ESPECTáCULOS › “VIDAS PRIVADAS”, LA OPERA PRIMA DE FITO PAEZ, CON CECILIA ROTH

El dolor de una tragedia argentina

Para su primera experiencia como director de cine, Fito Páez elige una ambiciosa respiración narrativa y un tema particularmente difícil, el de las consecuencias de la dictadura militar. Por su parte, la inglesa Tilda Swinton protagoniza un “film noir” diferente, inspirado en un viejo clásico del género, mientras Anthony Hopkins juega a ser “Titus”.

 Por Luciano Monteagudo

Cuando Carmen (Cecilia Roth) llega de España a la vieja casona familiar, después de una larga ausencia, pareciera que el centro de atención fuera solamente ella y no su padre (Héctor Alterio), que acaba de sufrir un infarto, por el que ha quedado postrado en cama. Tanta es la presencia de Carmen, tanto su magnetismo, tanto su misterio. Hay algo duro, seco, inexpugnable en ella que hace que ni su hermana (Dolores Fonzi) ni su madre (Chunchuna Villafañe) se atrevan a dirigirle la palabra sin sentir un respeto reverencial, casi miedo se diría. El único que se le anima es el padre, que le reclama “un whisky doble y un Montecristo”, como si Carmen fuera la única capaz de atreverse a complacerlo con alcohol y un buen puro, en vez de ese “purecito de hospital” al que lo tienen sometido. Poco a poco, en las pequeñas revelaciones que van pautando el que ella piensa es un regreso fugaz al país –un regreso que a Carmen parece dolerle mucho más de lo que deja entrever–, en la equivocada reconstrucción de su vida que inicia su hermana menor, en los terribles secretos del pasado que empiezan a aflorar se irá construyendo una compleja novela familiar, capaz de culminar en tragedia.
La primera película como director de Fito Páez es ciertamente de un grado de exigencia y de ambición enormes para un realizador debutante. El tema no lo es menos: las consecuencias de la dictadura militar, de la apropiación de menores y “el horror de silenciar el horror”, en palabras del propio Páez ayer a Página/12. El guión que Alan Pauls escribió para Vidas privadas habla no sólo de aquello que se esconde puertas adentro sino también de aquellas vidas que fueron privadas de su libertad, de su identidad, de su verdad.
Recorriendo un camino diferente al que el cine argentino había seguido hasta ahora al tratar este material, Vidas privadas elige apartarse del naturalismo para intentar en cambio una respiración narrativa de alcances trágicos. En este sentido, se podría llegar a pensar que el modelo secreto del primer largo de Páez es un film maldito de Luchino Visconti, Vaghe stelle dell’Orsa (1965), que en la Argentina se llegó a conocer poco y mal bajo el título de Atavismo impúdico. Allí como aquí, la historia transcurre en el presente pero el peso del pasado es determinante, abrumador. En Vidas privadas hay también, como en el film de Visconti, un vínculo perturbador, ambiguo, que sugiere el incesto: el que mantiene Carmen con Gustavo (Gael García Bernal), un taxi-boy de lujo, que se descubrirá como algo más que eso.
El problema con Vidas privadas es quizá también consustancial a su mérito: la aspiración de todo el proyecto, la voluntad de tratar su tema –arduo, difícil como pocos– desde una estructura mítica. Por momentos, como cuando Carmen se interna a oscuras en la casa que esconde uno de sus tantos secretos –un viaje de la luz hacia las tinieblas que marca la dirección de sentido del film–, pareciera que Vidas privadas es capaz de estar a la altura de su ambición. Pero a medida que avanza el relato da la impresión de que Páez hubiera estado urgido por concluirlo y la película va perdiendo la consistencia y el peso dramático que le piden su material. La puesta de cámara, lograda en muchas escenas, se vuelve desmañada y confusa en algunas instancias clave, como el encuentro de Gustavo con quien dice ser su padre (Lito Cruz). Las actuaciones tampoco parecen demasiado homogéneas, como si no todos trabajaran en el mismo registro, pero Cecilia Roth se impone en un personaje particularmente doloroso, “una llaga viva”, como alguien la define con precisión.

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Chunchuna Villafañe, Cecilia Roth y Dolores Fonzi en el film dirigido por Fito Páez.
 
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