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Discursos mediáticos a contramano

Mariana Alvarez Broz y Sebastián Settanni reflexionan sobre la repercusión mediática de recientes dichos del periodista Jorge Lanata sobre Florencia de la V y apuntan la necesidad de que los derechos declarados en la ley se hagan efectivos en las prácticas cotidianas.

 Por Mariana Alvarez Broz y Sebastián Settanni *

Numerosas repercusiones causaron las declaraciones del periodista Jorge Lanata sobre Florencia Trinidad. Desde los magazines informativos, pasando por los periodísticos humorísticos y los programas “de chimentos”, hasta distintos ciclos radiales, recuperaron el tema para dar su punto de vista. Las derivaciones oscilaron entre un esfuerzo pluralista por acercarse a lo políticamente correcto, voces que a pesar de querer “defenderla” de las agresiones sólo la ubicaron en el lugar de víctima, pasando por posturas condescendientes con la expresión de su género, y llegando a las posiciones reaccionarias.

La historia de Florencia es paradigmática y hasta excepcional dentro del colectivo trans –tanto por su notoriedad como por sus condiciones de vida–; sin embargo, la polémica mediática nos indica, a modo de termómetro, el camino ya transitado y lo que queda por andar, en materia de diversidad sexual, en vistas a una sociedad más equitativa en todas sus esferas y dimensiones.

Revela el recorrido efectuado hasta nuestros días, al generar un debate sobre un asunto históricamente silenciado y/o banalizado, cuando algún caso traspasaba la frontera (simbólica y material) entre lo público y lo privado. La posibilidad de discutir y de oír otros puntos de vista, además de los discursos transfóbicos que legitiman y reproducen la desigualdad, que piensan la diversidad sexual en términos de desviación y traen bajo el brazo una gran carga de pánico sexual, sucede a partir de un hecho fundante: el giro de la mirada estatal sobre el colectivo trans, por intermedio de la Ley de Identidad de Género, aprobada democráticamente en el Parlamento y considerada de vanguardia, a nivel mundial, en materia de derechos humanos.

Las posteriores políticas públicas, la renovada visibilidad de las acciones de las organizaciones trans y los consecuentes cambios que sobrevinieron en los representaciones e imaginarios habilitan a que ya no pasen (tan) desapercibidas frases como “esto de que te den el documento de mujer y sos trava... no sos una mina, sos un trava con documento de mina”, otrora “verdades” naturalizadas.

Es necesario advertir continuamente acerca de los prejuicios y del contenido estigmatizante y discriminatorio de tales discursos, al desconocer el derecho a la identidad –en este caso de género– el cual, además de enmarcarse dentro de la legislación internacional, es un derecho humano fundamental e inherente a toda persona.

Incluso atentan contra otra ley aprobada en el Congreso de la Nación: la normativa sobre los Servicios de Comunicación Audiovisual claramente, en su artículo Nº 3, promueve “el tratamiento plural, igualitario y no estereotipado, evitando toda discriminación por género u orientación sexual”.

Pese a que la lucha del colectivo trans, junto al resto de las identidades alejadas de lo heteronormativo, y la sanción de las leyes tendientes al reconocimiento de sus derechos, sucedieron a pesar de las representaciones puestas en circulación por los medios de comunicación, las cuales, desde posiciones dominantes, cuando se referían a ellxs, lxs estigmatizaban, sancionaban y ridiculizaban, los discursos y opiniones de tono discriminatorio, expelidos irresponsablemente delante de una cámara de televisión, atentan contra el proceso de carácter inclusivo en materia de diversidad sexual favorecidos por las políticas públicas ya mencionadas.

Especialmente porque ningún derecho se cumple sólo con la aprobación de una ley, y debido a que ninguna ley se hace efectiva por el solo hecho de haber sido sancionada.

Lohana Berkins afirmó, en estos últimos días, que la lucha actual es por la exigibilidad de los derechos ya obtenidos. Esto forma parte del camino que queda por delante y cuyo tránsito es indispensable. Para ello se necesitan la voluntad, el trabajo y la responsabilidad de múltiples actores como la totalidad de las agencias estatales y los funcionarios públicos, la sociedad civil, las organizaciones sociales, el sector privado, los partidos políticos y los medios de comunicación, entre otros. Sólo con el compromiso colectivo será posible el cambio cultural, eslabón indispensable en la cadena de la transformación social.

* Investigadores Idaes-Unsam/UBA.

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