ESPECTáCULOS › LOS GANADORES DEL CERTAMEN MUNDIAL DE BAILE DE TANGO

Campeones en sacar viruta al piso

Iván Romero y Marcela Vespasiano ganaron en la categoría Escenario; Osvaldo y Luisa Inés Cartery obtuvieron el título en Salón. Las finales en Obras Sanitarias, el fin de semana, arrastraron una multitud.

 Por Karina Micheletto

El Campeonato Mundial de Baile de Tango ya coronó a los nuevos campeones del dos por cuatro. En la categoría Tango Escenario, esa que implica despliegue coreográfico y de vestuario, ganaron Iván Romero y Marcela Vespasiano, de La Matanza y Capital Federal. Osvaldo y Luisa Inés Cartery, un matrimonio de Lanús, obtuvieron el título en Tango Salón, siguiendo el estilo que se pule en las pistas milongueras. Los campeones pasaron por varias instancias clasificatorias hasta llegar a las finalísimas que se disputaron el sábado y domingo en el estadio de Obras Sanitarias, con la conducción de Fernando Bravo y la actuación de Susana Rinaldi, María Nieves, Vale Tango y la Orquesta de Tango de la Ciudad, dirigida por Carlos García y Raúl Garello, ante cerca de 3500 personas cada noche. En Tango Escenario hubo una primera mención para los coreanos Chang Goo Han Rhee y Kyunga Han, y una segunda distinción para José Roberto Castillo y Paula Andrea Ballesteros, de Claypole. En la categoría de Tango Salón se llevaron la primera mención los porteños Luciano Brigante y Karina Guillen, y en tercer lugar quedaron Edwin Chica Caro y Lina María Valencia de Cali, Colombia.
Iván Romero y Marcela Vespasiano tienen 20 y 23 años respectivamente, y hace dos y medio que toman clases en el estudio de Mora Godoy. Se conocieron “por descarte”. “Un día nos pidieron que hiciéramos un trío para una muestra de alumnos. Yo había formado pareja con otra chica, faltaba una y la invité a venir a Marcela, pero solamente porque la vi sola. Fue una sorpresa porque enseguida conectamos, nos gustó cómo nos salían las cosas y decidimos probar nosotros dos”, cuenta Iván. Ahora pasan casi todo el día juntos y sus horas de dividen entre ensayos, tomar clases, ir a ver espectáculos de tango de los cuales aprender y, por supuesto, salir a milonguear. “Por suerte no hay novios que se metan en el medio, así que por ahora venimos bien”, dice Iván.
¿Qué es eso que los “conecta” y que los hace funcionar tan bien como pareja? Ellos explican que sus profesores siempre usan la palabra “fuerza” cuando los describen, y que algo de eso hay, porque les gustan las “cosas fuertes” y “la música heavy”, que traducida al tango se escucha en los temas que eligieron para competir en el campeonato: Los amigos, del espectáculo For Ever Tango, Mala junta de Color Tango y Escualo de Astor Piazzolla. Iván vive en La Matanza, viene de una familia de amantes del folklore y empezó bailando este género a los cuatro años, hasta que, por curiosidad, fue a tomar clases de tango en una escuela de Morón. Cuando sus profesores Haydée y Dante le dijeron que ya no podían enseñarle más, llegó al estudio de Mora Godoy y encaró la cuestión de una forma más seria. Ahora dice que al folklore no vuelve más: “Colgué las botas y agarré los zapatos”, asegura. Marcela, una misionera que se mudó a Buenos Aires para estudiar, tiene un abuelo tanguero que le transmitió la pasión por el baile.
Iván y Marcela ya habían llegado a la final del campeonato el año pasado, pero un percance los dejó fuera de juego. “No tuve en cuenta el desnivel del escenario y perdí el equilibrio. Era la última pose y para tratar de arreglarla me fui deslizando despacito hasta quedar abierto de piernas. No se vio una caída, pero quedó claro que no tenía nada que ver”, se ríe ahora. Como el mundo del tango profesional es pequeño, Iván y Marcela conocen a los campeones mundiales de Escenario del año pasado, Gisella Galeassi y Gaspar Godoy. Saben que el premio abre muchas puertas, pero que no regala nada. Por lo pronto, además de los 3500 pesos del premio, ya ganaron un contrato para actuar en Japón con los campeones del año pasado. Osvaldo y Luisa Inés Cartery tienen 66 años (ella los cumple hoy y apunta que el título de campeona mundial es “flor de regalito”). El espera jubilarse como sereno y encargado de mantenimiento en una escuela de cerámica, ella es ama de casa. Llevan 37 años de casados y diez de novios. En ese tiempo, cuenta Inés, el tango fue y vino, aunque ella siempre supo que su marido “nació bailando”. “En los años de novios habremos ido cinco veces a bailar juntos, porque en mi casa no me dejaban. Eran otros tiempos. Iba él solo a las milongas. Era terrible. ¿Quién iba a creerle que no se metía en nada, que las chicas pasaban de largo? Pero yo me la banqué porque estaba recontra metida”, relata la flamante campeona. Tanta fama de milonguero fatal la hizo tomar recaudos antes de dar el sí, pero contra todos los pronósticos Osvaldo resultó un marido ejemplar. “Empezaron a venir los chicos (tienen cuatro hijos y cinco nietos) y durante treinta años no se habló más de baile. A veces yo lo mandaba de prepo a alguna milonga porque me daba lástima, pero mi Negro se quedó pegadito conmigo”, dice Inés.
Los hijos fueron creciendo, se fueron casando, la casa se fue vaciando. Entonces hubo tiempo y ganas para volver a las milongas cercanas, como las del Club de Bomberos de Lanús y el Centro Tradicionalista Leales y Pampeanos de Avellaneda. Allí conocieron a Mauricio y Natalia, una pareja veinteañera con quienes sintieron mutua admiración. “Empezaron a venir a buscarnos a casa cualquier día de la semana para ir a milonguear. Gracias a ellos conocimos todos los bailes de la Capital, nos hicimos conocidos y empezaron a llamarnos de muchos lados para bailar. Hasta empezamos a dar clases en casa y en un saloncito que conseguimos”, cuenta Inés. De ahí a anotarse en el Campeonato Metropolitano de Tango, ganarlo y pasar a la final del Mundial fue sólo cuestión de tiempo. ¿En qué creen que les va a cambiar la vida el título que acaban de obtener? “No podemos pedir más que esto”, dicen ellos. “A lo mejor tenemos más alumnos... Eso sí: la platita que nos van a dar nos viene al pelete.”

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Los Cartery, 37 años de casados, retomaron el baile cuando los hijos comenzaron a irse del hogar.
 
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