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Viernes, 26 de noviembre de 2004

25 DE NOVIEMBRE: DIA INTERNACIONAL CONTRA LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES

un lugar en la web

RESISTENCIAS Apenas pudo creer que era su hija la que había sido violada un domingo cualquiera en plena tarde. Mucho menos que después de esa agresión la niña volviera a ser maltratada por la Justicia y por quienes, desde el Estado, deberían haber ayudado a que esa herida se convierta en cicatriz. Por eso abrió una página web que brinda recursos para víctimas de violación y es una puerta de entrada a la asociación que también fundó para generar otros lazos reparadores.

Por Sonia Tessa
Desde Rosario

No imaginó nunca que a su hija de 14 años pudieran violarla en la calle, un domingo en plena tarde, cuando el sol radiante deja un reflejo plateado sobre los árboles de un barrio transitado de Rosario, de clase media baja. Mucho menos imaginó que volverían a violarla una y otra vez en la Justicia, con la falta de atención a su denuncia, la protección al principal sospechoso, la ausencia de respuestas a la víctima. Pero la palabra resignación no está en su diccionario, se nota en su mirada clara, determinada, que no deja resquicios a la duda: continuará con la pelea hasta las últimas consecuencias. Quiere tener una palabra distinta de no la próxima vez que su hija –ahora de 16– le pregunte si el individuo que la hirió de por vida no pagará nunca por lo que hizo. Ella (le diremos Liliana para respetar su pedido de anonimato) no pelea sólo por su hija. En el camino que debió emprender una tarde de agosto, hace tres años, encontró mil obstáculos, y por eso mismo decidió convertir el dolor en acción transformadora. Con su organización no gubernamental “víctimas de violación Rosario (viviros)”, en trámite para obtener la personería jurídica, creó una página web que pone al alcance de todas las mujeres que puedan acceder a la red un manual de recursos, lugares de atención y contención, procedimientos, y también los testimonios de otras víctimas. Se llama www.viviros.com.ar, y es una iniciativa para romper el cerco de aislamiento que sufren las mujeres una vez que fueron violadas, como una maldición que las deja de nuevo indefensas.
Liliana no se llama así, y dice que si la víctima hubiera sido ella, no tendría ningún problema en salir a denunciar, pero usa ese nombre de fantasía para proteger a su hija, que tiene terror a ser señalada públicamente, como les pasa a tantas víctimas. Por eso, en una carta dirigida a la adolescente, le aclaró: “A pesar de hablar del tema (no de vos) una y mil veces, la falta de dedicación de la Justicia, la falta de apoyo de las autoridades, las leyes que no son justas, me nublan los ojos, tengo un nudo en la garganta y cae una lágrima, pero hago un esfuerzo y saco energía para continuar”.
La página web surgió cuando la angustia amenazó con paralizarla. Pero no lo permitió. “Todo lo estamos haciendo a pulmón. La idea fue mía, y obtuve la colaboración de dos hombres incondicionales, que me ayudan a administrar la página”, relató Liliana. Con el relato de la colaboración entusiasta de sus dos amigos, menciona otra paradoja: “Yo pensaba, hubo dos varones que me ayudaron, y en Tribunales, tanto la jueza como la fiscal no me dieron ni bolilla”. Así abre la puerta al nudo de sus reclamos, porque la Justicia fue el lugar donde –ella lo dice con toda claridad– su hija volvió a ser violada. En primer lugar, la fiscal Cristina Rubiolo nunca escuchó a la víctima, y lo más imperdonable fue que dejó pasar los plazos procesales sin solicitar el análisis de ADN a un sospechoso que reconoció haber estado en el barrio ese día, a esa hora. Las circunstancias coincidentes no quedaron ahí. El hombre estaba acompañado de una mujer cuando abordó a la adolescente, le robó el dinero que traía como vuelto del supermercado y las cadenitas de oro que llevaba. Después despidió a su acompañante y la obligó a caminar varias cuadras, amenazada con un cuchillo, hasta el lugar donde la violó. Este principal sospechoso –que quedó en libertad sin que le hicieran la prueba genética– reconoció haber asaltado a una adolescente, y también dijo que estaba junto a su hermana. Pero además, la víctima había asegurado que podría reconocer a la acompañante, pero no a él porque no había podido verle la cara. Sin embargo, no hubo ninguna rueda de reconocimiento. Cuando Liliana se entrevistó con la fiscal, lo único que obtuvo fue un trato áspero, y una expresión que la hirió como una puñalada. “Este es sólo un delito más de los que tenemos que investigar”, afirmó.
Con la bronca con esa respuesta, Liliana recurrió primero al fiscal de Cámara Danilo Imhoff y luego al procurador fiscal de la provincia, Jorge Bof, para quejarse por el accionar de Rubiolo. Les relató el maltrato judicial que sufrió su hija, y toda su familia.
“No podemos tener un abogado, porque el Código Procesal de la provincia indica que la víctima es representada por la fiscalía, pero ellos lo hacen mal. Sentimos que volvieron a violarnos”, afirma Liliana en el atardecer de un día de semana, cuando sale del trabajo que la ocupa todos los días, de 9 a 17, donde pide días a cuenta de sus vacaciones para ir a Tribunales y realizar los trámites. Para actualizar la página web saca tiempo del descanso, igual que para impulsar –en contacto con legisladores provinciales– la creación de una fiscalía especial para estos delitos, que concentre los casos, la información y personal capacitado tanto para atender a las víctimas como para buscar a los victimarios.
“Mi hija está en atención psicológica, pero nadie me preguntó si podemos afrontarla. Durante un año entero estuvimos en tratamiento por el sida, nunca me citaron para hacer un control o asistencia psicológica sin cargo”, se quejó Liliana por la desprotección que sufren las víctimas. Por eso, su intención es que se cree, además de la fiscalía especializada, un Centro de Atención Integral a las Víctimas. “Las víctimas y su familia no sienten que se les haga un seguimiento posterior al hecho, si tiene o no posibilidades de enfrentar el gasto de un apoyo psicológico por tiempo prolongado, si tiene secuelas físicas que requieran atención médica, si corren el riesgo de contraer el vih, si tiene inconvenientes en sus estudios. Ningún funcionario policial, judicial o asistente social vuelve a tener contacto con la víctima, que demuestran alguna preocupación por su futuro, la dejan librada a su suerte”, abundó Liliana.
Después de vivirlo en carne propia entiende que muchas víctimas opten por eludir la denunciar, para no someterse a los chequeos médicos, los testimonios y en muchos casos la hostilidad que les revive el dolor, sin darles ninguna respuesta. Sólo en un lugar encontró la atención que consideró adecuada, en la Comisaría de la Mujer, y por eso su web da un listado completo de estas dependencias en toda la provincia.
Al teclear www.viviros.com.ar lo primero que aparece es una flor amarilla. Al ingresar, se ve una mariposa posada sobre una flor, en un día soleado. Allí, en esa página, están listados varios recursos, como las comisarías de la mujer y otros centros de asistencia, y una guía que “para víctimas de violación y las personas que desean ayudarlas”. En esa ventana aclaran: “Varias fuentes cubren información básica sobre la violación, por lo que aquí nos centraremos en brindar información que te ayude a recibir apoyo, protección y justicia después de una experiencia de violación u otro tipo de violencia sexual”. La frase es elocuente sobre los propósitos, aunque queda claro que una vez que se tocan las puertas listadas, queda un largo camino por recorrer para que la justicia actúe realmente como un acto reparador.

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