SOCIEDAD › UN MATRIMONIO Y SU EMPLEADO APARECIERON ENTERRADOS EN SU CASA

Crímenes con signo mafioso

Un matrimonio de origen chino, dueño de dos talleres textiles, y un empleado de nacionalidad boliviana aparecieron asesinados, enterrados bajo el piso de su vivienda, en Parque Chacabuco. Buscan a tres encargados de los talleres que están prófugos.

 Por Emilio Ruchansky

El asesinato de Chen Fang Jin, su mujer Ming Zi Wu y un ciudadano boliviano, cuyo nombre aún no trascendió, despertó los fantasmas de un crimen orquestado por la mafia china en un barrio en el que predominan los coreanos, Parque Chacabuco. Ni la propia policía está segura de que el matrimonio sea chino. Como sea, ellos y su empleado fueron encontrados a primeras horas de ayer, enterrados en el fondo de su casa-taller, luego de que desaparecieran el 19 de diciembre pasado. Wu tenía 45 años, se hacía llamar Fabián y era dueño de otros dos talleres textiles. Había hecho una fortuna explotando inmigrantes indocumentados de países vecinos. El crimen tiene tres sospechosos, los encargados de las fábricas, que abandonaron sus respectivas casas el mismo día de los homicidios.

Según fuentes policiales, el triple crimen ocurrió el sábado 19 de diciembre, tras una fuerte discusión entre el dueño y los encargados. Una vecina llamó a la comisaría 12 aquel día, luego de escuchar gritos y golpes. “La policía fue, tocó la puerta y como nadie atendió, se mandaron a mudar”, le dijo a este diario una empleada de un comercio que queda a la vuelta de la casa de Fabián, ubicada en Zelarrayán 1432.

“Al otro día apareció uno de los encargados baldeando la vereda –contó la mujer–, algo que nunca hacían. Cuando la vecina le preguntó por qué se le había ocurrido baldear, le dijo: ‘Para sacar la mugre’.” La vecina también quiso saber qué eran esos gritos que había escuchado la noche anterior y el encargado del taller le contestó, como bromeando, que “Fabián a veces toma de más y se pone loco”. Nunca más se vieron.

Los días transcurrieron y Claudia Torrico y Enrique Piragini, abogados del matrimonio oriental, radicaron una denuncia por “averiguación de paradero” el 22 de diciembre. La jueza del caso, Susana Castañedo, según señaló Torrico, recién ordenó allanar la casa diecisiete días después. Por este motivo, Piragini adelantó que solicitará el juicio político para la magistrada.

Cuando la policía entró en la casa, encontraron en el patio un extraño “parche” de cemento en el piso y unas sospechosas bolsas de tierra cerca. Con ayuda de los bomberos, los oficiales rompieron el piso y luego de cuatro horas de trabajo descubrieron un pozo recién hecho. Allí estaban los tres cuerpos, envueltos con papel film de freezer y con bolsas en las cabezas, por lo que se cree que habrían sido asfixiados.

Dentro y fuera del pozo, se hallaban las herramientas utilizadas en la faena: hachas de distinto tamaño, cuchillos y palas. La escena, a juzgar por la policía, era bastante caótica. Un jefe de la Federal aseguró que los asesinos “dejaron rastros” antes de huir y que había suficientes huellas, sangre y material genético como para cotejar en caso de conseguir detener a los tres sospechosos. Ayer continuaban las excavaciones; los bomberos levantaron todo el piso del taller.

“A uno de los sospechosos lo tenemos bien identificado, a otro más o menos y al último poco y nada”, se sinceró un policía que habló con Página/12. De momento, la búsqueda se centra en un hombre conocido como “Sr. Hu” o Daniel, encargado del taller donde aparecieron los cuerpos. Los otros talleres quedan en Bogotá 3642 y Eva Perón 5811. Daniel vive a pocas cuadras de la casa de Fabián, sobre la misma calle. Esa vivienda ya fue allanada por la fiscal Paula Asaro horas después de que se descubrieran los tres cuerpos. Allí se secuestró el pasaporte del sospechoso y, aunque los investigadores creen que sigue en el país, ya dieron aviso a Migraciones.

Los tres encargados eran nuevos en el trabajo y la discusión que mantuvieron con el matrimonio el día del asesinato era por cuestiones relacionadas con el negocio. Es lo que creen los investigadores, quienes aseguran que las víctimas fueron asesinadas a golpes y puñaladas. El empleado habría sido ultimado para no dejar testigos de la pelea.

Ayer, la policía mantenía la cuadra cerrada al público, excepto por los vecinos que viven allí. Un remisero que tenía como cliente a Fabián, su esposa y el encargado, contó que solía llevar a los hombres al casino flotante y al hipódromo. “El flaco que asesinaron acaba de cambiar una 4x4 verde por otra más nueva, de color negro. Cuando le preguntabas cómo iba el negocio te decía que mal, ¡pero estaba forrado en guita!”, explicó el remisero, que insistía en “lo cerrados” que eran.

Además del empleado boliviano que falleció, había al menos otras seis personas trabajando en ese lugar. Una de ellas, que pocas veces salía del taller, comentó a una vecina que los capataces querían quedarse con todo y que el matrimonio tenía mucha plata guardada en un armario. “Creo que tenían una hija, pobrecito, seguro que debe estar enterrada ahí”, decía la vecina en la esquina de Zelarrayán y Cachimayo. Al rato, tres chinos se acercaron para chusmear sobre las víctimas. “Chinos no son, chinos tienen supermercados; coreanos hacen ropa”, dijo uno de ellos, que se fue desinteresado porque no había muerto, a su parecer, ningún compatriota.

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El momento en que retiran los cuerpos e ingresan los peritos en la casa de Parque Chacabuco.
Imagen: Sergio Goya
 
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