las12

Viernes, 26 de noviembre de 2004

MEDIOS

¡Paren las rotativas!

¡Ultimo momento! Hasta el domingo se pueden ver las contratapas de la revista Barcelona, el único medio capaz de generar carcajadas de las peores noticias, aun cuando al final quede ese regusto amargo que deja mirarse en el espejo del absurdo.

 Por Marta Dillon

Hubo un tiempo aciago en que la Gente Grossa(SRL) andaba con unos cuantos bocetos bajo el brazo, muchas palmaditas en la espalda y unos cuantos sigan así que van bien... y nada más. Era un tiempo aciago para todos y todas en este confín del mundo, hay que decirlo, y si bien ellos, o ella, que es la entrevistada, sufría porque había cerrado La García, la revista en la que trabajaba, todo el resto tenía también sus penas y sus nostalgias por ese uno a uno que sonaba a magia, a pasaporte, a puerta abierta al mundo y las grandes marcas y que pronto se convirtió en lápida de ahorros e ilusiones, por no recordar cosas peores. Era diciembre de 2001, de más está decirlo, y la entrevistada, Ingrid Beck, mujer y judía, aunque no lesbiana (lo que hubiera completado su perfil de representante de minorías, lo único que, según ella se respeta entre la Gente Grossa, es decir, sus compañeros de SRL, con quienes comparte la dirección y la redacción de la revista Barcelona, esa que a lo largo de dos años ha develado primicias exclusivas como que el papá de Pipo Pescador tenía un auto hermoso), habíase quedado sin trabajo y con ideas. Ideas nacidas de la sección Sending Fruit, de La García, plena de noticias apócrifas del mundillo del rock y que ya se habían convertido en una linda maqueta después del tercer presidente de aquel tórrido verano.
“Teníamos el cerebro quemado”, dice ella y viene la repregunta ¿cómo quemado? “Quemado sí, porque nos encontrábamos todo el tiempo entre nosotros y nos dábamos cuenta de que compartíamos los mismos códigos de humor, la misma mirada ácida sobre los medios y la realidad.” Entonces esta sagaz cronista insiste: ¿Sobre los medios o sobre la realidad? E Ingrid apenas se molesta en contestar que sobre la realidad, aunque ella y sus cómplices se nutran de la tele, la radio, los diarios y las revistas, más sobre estos últimos porque ellos hacen gráfica y entonces. Una pena, porque la chica contesta en serio y esta cronista intenta encontrar el lado gracioso del asunto ¿o no es humorista acaso? “Y no –dice ella–, es un registro lisérgico desde el periodismo y todo lo que hacemos es convertir en absurdo los recursos tradicionales del periodismo, desde la pirámide invertida (eso quiere decir poner lo importante o directamente todo al principio y los detalles al final) hasta la escritura correcta.” Y es cierto, hay que decirlo, porque nada más correctamente escrito que “el mapa del genoma humano sería igual al recorrido del 343”, que, bueno, sería que no es igual a es y entonces. “¿Por qué no se hacen cargo de lo que dicen?”, se queja Ingrid a sabiendas de que ese estilo tan del gran diario argentino ahora dicen que es de Barcelona. Y lo cierto es que el efecto de esas notas tan bien escritas para decir cualquier cosa, pero no cualquier cosa sino para decir lo que ellos tenían ganas –ellos son ocho aunque la dirección esté en manos de Ingrid, Pablo Marchetti y Mariano Lucano–, para bajar línea –como cuando aparece el padre de Falopa, un chico muerto por la policía que se queja de que no le dan la misma bola que a Blumberg, uno de los temas favoritos de la entrevistada–, para hacer periodismo pero sin desgrabar ni hablar con agentes de prensa, decíamos, el efecto fue inmediato: la gente se cagaría de risa. Salvo, eso sí, al momento de llegar a la contratapa. Que ahí la risa se congelaría cual estalactita al enfrentarse, por ejemplo, con la cara de Jorge Rafael Videla y su verdadero teléfono para que cada quien pueda decirle lo que merece hasta saturar la línea. O como los ejemplos que en esta misma página se imprimen y que forman parte de Contratapa’s A new concept in graphic design, una muestra de esas piezas que hasta el próximo domingo se puede ver en el primer piso del Palais de Glace, en Posadas y Libertador.
Una torta de cumpleaños con las Torres Gemelas a modo de velitas en el primer aniversario del 11/9, el logo de la extinta Alianza para poner Alzheimer con la única ilustración de un helicóptero en plena huida o un gaucho típico de Molina Campos haciendo chanchadas con su pingo para el Día de la Tradición, son otras de las piezas que igual podrían arrancar una carcajada efímera antes de enfrentarnos con el absurdo en el que todos y todas resistimos, con una ayudita de Barcelona, la revista que se propone como “la solución europea para los problemas argentinos”, porque al fin y al cabo cuando ellos andaban con el proyecto bajo el brazo y antes de que un tío de Ingrid Beck les prestara los primeros cinco mil –¿dólares o pesos? olvidé preguntar– para la primera edición eran más los que buscaban soluciones en Barcelona que en esta ciudad orillera.
¿Hay una manera distinta de tratar los temas de las mujeres de Gente Grossa?, pregunta Las12 para ser fiel a su espacio: “Sí”, dice ella muy convencida, aunque después le cueste encontrar las razones para la afirmación. Ella, a quien le fascinan las orejas de Mickey en cualquier cabeza –“¿hay una forma mejor del ridículo?”– y se meta en el oficio de la diagramación aunque el propio sea la escritura, tiene conciencia de género, eso lo sabe y lo dice, y se ocupa de intervenir cuando los informes exclusivísimos sobre la vida sexual de los argentinos –que, como en cualquier medio aparecen cuando no hay nada mejor que decir– omiten u olvidan esas cosas que nos hacen mujeres y no otra cosa.
“Los diarios no me hacen reír, me hacen putear, me muero de odio, por eso Barcelona es pura catarsis”, dice Ingrid que, cuando la cronista cree que no va a decir nada gracioso que justifique la entrevista agarra y lo dice aunque ahora resulte imposible reproducirlo por fallas técnicas. Lo que es seguro es que ahora que viene el verano volverán los culos, que hacen furor como siempre, aunque ahora dicen que serán un éxito, un boom, una explosión de alegría. Y si no hay paciencia para esperar ese momento, pues nada más que tragar la hiel de las contratapas, que son la última parte de la revista, porque, en definitiva, en esta vida no todo puede ser joda.

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