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La carnicería del maestro

Por carmen guarini*

No es fácil dar cuenta de una figura legendaria e inasible como la de Jean Rouch. Los recuerdos me llevan a las sesiones de la boucherie, como se apodaron técnicamente sus seminarios de los sábados por la mañana en la Cinémathèque Française de París. Sentado para siempre en la primera fila, su cabeza se recortaba a contraluz en la pantalla de la vieja sala, invitándonos con ese gesto de “inmersión” en las imágenes a embebernos de los films que luego se discutirían sin ninguna piedad. De lo áridos que podían ser esos debates da cuenta el nombre con que fueron rebautizadas esas funciones: “la carnicería”. De tales sesiones, pocos salían indemnes. Fue un creador prolífico, irregular, en constante estado de experimentación. Su cine, podría decirse, fue un permanente work in progress. En él aparece la constante búsqueda del otro y al mismo tiempo la imposible captura de sus sentidos.
Su obra podemos leerla en la base de numerosos movimientos aún vigentes: en el cine del Africa negra, en el cine-verdad dentro del cine-directo, en la nouvelle vague... pero por sobre todo en los bordes de una cinematografía que todavía hoy no puede, afortunadamente, clasificarse. Investigador del CNRS, el Rouch antropólogo se atrevió antes que nadie a desafiar los cánones del cine etnográfico y de las investigaciones socioantropológicas de su época: conflictos urbanos, relaciones interraciales, movimientos migratorios, colonialismo, rol del investigador, la construcción del otro, son algunos de los muchísimos temas que abordó desde una práctica cinematográfica incansable. El Rouch maestro intentó generar y transmitir a su modo las bases de lo que él denominó “antropología compartida”, inventando para llegar a ello el principio del “cine compartido”.
Me queda la imagen de la pasión con que, primer espectador incansable, abría las discusiones sobre cada film, que a pesar de haber visto cientos de veces, parecían estar imbuidas de cierta provocación virgen. Creo que no hace tanto tiempo terminé de comprender algunos de sus “mensajes”: el cine es un medio para la expresión de nuestras libertades, un compromiso en la defensa de la diversidad humana, pero también una forma de combatir, con arte, la desigualdad.
* Antropóloga y cineasta, hizo su tesis doctoral en la Universidad de Nanterre bajo la dirección de Jean Rouch.

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