ESPECTáCULOS › INES ESTEVEZ, UNA ACTRIZ QUE ES GARANTIA DE CALIDAD
EN EL TERRENO DE LOS UNITARIOS

“Privilegiar el negocio es una falta de inteligencia”

Esta noche, será “una mujer muy vulgar y psicótica” en el capítulo debut de Mujeres asesinas, pero también encarna a una fiscal “muy seria” en Criminal. Acostumbrada a un alto nivel de exigencia, la actriz que brilló en roles absolutamente diferentes analiza la TV de hoy.

 Por Emanuel Respighi

La anécdota la pinta de cuerpo y alma. La nota estaba pautada para las 12.30, en uno de los tantos bares que se emplazan en la zona de Palermo Soho. Diez minutos antes del horario estipulado, el celular del cronista sonó. Del otro lado estaba la voz de Inés Estévez, la entrevistada. “Disculpame que te moleste, pero te quiero avisar que voy a llegar 15 minutos más tarde”, explicó la actriz, disculpándose una y otra vez. Nobleza obliga: no es muy común que un artista se tome la amabilidad de llamar al periodista para avisar que va a llegar unos minutos más tarde. Menos aún que lo haga si la demora es de sólo un cuarto de hora. Pero la actriz es así: respetuosa y atenta. Cumplidos los 15 minutos de espera, Estévez volvió a llamar, esta vez para decir que estaba a cuatro cuadras del lugar. “Disculpame –ruega nuevamente al entrar al bar, de impecable piloto blanco y paraguas rojo–, pero me retrasé en una reunión de trabajo.”
Superada la etapa de disculpas, aunque incluso se reforzará una vez más en la despedida, la cita ingresa de lleno al carril de la entrevista. La excusa del encuentro, esta vez, es su participación en dos unitarios a la vez. Por un lado, Estévez protagonizará el capítulo debut de Mujeres asesinas, el nuevo ciclo que Canal 13 estrena hoy, a las 23, en reemplazo de Botines. Pero, además, la actriz comienza esta semana las grabaciones de Criminal, un unitario de suspenso que protagonizará junto a Diego Peretti, producido por Ideas del Sur para Canal 9. Dos papeles diferentes, en productoras distintas (Pol-ka e Ideas del Sur). “Fue todo muy raro”, se sincera la actriz. “Tuve que pasar de un papel a otro rápidamente”, detalla. “Por un lado, en Mujeres asesinas interpreto por un único episodio a una mujer muy vulgar y psicótica. En tanto, en Criminal hago de una fiscal muy seria y de gran vocación. El tránsito entre uno y otro fue muy complejo.”
De fina sensibilidad y capacidad de composición, la esposa de Fabián Vena desarrolló una prolífica carrera televisiva básicamente como actriz de unitario. Aunque en su currículum figura una única participación en la tira Corazones de fuego (protagonizada por Arnaldo André en el viejo ATC), a esta altura se la puede considerar como una especialista en el género unitario. Cuatro amigas, Zona de riesgo, Vulnerables, Verdad/ consecuencia y Botines son algunos de los programas que contaron con su versatilidad. “A mí no me gusta la linealidad, hacer lo obvio, lo esperable”, explica. “No me gusta mostrar una sola faceta de un personaje. Creo que ningún personaje de los que he hecho fue unilateralmente de una manera: cuando hice un personaje duro tenía su fragilidad, y cuando hice personajes frágiles tenían su fortaleza. A la hora de actuar busco incorporarles a los personajes esa gama de ingredientes que tenemos los seres humanos.”
–¿Se siente una abonada al unitario?
–El unitario y yo somos uno. Es lo más parecido al cine que hay en la TV. No tengo ningún prejuicio contra la tira, salvo el obvio, que es que no te da tiempo para elaborar las cosas como en el unitario. He podido hacer TV durante tanto tiempo porque existe el unitario. Por ejemplo, en Mujeres asesinas nos sentamos con Daniel Barone, el director, durante cinco horas a trabajar sobre el guión, modificándole ciertas cositas; le dediqué cuatro horas a probarme vestuario; dos horas a probarme pelucas y elegir la más adecuada para el personaje. Esos tiempos en una tira no existen.
–¿Pero le interesaría hacer alguna vez una tira diaria?
–Sí, me interesaría. Hacer un programa diario te permite estar en contacto directo con el común denominador de la gente. En cambio, el público del unitario es un público más de teatro. El problema es que me gustaría hacer tira con los tiempos del unitario, y eso es imposible porque una tira es un negocio. En cambio, al menos en las intenciones iniciales, el unitario está más cerca del arte. También desmitifiquemos: hay unitarios que no tienen la calidad que deberían, y que están por debajo del nivel de ciertas tiras. Eso de que si hacés cine o unitario sos prestigioso es ridículo: el prestigio te lo da la manera en que interpretás los personajes. Yo transité más por el unitario por esa idea fija que tengo de hacer las cosas bien. De hecho, llegué tarde a esta entrevista porque estuve durante media hora hablando del vestuario de Criminal.
–Que siempre haga unitarios, ¿es una decisión suya o es la consecuencia de que los productores la convocan sólo para este género?
–Creo que las cosas confluyen naturalmente en el punto que corresponden. No me propuse ser actriz de unitario, se fue dando. Me han convocado para hacer tira: Suar me convocó para 22, el loco, pero justo había firmado para hacer Cuatro amigas con Tinelli. Si la historia me atrapa y las condiciones de trabajo admitieran mi manera de tomarme la profesión, no tendría problemas en hacer tira. Creo que como se sabe el empeño que pongo para hacer las cosas, se considerará que soy adecuada para este tipo de formato.
–Pero por su forma de ser y su manera de trabajar, es casi incompatible trabajar en una tira.
–Sí, en este momento es incompatible mi forma de encarar las cosas con el funcionamiento de un programa diario.
Aunque podría parecer lo contrario, esas palabras, dichas en la boca de Estévez, no suenan huecas. De hecho, a la entrevistada se la reconoce en el medio como una de las actrices más exigentes y responsables. No llama la atención, entonces, que Estévez reconozca que no se autodenominó actriz “hasta después de no sé cuántos años de estar trabajando”. ¿Es posible disfrutar de la actuación cuando su trabajo no sólo depende de uno sino de un gran equipo de trabajo, compuesto por otros actores, iluminadores, directores, vestuaristas, etcétera?
–En lo profesional, soy enfermizamente exigente. Es algo que en un punto, desgraciadamente, me quita disfrute. Pero por otra parte, una disfruta mucho cuando ve que el esfuerzo valió la pena. A mí me irrita la inoperancia, pero no cuando no hay capacidad: me molesta la inoperancia cuando hay capacidad y esa capacidad no se invierte. Me parece importante intentar siempre rendir el cien por ciento. La gente que tiene capacidad y trabaja a un veinte por ciento me parece indigna. Estoy empezando a tratar de relativizar, pero no es fácil porque tiene que ver con mi naturaleza. Soy de estar preocupada y atenta a todo, de la misma manera que me doy cuenta cuando alguien está triste o necesita ayuda. Tengo que reconocer que esa sensibilidad me quita relax. Creo que la diferencia está en los detalles mínimos. Eso es lo que hace que se te reconozca como profesional y como persona. Pero es verdad que hay que vivir también.
–¿Qué cosas tiene en cuenta a la hora de aceptar un papel? ¿Cuáles son, según opinión, las condiciones necesarias que la TV debe ofrecerle al actor para que pueda desarrollar su trabajo de la mejor forma?
–Hay tres condiciones necesarias para que yo me sienta bien, cómoda: organización, operatividad y buen clima de trabajo. Me he salido de varios proyectos porque alguna de esas tres cosas no estaban dadas.
–Toda una declaración de principios, que limita sus posibilidades de hacer televisión...
–No sé si es una posición principista o egoísta. Creo que cuando existen esas tres cosas uno puede trabajar como corresponde, extremando su potencial. Cuando una de esas cosas escasea, en general, terminás preocupándote de cosas que no te atañen, te dispersás y eso termina yendo en detrimento del resultado general e individual.
–¿Cree que esas condiciones, por la lucha por el rating, muchas veces terminan siendo descuidadas por los que hacen TV?
–Yo no soy una especialista en TV. No soy productora y hablo sólo desde mi función de actriz, y hasta podría decir privilegiada. Creo que hay una falta de inteligencia de parte de quienes hacen TV al privilegiar en un ciento por ciento el negocio por sobre el contenido. La gente consume buenos programas, está ávida de programas interesantes y de calidad. Hay gente que quiere hacer buenos programas y otros que lo único que buscan es ganarle al otro en el rating. Creo que se puede especular en este ámbito en un programa de entretenimiento o en una tira hipercomercial, pero en el unitario creo que es un error, porque la gente va a ver ciclos de calidad, y si no lo son, se da cuenta. Por ejemplo, para mí, salir a competir con dos unitarios en el mismo horario es un error, porque el público de unitario es uno muy particular. A la gente que ve unitarios esta sobrecarga de sexo y violencia no le gusta.
–¿Es el unitario el último bastión de calidad que queda en la TV actual?
–Creo que siempre hubo lugar para la composición. O yo siempre tuve la oportunidad de componer. Incluso, en las tiras hay muy buenos actores que componen muy buenos personajes, muchos de ellos osados. No hay que encasillar o encorsetar tanto. Ahora ya no existe la brecha entre teatro y televisión. Eso es bueno y malo, a la vez. Es muy grato ver grandes actores de teatro en la TV y viceversa. Pero lo malo es que se ven actores que se criaron en la TV haciendo mal teatro, y también grandes actores abriéndose paso en un marco televisivo que no les hace la justicia que debería. En el afán de mezclar, muchas veces se deja de lado el respeto. Y ahí es cuando uno se pregunta si vale la pena volcar su tiempo y esfuerzo en esos proyectos.

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“Hay tres condiciones necesarias para que yo me sienta bien: organización, operatividad y buen clima de trabajo.”
 
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