ESPECTACULOS › “BOSSA’N BEATLES” EL SORPRENDENTE NUEVO CD DE LA BRASILEÑA RITA LEE

Un disco para escuchar el resto de la vida

La paulista que inspiró a Caetano Veloso, después de haber sido guía de Os Mutantes, y que Mick Jagger eligió como telonera de los Stones, acaba de publicar el mejor disco de su larga carrera musical: un tributo a The Beatles, cantando en inglés.

Hay discos que se compran, copian, bajan, o consiguen por curiosidad. Hay otros a los que se accede por fanatismo, por consumismo, por culto a la novedad, por inercia, por consejo, por la publicidad. Muchos de esos discos se escuchan por un tiempo y después no. Alguno están en los anaqueles para juntar polvo, para ser escuchados de casualidad, para hacer número y satisfacer el fetichismo del propietario. Discos que un día se archivarán, y ya nadie más querrá escuchar. Pero también hay discos con destino de posteridad. Discos que diez, quince, o veinte años después continuarán siendo escuchados. Si es así, serán discos que poseerán, sin saberlo, un poder de evocación. Escucharlos posibilitará al oyente el viaje hacia un pasado en que fueron novedad, descubrimiento, encanto. Bossa’n Beatles, el disco de la brasileña Rita Lee que acaba de aparecer en la Argentina, es uno de esos raros objetos culturales que un buscador de perlas se pasa la vida esperando. Un disco irrepetible, destinado a durar por siempre. O para aquello que es siempre para los que creen que el siempre y el nunca no existen.
Rita Lee es, para decirlo con facilidad de eslogan, la Mercedes Sosa de Brasil, sólo que de la generación del sexo, la droga y el rock’n’roll. Como es brasileña, Lee se ha podido dar el lujo de ser viciosa, contradictoria, errática, bisexual, esquiva, televisiva, perversa y comercial sin que eso destruya su prestigio artístico. Es como Mercedes porque significa para la música popular brasileña lo mejor de su propia conciencia. No es como Mercedes porque mientras la conciencia argentina suele ser monolítica y cambiante, la brasileña es aluvional y parcelada. Puede pensarse que Mercedes fue parida por un país que necesitaba de una artista de su tamaño, su peso, la gravedad de su voz, que por siempre será testimonio. Lee, en cambio, expresa a un país que tiene la mayor cantidad de pobres de América latina, pero no deja de bailar. A un país en que cualquiera puede cantar. A una cultura física, en que el psicoanálisis parece estar de más. A una sociedad tolerante que convive con grupos parapoliciales
Durante toda su carrera, iniciada en el descontrol de los 60 al frente de los revoltosos e increíbles Os Mutantes, Lee coqueteó con Los Beatles. Lo hizo desde una condición de fan innegable –ver recuadro– pero como pidiendo permiso. En los 60 eso era mal visto: el rock brasileño no existía y el mandato de los Tropicalistas era la fusión, no el homenaje a la cultura anglosajona. En los 70, cuando Lee se fue de Os Mutantes y se rockerizó, la música de los muchachos de Liverpool fue quedándole atrás, por blanda. Rita se encargó de abjurar del pasado: ahora era una chica mala, una rollingstonmaníaca. Ese esfuerzo tendría su premio, cuando los Stones la invitaron a telonear sus actuaciones en Brasil, en 1995. Sin embargo, su nueva postura jamás dejó de parecer un gesto forzado, un delirio de marketing. En el medio, en los 80, Rita creyó que podía ser una estrella pop. En ese período acunó sus hits comerciales, esos que suelen aparecer en las fiestas argentinas cuando hay que estar alegres –”Lança Perfume”, “Baila conmigo”– o parecerlo, que deformaron su imagen hasta casi enfrentarla con ella misma, con su carácter de musa de una actitud de transgresión frente a la música comercial.
Sin embargo, ocurrió un proceso raro, con aquel regalo de los Stones: Rita empezó a ser objeto de culto de generaciones que pasaron por alto sus idas y venidas y la adoraron como lo que es, una artista emergente de un país contradictorio y amable. Hubo entonces una redimensión de su figura: discos híper modernos de djs versionando sus temas famosos, umplugged para MTV, homenajes de todo calibre, puertas abiertas por doquier. En “Sampa”, un tema increíble (publicado por primera vez en Muito, en 1978) al narrar sus comienzos de provinciano tímido en San Pablo, para graficar que fuera de onda estaba, Caetano Veloso escribió: “Todavía no había para mí Rita Lee/tu más perfecta traducción”. Lo que ocurrió en el último lustro de los90 fue que mucha, pero mucha gente en Brasil descubrió en Rita Lee la más perfecta traducción del espíritu artístico nacional.
Es en ese estadio de unanimidades que Rita se puso a grabar el disco que aquí se lanzó esta semana como Bossa’n Beatles y en Brasil se llamó Aqui, Ali, Em Cualquer Lugar. El resultado es una obra maestra, en que realmente hay todo lo que de The Beatles se puede esperar, dosis importantes de cultura musical brasileña de los últimos cincuenta años y una intérprete que, por fin, se mueve en el repertorio ideal. Está claro: Rita estuvo por lo menos treinta años madurando qué canciones cantar del mejor reservorio existente, la obra de Paul McCartney-John Lennon. Un oyente ansioso, si ingresa al disco por la banda 6, “Michelle”, o por la 7 “In my life” encontrará versiones que alivian los adjetivos: son únicas. El disco brasileño contiene, además de las diez canciones en inglés, cuatro en portugués. Estas cuatro, que son buenas, confirman el acierto de las diez en inglés. No sólo porque Rita canta en inglés como si ésta fuese su primera lengua –su padre era estadounidense, ella misma pasó algunos años en Londres– sino también porque el truco de esta obra es el del choque de culturas. Los músicos brasileños tocando a Los Beatles, el soporte estético de las versiones impresionan. En eso es central el trabajo de Roberto Carvalho, el señor Lee, arreglador y alma mater musical del proyecto.
Hay un dato central, para un melómano: el disco confronta y combina dos universos de desarrollo paralelo en la historia que muy pocas veces se interrelacionaron antes, el cosmo beatles y el planeta bossa nova. Es posible que el inevitable paso del tiempo opere de elemento aglutinador, que ésta sea la hora en que eso debía suceder. Lo cierto es que mientras muchas otras cruzas han sido desafortunadas, esta parece necesaria, e inspiradora. Lee está presentando en vivo este disco en Brasil, y le llueven los elogios. Seguramente también lo hará, con resultados parecidos en el Primer Mundo. Es de esperar que en algún momento el show llegue hasta aquí, hasta los arrabales del Tercer Mundo. Si eso no ocurre, este disco –¿convendría hacerse de dos?– se quedará por siempre, para ser escuchado una y otra vez, para ayudar a enseñarle a los chicos por qué Los Beatles fueron el grupo más importante de la historia.

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Rita Lee dice que tiene 55 años y lleva casi 40 de carrera musical.
 
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