SOCIEDAD › SE PONE EN MARCHA HOY EL MAYOR EXPERIMENTO CIENTIFICO DE TODA LA HISTORIA

El debut para el gran colisionador

Es un túnel de 27 kilómetros, en anillo, en la frontera entre Francia y Suiza, con el que se buscará resolver los enigmas del origen del Universo. Ocho argentinos participan del experimento, que ya demandó un costo de 6200 millones de euros.

 Por Pedro Lipcovich

Instantes antes de iniciar su carrera desmesurada, habla, para Página/12, Juan Protón: “Formaré parte del mayor experimento científico que se haya intentado sobre la Tierra. Mi sacrificio permitirá poner a prueba las teorías físicas más importantes, y tal vez demostrará que la realidad tiene 11 dimensiones, en vez de las cuatro ya conocidas. Ayudaré a entender cómo era el Universo en sus primerísimos instantes, porque –se envaneció Protón– me entregaré a las energías más poderosas que se hayan desatado sobre la Tierra”. Diez mil muchachos protonistas, diez mil científicos, prepararon este momento, durante los 14 años que demandó la construcción del Gran Colisionador de Hadrones, que hoy empezará a funcionar en la frontera franco-suiza. El Colisionador es un anillo de 27 kilómetros de largo, cuya construcción requirió 6200 millones de euros.

“Hadrones” es la categoría física que incluye a protones y a neutrones; el Gran Colisionador es un túnel de 27 kilómetros, en anillo, a una profundidad de entre 50 y 125 metros, en la frontera entre Francia y Suiza. En su extensión hay más de mil bobinas que producen un campo magnético cien mil veces mayor que el de la Tierra. Esa energía acelera los protones hasta el 99,9999999 (siete decimales) por ciento de la velocidad de la luz. Es el acelerador de partículas más grande construido por el hombre. El mayor hasta ahora, el Enrico Fermi de Chicago, con su anillo de seis kilómetros, suministra una potencia siete veces menor.

A esa velocidad, dos conjuntos de protones circulan en sentido inverso: cuando chocan, se generan, brevemente, partículas enormes. La última que así se descubrió, en el Fermi, en 1995, llamada quark top, tiene 174 veces la masa de un protón. Esas partículas, que ya no existen en la Tierra, existieron en el Universo, en las milésimas de segundo posteriores al Big Bang; las altísimas energías de aquellos instantes son reproducidas por el Colisionador. Así, investigar estas partículas fugaces equivale a investigar los primeros instantes del Universo.

Pero el propósito no es tanto saber qué pasó entonces, sino saber qué pasa ahora: poner a prueba las teorías básicas de la física. Entre aquellas partículas, interesa especialmente una, llamada bosón de Higgs, que tendría entre 130 y 200 veces la masa de un protón: su existencia es requerida por el “modelo estándar”, que, de las cuatro fuerzas consideradas fundamentales en la naturaleza –el electromagnetismo, la gravedad y, en el interior de los átomos, las fuerzas “fuerte” y “débil”–, explica todas menos la gravedad.

Y no sólo eso. Ricardo Piegaia –investigador argentino, integrante del proyecto– explicó a Página/12 que “el Colisionador pondrá también a prueba las teorías que explican las cuatro fuerzas: la teoría de las ‘supercuerdas’, que le otorga al Universo muchas más de las cuatro dimensiones conocidas, o la de la ‘supersimetría’. Se trata de establecer si, bajo esas altísimas energías, aparecen las partículas que cada una de ellas predice”. El Colisionador podría, también, señalar por qué, si el Big Bang produjo la misma cantidad de materia y de antimateria, hoy el Universo está compuesto prácticamente sólo por materia, ya que “algunas de las nuevas teorías, que el Colisionador corroborará o no, incluyen explicaciones para esa falta de simetría”, agregó Piegaia.

Y además está Alice: ese nombre de país de maravillas designa la investigación que hará chocar, no ya protones, sino núcleos de átomos de oro, mucho más pesados: “Ese choque recreará tiempos aún más primitivos en el Big Bang, y podría reconstituir, por unos instantes, un estado completamente distinto de la materia, llamado quark gluon plasma: en él los protones mismos se descomponen en sus partículas constitutivas, llamadas quarks y gluones, para forman una especie de gas”, contó Piegaia.

Son cuestiones de ciencia básica, pero “se puede asegurar que, si se descubren cosas como que el Universo tiene 11 dimensiones en vez de cuatro, habrá aplicaciones prácticas impensables”, razonó.

El Colisionador fue ideado hace tres décadas y empezó a construirse en 1994. Fue construido por el CERN, sigla en francés del Consejo Europeo para la Investigación Nuclear. El costo, financiado por los gobiernos, es de 6200 millones de euros. Han trabajado en él más de diez mil científicos de 40 países. El anillo trabaja a temperaturas próximas a los 272 grados bajo cero, y la longitud total de los filamentos de sus bobinas magnéticas alcanzaría para recorrer diez veces la distancia entre la Tierra y el Sol.

La puesta en marcha está prevista para las diez de la mañana europea, cinco de la mañana en la Argentina. A esa hora, por primera vez, un conjunto de protones circulará todo a lo largo del anillo. De todos modos, “hasta que empiece a haber suficientes colisiones pasará probablemente un mes, y lograr un descubrimiento que llegue a la primera plana de los diarios tardará por lo menos un año”, anticipó Piegaia.

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Las mil bobinas del acelerador producen un campo magnético cien mil veces mayor que el de la Tierra.
Imagen: AFP
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