SOCIEDAD › UNA PERSONA TRANSEXUAL PIDE A LA IGLESIA QUE LA BORRE COMO CATOLICA DE SUS ARCHIVOS

Apostasía contra la discriminación

Alejandra Portatadino nació como varón, pero reasignó su sexo y obtuvo un nuevo DNI. Hoy irá al Arzobispado a reclamar la apostasía. “No puedo pertenecer a una Iglesia que discrimina a las mujeres y a las minorías sexuales”, argumenta.

 Por Mariana Carbajal

Por primera vez en el país, una persona transexual se presentará en el Arzobispado de Buenos Aires para pedir formalmente su desvinculación de la Iglesia Católica. Alejandra Portatadino nació como varón en una familia tradicional del barrio de Belgrano. Y hace dos años se sometió a una operación de reasignación de sexo luego de ganar una batalla legal de tres años, en la que consiguió la autorización para la cirugía y el cambio de nombre en el DNI, que ahora muestra con orgullo. Fue bautizada en la iglesia de San Benito de Palermo siendo un bebé, como la mayoría, y con ese sacramento selló su ingreso al catolicismo. Hoy Portatadino irá a apostatar –así se llama el trámite– y exigirá su desafiliación de esa religión. “No puedo pertenecer a una Iglesia que discrimina a las mujeres y a las minorías sexuales, que niega la palabra género, que dice que la homosexualidad es una enfermedad, y que promueve la segregación de las personas con una orientación sexual diferente a la heterosexual”, fundamentó su decisión en diálogo con Página/12.

Alejandra Portatadino tiene 50 años y es observadora de Derechos Humanos. “Soy mujer y feminista”, se define. Está cursando el segundo y último año de la Diplomatura en Derechos Humanos y Resolución de Conflictos, del Ministerio de Seguridad y Derechos Humanos, que se cursa en el Instituto Universitario de la Policía Federal. Asesora a la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Y es ayudante de Cátedra de Bióetica en Derecho Civil, en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. En diálogo con este diario, adelantó que hoy irá al Arzobispado, al lado de la Catedral Metropolitana, con una extensa carta dirigida a monseñor Jorge Bergoglio. Su pedido de desvinculación del catolicismo lo acompañará con una durísima acusación a la Iglesia “por apología de la discriminación” a las personas homosexuales o de diferente identidad e identificación de género. Esa actitud, dijo a Página/12, “promueve la segregación, marginalización, el estado de apartheid” e incentiva “con sus dichos a sectores sociales, países, estados, reinos y sultanatos homofóbicos para que cometan crímenes y actos de lesa humanidad (condenados en el estatuto de Roma) contra estas minorías”.

Con la operación y el reconocimiento legal de su identidad sexual como mujer, Portatadino dejó atrás una vida enclaustrada en un cuerpo masculino y se convirtió en una activista por los derechos humanos. En 2008 fue distinguida por la Legislatura porteña entre 20 mujeres luchadoras que han dejado huella con su trabajo. Su caso sentó jurisprudencia y fue abriendo el camino para otras personas que como ella sufren disforia de género.

La sentencia que la liberó de su encierro en un cuerpo equivocado la firmó el juez en lo Civil y Comercial José Luis Tresguerras en 2005. Un año después, entró en el quirófano del Hospital Gutiérrez de La Plata de la mano del cirujano Pablo Maldonado, experto en reasignación de sexo. “Es un artista”, destacó ella, divertida.

Portatadino nació en una familia muy católica y muy acomodada económicamente del barrio porteño de Belgrano. “Con bóveda en el cementerio de la Recoleta”, apuntó. “Mi tatarabuelo, Juan Ayala, fue el primer gobernador de La Pampa, amigo de Julio A. Roca y Lucio Mansilla”, contó para dar cuenta de su abolengo. Hoy con su familia se ve poco. “El mayor inconveniente de personas como yo es la no aceptación de la familia. Nos ven como monstruos o como si estuviéramos locos”, señaló. A partir de su caso, entre la CHA y el Hospital Durand se elaboró un protocolo de atención a personas con disforia de género. “Tenemos ahora 52 casos”, precisó.

Antes de la reasignación del sexo, Portatadino se vestía de varón. Su último trabajo fue como subgerente de la petrolera Texaco. “Pero cuando anuncié que presentaría un amparo para pedir la autorización de la cirugía me despidieron”, recordó. Ahora quiere borrarse de la Iglesia Católica en desacuerdo con sus actitudes discriminatorias a personas que como ella no encajan en el canon heterosexual. Se convertirá así en la primera transexual en apostatar en el país.

“Con sus declaraciones, la Iglesia Católica Apostólica Romana se pone en franca contraposición con el espíritu que impulsa al Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU. ¿Cómo actuaría la Iglesia Apostólica Romana si un país condenara a muerte a los sacerdotes católicos apostólicos romanos por mantener celibato? ¿Condenaría y rechazaría las propuestas de muchos países para que este crimen no sucediera?”, dice la nota que entregará en el Arzobispado. La Iglesia Católica “está incitando, amparando y protegiendo los actos de lesa humanidad fomentando los crímenes de odio, perpetrados en diferentes partes del mundo” contra homosexuales, señala el texto. Y más adelante, afirma: “Intenté y no lo niego por tradición familiar mantener mi fe bajo el rito Católico Apostólico Romano, pero cuando hoy existen otras alternativas de expresión de la fe, más cercanas al mensaje que transmite los dichos de Jesús y que cualquier lugar es bueno para expresarse sin estar registrada a ningún culto, es una falsedad que figuren mis registros en su organización con los actos cometidos y que se cometen en la misma”.

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Alejandra Portatadino quiere borrarse de la Iglesia en desacuerdo con sus actitudes discriminatorias.
Imagen: Rafael Yohai
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