PSICOLOGíA › PARA ENTENDER LA LOGICA DE LA MAS PRECOZ DE LAS PSICOSIS INFANTILES

El niño autista en su mundo pequeñito, de terror

El niño autista, lejos de haberse retirado de la realidad, está –según los autores de este texto– en “hipercontacto” con las actitudes de los otros, y “esta hiperconexión es dolorosa, aterrorizadora”: por eso, “se defiende replegando una parte de sí”.

Por Velleda Cecchi, Angeles Aparaín, Marlene Galvao, Alejandra Lodeiro Castro, Valeria Mian y Sandra Miguez *

Estamos de acuerdo con que a los pacientes que consultan por un diagnóstico presuntivo de autismo se les realicen diferentes exámenes (estudios genéticos, resonancia magnética, potenciales evocados auditivos y visuales) con el fin de detectar algún problema orgánico que dé cuenta de los síntomas que presenta. Pensamos que la antinomia orgánico-psicológica es esterilizante y que sólo la colaboración desideologizada entre los investigadores puede ayudarnos a encontrar respuestas.
El autismo puede ser más frecuente que el 4 por 10.000 que aportan algunos estudios epidemiológicos: es frecuente que las familias no consulten y que los diagnósticos sean errados. Estos niños y jóvenes suelen ser confundidos con sordos y, más frecuentemente, con débiles mentales. Además padecen un rápido deterioro –lo cual es un observable clínico en todas las psicosis infanto-juveniles que cursan sin tratamiento– que hace difícil, pasado un cierto tiempo, el diagnóstico correcto; esto da cuenta de la importancia del diagnóstico precoz.
El autismo es una psicosis que fue delimitada de las esquizofrenias infantiles por Leo Kanner en 1943. Es reciente su conocimiento y muchos los interrogantes que plantea. Creemos que la teoría psicoanalítica puede dar cuenta de esta patología, y que el autismo, por su precoz aparición, pone a prueba la teoría en lo más fuerte, que es la construcción del aparato psíquico temprano.
Consideramos las psicosis como un modo específico de constitución del psiquismo, como una estructura; por lo tanto, la diferenciación entre pacientes niños, adolescentes y adultos es arbitraria en lo sustancial. Es una estructura que dará síntomas en distintos momentos de la vida y adquirirá características disímiles. La especificidad se referiría, en todo caso, al abordaje técnico.
Insistimos en que el autismo es una psicosis porque hay autores que no lo consideran así, y pensamos que esto lleva a un deslizamiento a la idea del autista como alguien sin aparato psíquico, un no nacido.
Es preciso diferenciar signos autistas de síndrome autista, ya que lo que observamos en la actualidad es un abuso del diagnóstico de autismo. Signos de autismo –por ejemplo, el estar aislado, ciertos manierismos, ecolalia, autoagresiones– pueden aparecer en distintas patologías y aun ser normales para ciertas edades o en determinadas situaciones.
¿Cómo se diagnostica el autismo? Aislamiento, estereotipias (dedeo, aleteos), movimientos bizarros (caminar en puntas de pie, saltos, rocking), trastornos o ausencia del lenguaje, evitación de la mirada, aparente no escuchar o taparse los oídos, no realizar los juegos esperables para su edad, exposición a situaciones de peligro, fugas: éstos son los síntomas más frecuentes, si bien no los únicos, que permiten acercarnos al diagnóstico del síndrome autista. Como en cualquier patología, cada paciente es particular, de ahí la importancia de realizar varias entrevistas para arribar a un diagnóstico lo más certero posible. Sólo podremos saber qué le pasa a ese niño, qué significa cada una de las bizarrías, en el transcurso del tratamiento.
Aun en la actualidad hay autores que sostienen la no existencia del yo y la no existencia de aparato psíquico en el autismo. El autista sería un no existente, un no nacido. No es así. El autista es un ser nacido psicológicamente y con estructuración del aparato psíquico. Conlleva mecanismos de defensa que indican la existencia de un yo, aunque frágil. Coexisten en estos pacientes expresiones de lo más diversas, que indican distintos grados de maduración yoica. Aspectos muy primitivos junto a otros más evolucionados.
Lejos de estar fuera de contacto, el yo del autista está en hipercontacto con ciertos aspectos de la realidad, en especial las actitudes y sentimientos de los seres humanos, y sobre todo las reacciones de la persona que cumpla la función materna. Tal hiperconexión esdolorosa, aterrorizadora. Estos niños presentan una hipersensibilidad extrema de sus sentidos, de las sensaciones y de los sentimientos. Los estímulos internos y externos son magnificados, irrumpen en forma violenta en su aparato psíquico y el yo se defiende replegando una parte de sí: esto se presenta como aislamiento. El paciente autista está en alerta permanente y su terror es a ser aniquilado, desaparecido.
Es un observable clínico en estos niños el exceso de memoria: tienen recuerdos de los primerísimos años de vida, y esos recuerdos son siempre de situaciones dolorosas. Esto confirmaría lo dicho por Freud: que los primeros recuerdos son siempre dolorosos. En el presente, este exceso de memoria se observa en relación con objetos o situaciones que para el observador pasan desapercibidos por nimios y que llegado el caso lo sorprenden y lo dejan perplejo.
En el transcurso del tratamiento el analista percibe cómo esas que parecían nimiedades están vinculadas con la supervivencia: aquel pequeño juguete con el que el paciente había logrado conectarse, aquella hoja medio rota con apenas un garabato, su ausencia son para el niño un desastre: son la rotura de su ancla y la expresión del desinterés de su analista. De nuevo el derrumbe. De nuevo el desamparo. Entonces recurre al repliegue, se envuelve, se protege una vez más; como siempre, el mundo lo frustra, lo ataca y él se silencia y se sumerge en su delirio autístico.
El niño vive en un pequeñito mundo, estrecho, con terror se anima a tomar algo de ese mundo, toma unas cosas que los otros descartan y a esas cosas se aferra. Son situaciones básicas de desamparo, desconfianza, y de esta índole son los recuerdos de su pasado. Que no es pasado, sino presente perpetuo. El eterno retorno de lo igual.
El exceso de memoria de situaciones dolorosas, se explica por: a) el déficit del yo en su función de atención, que acarrea un déficit en el juicio y por consiguiente en el pensamiento; b) el aislamiento hacia el mundo externo y hacia las percepciones, lo cual hace que los recuerdos estén más catectizados que lo habitual. Y explica la aparente ausencia del paso del tiempo en el psicótico, ya que nuestra noción del tiempo es consecuencia de la memoria: en función de que recordamos un pasado, formulamos previsiones para el futuro y podemos desempeñarnos en el presente. Al fallar el contacto con una realidad que aporte experiencias placenteras y al no estar investidos recuerdos de placer, éstos no entran en el comercio asociativo, se comportan como inexistentes, y lo mismo ocurre por el rechazo del retorno de recuerdos dolorosos: la memoria queda interrumpida, no hay secuencia.
El paciente con autismo se protege del mundo externo creando una barrera defensiva, masiva, que parecería infranqueable. El autista queda librado a sus impulsos, a sus terrores que siempre son muy primarios: desaparecer, caer en el vacío. Se niegan a mostrarse, a hablar, hasta tanto sus intensos terrores hacia su mundo interno y hacia el mundo externo sean morigerados y se pueda crear un sentimiento de confianza, donde puedan desplegarse. El repliegue es defensivo; le permite ver, oír, saber todo, mientras los otros creen y deben ser convencidos de que sucede todo lo contrario. El aislamiento no es tal, es decir, el aislado es el otro, que debe ser mantenido a raya, controlado. Como dijo un paciente: “Mientras yo sé todo, los otros creen que no estoy”. El repliegue y el aislamiento constituyen la barrera protectora autoconformada para evitar situaciones traumáticas.
Una vez logrado el contacto, se evidencian la megalomanía, la omnipotencia del pensamiento, el control omnipotente del objeto, los trastornos del esquema corporal y de la subjetivación, la descontrolada fuerza de las pulsiones, la ambivalencia de los sentimientos.
Para terminar, enumeraremos algunos prejuicios sobre el autismo que consideramos nocivos: “Es puramente orgánico”; “Estos niños no sufren”; “No tienen sentimientos”; “No tienen contacto con el medio”; “No les interesa comunicarse”; “No reconocen al otro”; “Nada de lo que hacen tieneuna lógica comprensible”. Dar por ciertas estas afirmaciones es matar toda posibilidad de aliviar el profundo dolor de estos pacientes, condenarlos a vivir en un mundo de terror que los va a llevar a un aislamiento definitivo. El objetivo es, en cambio, lograr que el niño sea cada vez más independiente, que recupere su capacidad de elegir y de expresarse auténticamente con el resto de las personas.

* Integrantes del Equipo Interdisciplinario de Asistencia, Investigación
y Docencia sobre Psicosis Infantojuvenil.

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