EL PAíS › EL GOBIERNO BAJARA EL PERFIL RESPECTO DE LA MARCHA CONVOCADA POR BLUMBERG

Para que no explote el papel de víctima

En la Casa Rosada siguen atentamente cómo se suceden los hechos –y los dichos– en esta semana donde la marcha ocupa un lugar central. Kirchner intenta que la convocatoria no pierda los aditamentos políticos que le dio la derecha. Las instrucciones dadas a “los Fernández” han sido ser cautelosos.

 Por Diego Schurman

Aunque la considera un atajo de la derecha para ganar terreno político, el Gobierno no saldrá a cuestionar la movilización que Juan Carlos Blumberg realizará este jueves hacia la Plaza del Congreso. La decisión, admitida ante Página/12, tiene razones estratégicas: Néstor Kirchner considera que cualquier intervención oficial le devolvería al padre de Axel el lugar exclusivo de víctima y lo despojaría de los aditamentos políticos que para la Casa Rosada son los que terminarán limitando la acción del ingeniero.
La resolución surgió luego de varias conversaciones entre el Presidente, Alberto y Aníbal Fernández. De la prudencia del jefe de Gabinete y del ministro del Interior, los habituales voceros oficiales, dependerá ahora que la estrategia no se desmadre.
El primer test de ese buscado “equilibrio” semántico lo debió sortear Aníbal. “En democracia cualquier expresión es bienvenida y no hay por qué verlo de otra manera”, respondió ayer mismo cuando le preguntaron sobre la marcha del jueves. Esa será la línea discursiva que prevalecerá en los próximos días en la Casa Rosada.
El Gobierno considera que el grado de representatividad de Blumberg se viene deteriorando. El secuestro y asesinato de Axel no logran el impacto ni el dramatismo original. No han sido ajeno a ello el paso del tiempo y la sucesión de episodios similares.
A eso se suma que los asesores contratados y “ad honorem” del empresario son indudables militantes de derecha, cuya ingenuidad política es nula: desde el cuadro jurídico de la dictadura militar Roberto Durrieu, hasta los abogados de la Fores, una ONG de los más grandes buffets porteños, pasando por el diputado ruckaufista Jorge Casanovas, suelen ser los principales laderos del empresario.
Esa clara definición ideológica –y las especulaciones de la propia derecha de que Blumberg está en la antesala de un lanzamiento político– ya viene restando adhesiones a una marcha que varios medios y cadenas de Internet convocan con fruición. No por nada el empresario salió a decir ayer que no se siente de “derecha” sino de “centro, más bien tirado a izquierda”.
Al recibir ayer a los padres de la adolescente desaparecida Fernanda Aguirre, Kirchner le bajó el precio a Blumberg, demostrando que no es el único interlocutor de un tema tan sensible. Las Madres del Dolor, que agrupa a víctimas de la inseguridad, aportaron involuntariamente a la estrategia oficial. Anunciaron su distanciamiento del accionar del empresario (ver página 6).
El Gobierno encontró en ellos a los mejores aliados para demostrar que detrás de un común denominador como lo es ser víctima de la violencia no se elaboran las mismas propuestas. Pero no por eso subestima la Cruzada Axel, que tomó forma de petitorio y logró reunir en un par de meses cinco millones de firmas.
El tema, que sin dudas genera preocupación a Kirchner, se lo estudia de todas las maneras posibles. Es más, hace días en la Casa Rosada le encomendaron al sociólgo Enrique Zuleta un monitoreo del fenómeno y sus proyecciones. Básicamente busca saber la densidad del problema de seguridad.
El boomerang que terminó siendo para el Gobierno la respuesta de Alberto Fernández a la carta de Susana Chaia de Garnil fue todo un aprendizaje sobre los límites mediáticos que impone el tema. La gente suele identificarse siempre con la víctima de la inseguridad, una de las principales preocupaciones nacionales según todos los sondeos.
Si aun el Blumberg “politizado” –que es el perfil que más le conviene al Gobierno si pretende polarizar con la derecha– logra imponer límites a Kirchner, a tal punto de no avanzar con el veto de tres leyes que el ingeniero impuso en el Congreso y que a la Casa Rosada le parecen aberrantes, ni hablar del Blumberg “víctima”. Nadie se olvida de aquellos días en que prácticamente todos los canales de televisión transmitieron en cadena la marcha convocada por el empresario. La multitud caminando por el centro porteño empalideció a Kirchner tanto como los dolores gastrointestinales que lo tuvieron internado en Río Gallegos.
En rigor, el Presidente sabe que la gente viene evaluando negativamente la performance oficial en la materia. Por eso, entre otras razones, resolvió un cambio de estrategia, jerarquizando, con su traspaso del Ministerio de Justicia al de Interior, la Secretaría de Seguridad.
Lejos de una respuesta “mediática”, se trata de una salida “institucional” que desde la Casa Rosada busca comprometer a todas las provincias. Se diferencia así del plan impulsado por Gustavo Beliz, que tenía un sesgo más voluntarista y delegaba gran parte del peso en la acción de los fiscales.
Así, la cartera de Interior reflota su vieja funcionalidad de nexo con los gobiernos provinciales, lo que debería permitirle aportar una visión política global para la solución al problema de la seguridad ciudadana.
En ese sentido, los recientes cambios no podrán evaluarse ya como una respuesta espasmódica a la marcha de Blumberg, una especulación que fue lugar común cuando el ex ministro anunció su Plan Integral de Justicia y Seguridad, a pocos días de la primera marcha del ingeniero.
La idea de priorizar la respuesta institucional por sobre la mediática también terminó desbaratando un acto de apoyo a Kirchner en vísperas de la marcha de Blumberg. Con la venia del ministro de Defensa, José Pampuro, los intendentes del conurbano pensaban copar con militantes peronistas el Astillero Domecq García, en el Puerto de Buenos Aires.
Hubiese sido inevitable la comparación, tanto en el número de asistentes como en el componente social y la espontaneidad de la concurrencia. Ese parangón terminó siendo suficiente motivo para postergar el acto por una semana.

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Néstor Kirchner se reunió varias veces ayer con su ministro del Interior y flamante responsable de la seguridad, Aníbal Fernández.
 
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