ESPECTáCULOS › LO NUEVO DE ANTONIO BIRABENT

“Soy muy poco estratega con mis canciones”

El músico y actor se refiere a Buenos Aires, su último CD, que nació tocando y haciendo viajes por la Argentina durante el último año.

 Por Roque Casciero

Acaba de terminar una agotadora jornada de filmación para la miniserie de HBO Epitafios, con Hugo Chávez y Cecilia Roth, y sólo piensa en irse a la cama. Sin embargo, Antonio Birabent se entusiasma como si recién se despertara cuando habla de su música y de Buenos Aires, su octavo álbum, que tendrá su presentación oficial esta noche (a las 21.30) en el Teatro del Globo, Marcelo T. de Alvear 1155. Allí lo acompañarán, como en el disco, el guitarrista Leha, el bajista Pablo Silva y el baterista Topo. “Es mi trabajo más rockero, el único de los que hice en el que no hay teclados ni máquinas”, dice Birabent sobre la conformación de su banda de apoyo. “En mi trabajo había mucha heterogeneidad. Cardinal, mi disco anterior, fue el ejemplo máximo: había cuerdas, máquinas, corno francés, trompeta, guitarra eléctrica... Tenía un punk furioso como Aminoácido seguido por Río en espiral, que terminó cantando Mercedes Sosa. En febrero del año pasado pensé dos cosas: 1) quiero hacer un disco más cerrado, de pocos elementos; 2) no quiero usar más teclados ni máquinas. En ese momento las guardé y decidí refugiarme en el poder de la guitarra. Y estoy contentísimo, porque estaba necesitándolo. Todavía arrastro un estigma de artista melancólico, intimista, pero también soy un desaforado. Necesitaba hacer un disco enérgico.”
–De todos modos, Buenos Aires no es desaforado en absoluto.
–No, quiero decir que tiene tempo alto, son canciones rápidas. En vivo todo se pone sucio y desprolijo, un poco más furioso. Lo que sí tiene Buenos Aires es un rock geográfico, de ruta, de un turismo atento. Nació tocando y haciendo viajes por la Argentina durante el último año. Siempre he sido un escritor de afuera de mi casa, me he sentido estimulado lejos de mi hogar. Y, a pesar de que el disco se llama Buenos Aires, es un disco lleno de lugares lejanos a mi casa. Es un disco muy criollo, lleno de naturaleza, de ríos, de faros, de altas cumbres, de Montevideo... De lejanía, ¿no? Creo que, en el fondo, siempre he escrito sobre lo mismo, pero la diferencia es que en este disco, en lugar de ponerme melancólico, la lejanía me ha dado energía y me ha puesto más descriptivo. Me gusta ese cambio, me parece coherente con el disco, que es evidentemente de rock.
–Ese rock rutero, ¿fue compuesto en la ruta, en movimiento?
–Siempre he tenido la sensación de que mis discos tienen que ver con algún movimiento. A veces es interior, otras es urbano, pero Buenos Aires es un movimiento geográfico, rutero y atento. Lo que mejor define la escritura de las canciones es una atención. Hace poco descubrí el valor doble de la palabra atención: por un lado, significa estar despierto; por el otro, ser amable. Y creo que las canciones desfilan por ambos sentidos de esa palabra.
–Sus discos son muy diferentes entre sí. ¿Le preocupa la coherencia artística?
–No sé si hay mucha gente tan coherente como yo en la forma de hacer música. Siempre tengo la libertad de probar qué quiero, cosa que no muchos se permiten. Algunos van a lo seguro y se convierten en estilistas. Al revés, he sido muy poco estratega. Si no, hubiera seguido siempre la línea del primer disco, que llegó al oro y que tenía canciones que coreaba la gente. He sido muy coherente con mi búsqueda y cada disco fue hecho porque en ese momento sentí que tenía que hacer eso. No dependo de lo que vendo. Por supuesto que me encanta que a la gente le gusten mis canciones, pero hago la música que necesito para vivir.
–En la canción Montevideo dice: “Me siento libre y hago lo que quiero”. ¿Es una declaración de principios?
–Sí. Hacer música es una expresión muy personal, que a veces está en sincronía con la gente. Sin dudas, Buenos Aires es mi disco más franco, más comunista (risas), el que la gente puede compartir de una manera más popular. Y eso porque sentí que tenía que ser así. Pero me he dedicado a gambetear todo el tiempo esa coherencia de los estilistas. No le debo coherencia a nadie más que a mí mismo. Y ahí radica la búsqueda artística de cada uno.
–Si sus discos fueran exitosos en términos comerciales, ¿qué lugar ocuparía en su vida la actuación?
–No lo sé. Me encanta actuar, aunque actúo muy poco. En los últimos doce años trabajé en cinco películas y en tres programas de televisión, pero grabé ocho discos. Mi base es la música. Soy capitán de mi música, mi composición y mi interpretación. Con la actuación, soy un mero eslabón de una historia que piensa y cuenta otro. Por eso siempre he sido muy cauto a la hora de decidir dónde actuar. Si vendiera 100 mil discos, seleccionaría mucho los roles de actuación, pero es lo mismo que hago ahora. Si la pregunta fuera al revés, si me llamara Steven Spielberg, seguramente trabajaría con él... y seguiría haciendo música.

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