PSICOLOGíA › ACERCA DE UN DISCURSO QUE SERIA PROPIO DE LA CORRUPCION

“Si yo no acepto ser corrupto, habrá otro que lo aceptará”

Tomando como base las fórmulas de los discursos humanos planteadas por Jacques Lacan, el autor propone un “discurso de la corrupción”, en el cual “el corrompido es soportado por la verdad del corruptor”. En consecuencia, “los que quedan marginados se tornan, a través de la violencia urbana, en amenaza para los corruptores, que a su vez acusan a los corrompidos”.

Por Sergio Rodríguez

Los actos corruptos se producen en discurso. O sea, entre alguien que propone o pide y otro u otros que aceptan. Antes de intentar formalizar la estructura del discurso del corrupto y de su giro al del corruptor, me parece importante relatar lo más claramente posible el punto de llegada y de nueva partida que le significó a Lacan formalizar psicoanalíticamente los discursos. Y analizar la escritura diversificada que hizo de algunos de los mismos y de sus efectos.
La diferencia fundamental entre los seres humanos y el resto del reino animal reside en el uso del significante. Pero no me estoy refiriendo a éste como lo definió Ferdinand de Saussure para el trabajo con la lingüística sino como lo redefinió Lacan de una manera fundamental para el trabajo de los psicoanalistas con el inconsciente. En el Seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” lo precisó así: “Un significante es lo que representa a un sujeto para otro significante”. Lo despegó entonces del sostén único de la palabra, ya que hay cosas y hasta operaciones lógicas que pueden resultar significantes sin que hayan sido dichas por palabras.
Un significante, en psicoanálisis, sólo puede ser definido en discurso, ya que se define en función de representar a un sujeto para otro significante. No es ni viene del propio sujeto. Ya que éste queda representado por el significante que queda en primer lugar representándolo. Lo que lleva a que el sujeto del inconsciente quede dividido por la tensión y la diferencia que se produce entre el significante que lo representa y el que viniendo desde otro lugar -palabras en boca de alguien o algo como escritura– lo va a interpretar. Como aquello con que trata de hacerse representar reconoce, a pesar del intento de socializarse, una raíz absolutamente personal, tanto como las “entendederas” de lo otro, el ser hablante está condenado al malentendido. El malentendido y lo imposible de entender dejan un resto permanente que empuja a seguir en discurso, a seguir hablando, si se quiere sostener el vínculo social. Lacan llamó objeto a también a ese resto que queda fuera de significación, o sea: a su versión real. Dilucidados de esta manera los lugares y elementos principales que hacen factible y dificultoso el lazo entre hablantes, pudo darles forma de matema. Que haya llamado matema a esa fórmula, lo fue por extensión y no porque se hubiera ilusionado con que se podrían resolver las dificultades humanas con fórmulas matemáticas.
Los matemas, así como las figuras topológicas de Lacan, facilitan independizar de significados a ciertas operaciones lógicas que incumben a los actos humanos. Esa es la ventaja que ofrecen. La desventaja: que la singularidad de actos y sujetos, siempre deja un resto que queda por fuera de cualquier matema y figura topológica. Esa definición de significante, como instrumento para el psicoanálisis, le permitió descubrir y escribir el matema del que surgió como primer discurso, el del amo:

S1 S2
$ a

Lugares: agente otro
verdad producto

La nominación de agente, a la que va a llegar alrededor de 1972, es importante, pues evita la ilusión de la dependencia absoluta del discurso por parte de quien lo emite. En cambio coloca a éste, nada más, también nada menos, que como intermediario entre los diversos componentes del mismo. O sea, como agente sólo relativamente independiente de la estructura que agencia. El lugar del otro tiene la particularidad de interactuar a través de sus letras sobre lo dicho por el agente. A veces directamente, otras, según lo indican las flechas: desde su producto. Este cruce de transferencias hace que si la responsabilidad principal de cadadiscurso queda en el agente, no lo sea con independencia de lo que acontezca desde el otro. Al discurso escrito más arriba lo llamó del amo y lo definió como fundador del inconsciente. No sostiene con eso una posición política, sino que descubre algo que a hace a la condición humana. El ser hablante trabaja por indicación de algún agente y según como la interpreta. En la verdad del discurso del amo el sujeto se asienta escindido en el sostenimiento del agente. Por lo menos actualmente, el amo antiguo es una especie en extinción. Progresivamente suplantada por las grandes corporaciones y su discurso del capitalismo generado por los “masters” de Harvard. Hace a la estructura parlante –de demanda, deseo y pulsión– que los seres humanos estemos condenados a batallar siempre, contra la desigualdades desmesuradas.
En este contexto se universaliza e infiltra por todos los poros de la “aldea global” el discurso del corrupto. Puedo “matematizarlo” así:

Cto a
Ctor $

Con una estructura parecida al universitario:

S2 a
S1 $

Particularmente tipo Harvard o Fordham. Y enunciarlo de esta manera: El agente corrompido es soportado por la verdad del corruptor. Lo que suele decirse así: “Si yo no acepto, acepta otro”. El que queda afuera pasa a ser, como en el discurso universitario, puro objeto productor nada más que de síntomas (seducido, despechado, odiante). Muchos de los que hoy protestan obstinadamente contra el corralito, votaron a Menem por las cuotas adquiridas en función de su creencia renegatoria en el: $ 1 = u$s 1. A partir de que el corrompido pasa a corromper, se arma un discurso que produce a los que quedaron fuera de “la transa” como plus de goce, como puro desecho.

Ctor Cdo
$ a

Lo cual no ocurre sin consecuencias. Los que caen así marginados, como lo indica la flecha, se tornan amenaza para los corruptores a través de la violencia urbana en cada país y de las corrientes migratorias para los países del llamado “primer mundo”. Es el efecto no esperado y menos deseado por los corruptores, que entonces, como lo indica la flecha desde su pánico acusan a los corrompidos. Todos efectos de la entrada salvaje del discurso del capitalista y que desliga a los amos de la vinculación directa con sus trabajadores. Ya estuvo el “Tequila”, la crisis asiática, el “Vodka”, el “Caipirinha”. Hoy tiembla Sudamérica. Estamos ante una serie. Estas no son simples contingencias, “crisis cíclicas del capitalismo”. Son, como el “efecto invernadero”, sacudones de una “Civilización” que ha encontrado su límite. Este radica en la estructura misma de la aldea global. Los psicoanalistas podemos decir algunas cosas sobre ella, en tanto leamos los cambios de discurso que la soportan. Dicha lectura puede servir, a quienes se propongan elaborar alternativas confiables, verosímiles. Alternativas que promuevan un imaginario capaz de competir con el que hoy predomina.

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