneo. “El escenario es como si fuera mi casa, la habitación donde duermo”, asegura la cantante, a quien Chico Buarque retrató mejor que nadie en “Dura na queda”, un tema que abre justamente el álbum que la sacó del olvido. “Me retrata como una loca”, dice con una sonrisa en el rostro. “Largó todo, deja la familia, baila en la calle y el sol brilla cada vez más fuerte. Es una canción que me describe muy bien. Y me pinta muy alegre y feliz. Por eso es que me gusta tanto cantarla”, asegura Elza, una cantante a la que le gusta vivir en un presente continuo.

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Soares fue “descubierta” en un programa televisivo de premios.
También fue esposa de “Mané” Garrincha, campeón mundial ‘58 y ‘62.
 
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