SOCIEDAD › SE DISCUTIRA EN LA CAMARA DE DIPUTADOS EL PROYECTO PARA INSTAURAR EL CASAMIENTO ENTRE HOMOSEXUALES

El matrimonio gay consiguió dictamen

El proyecto para permitir el casamiento entre personas de igual sexo fue aprobado por amplia mayoría en las dos comisiones que lo trataban. Así, la iniciativa pasará al recinto de la Cámara. Euforia entre los militantes del movimiento gay-lésbico.

 Por Soledad Vallejos

A la una y diez de la tarde, la diputada Vilma Ibarra interrumpía a su par Juliana Di Tullio. Quería informar que la propuesta de modificar la ley de matrimonio civil acababa de obtener el apoyo necesario para ser tratada en la próxima sesión de la Cámara. Tras casi tres horas de sumar intervención tras intervención, el dictamen positivo había alcanzado 18 votos en la Comisión de Legislación General, 20 en la Comisión de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia y un aplauso ensordecedor que desató lo que toda una mañana de tensión minuciosa había contenido: los abrazos y la emoción de militantes y dirigentes de la Federación Argentina LGBT (Falgbt), diputadas, diputados y particulares comprometidos con el proyecto de ampliación de derechos civiles.

Desde algún rincón de la sala, atiborrada de personas y cartelitos (multicolores, con la leyenda “matrimonio para todas y todos”; manuscritos con argumentos como “el matrimonio gay no es biológico” o “matrimonio: varón + mujer = maternidad”), una mujer gritó “¡me voy a casar!”. En la mesa de los casados y las casadas, Alex Freyre y José María Di Bello, y Norma Arévalo y Ramona “Cachita” Castillo, hubo risas de complicidad. Un rato antes, Carlos Alvarez y Martín Canevaro habían entrado en la sala ostentando trajes, sonrisas y libreta colorada recién conseguida en el Registro Civil de la calle Uruguay, donde su ceremonia empezaba a la par que el encuentro legislativo (ver aparte). Desde antes de la anterior reunión conjunta de comisiones, el proyecto contaba con pedido de preferencia para su tratamiento en recinto, con lo cual está en condiciones de ser tratado en la próxima sesión. Mientras la sala se vaciaba, entre aplausos a Ibarra y a la diputada (MC) Silvia Augsburger, una pequeña multitud se arremolinó en torno de la presidenta de la Falgbt, María Rachid. “Tenemos mucho para festejar”, arengó.

Cuestión de derechos

“Histórico” era el adjetivo que sobrevolaba cada vez que se mentaba el día, inclusive antes de que comenzara formalmente la reunión. A pesar de la lluvia que cayó desde temprano, a las diez, el aire ya estaba algo caldeado en la sala del Anexo de la Cámara de Diputados. Curiosamente, el presagio abreviado de lo que se vendría podía leerse en cartelitos llevados por personas. De un lado, las y los militantes de la Falgbt, identificados por sus remeras pero no en todos los casos, levantaban cartelitos con la bandera multicolor en apoyo al matrimonio para todas y para todos. Del otro, señoras, señores y jóvenes adolescentes sostenían variedades de cartulinas manuscritas: “El matrimonio gay no es biológico” (con el correr de las horas, se le sumó la línea “ni ecológico”); “Sí al matrimonio entre el hombre y la mujer”; “Por eso el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer. Dios Padre”; “La familia, el plan original de Dios”; “XX, XY, matrimonio”; “De la costilla que le había quitado al hombre, Dios el Señor hizo una mujer y se la presentó al hombre”; “Sea otro nombre”; “Matrimonio es mamá y papá”.

Poco después de las diez y media, Ibarra y Claudia Rucci, presidentas de las comisiones convocadas, anunciaron el quórum y dieron inicio a la reunión. El texto en consideración, advirtió Ibarra, sería uno elaborado a partir de los dos proyectos que habían estado en danza hasta ahora, uno de su autoría y otro de la diputada (MC) Silvia Augsburger.

En Argentina “hay una matriz cultural autoritaria” que es preciso dejar de lado, arrancó Juan Carlos Vega (CC), quien no dejó pasar la oportunidad para reclamar por una “ética laica”. En última instancia, esa misma ética es “la ética de los Evangelios”, agregó, con lo que desató las primeras exclamaciones airadas de una parte del público, entre el que se encontraba el secretario académico de la Universidad Católica Argentina, abogado y laico consagrado Nicolás Lafferriere. Se produjo entonces la primera de muchas interrupciones en las que Ibarra señaló que, aun cuando la reunión era pública, no estaba previsto el diálogo de diputadas y diputados con la concurrencia, porque se trataba de un debate de comisiones. Entre refunfuños ajenos, Vega retomó su turno para agregar que votaría en disidencia parcial por cuestiones de técnica legislativa, pero que apoyaba el proyecto de ampliar el matrimonio civil porque “yo no soy quién para negar el derecho a dos personas que se quieren”. La necesidad de sustentar las decisiones en la ética laica formó parte, también, de los argumentos de Silvia Storni (UCR), quien insistió en la necesidad de “separar el Estado de la religión” y señaló su sensación de estar “a punto de hacer justicia” junto con sus pares, al apoyar el proyecto.

“Esta para mí es una discusión vinculada con la igualdad”, detalló Ibarra en su intervención, durante la cual también procuró aclarar que “el matrimonio entre personas del mismo sexo no es contra nadie”, porque sólo se modifican leyes civiles de un Estado laico y no intervenciones sobre reglas de un culto. “Las familias constituidas por personas del mismo sexo no pueden acceder hoy a la misma tutela estatal y legal que las familias constituidas por personas heterosexuales”, argumentó, por lo cual es clara la restricción de derechos. Para sostener “la desigualdad, tiene que haber fundamentos sólidos”, pero esos fundamentos sólo pueden basarse en la razonabilidad. “Habría que explicar acá cuál es la razonabilidad para que una pareja heterosexual acceda a derechos y a tutelas a los cuales no puede acceder una pareja sólo porque ama a alguien de su mismo sexo. En realidad, la discusión es ésta”, continuó. “El amor es tan valioso en un caso como en el otro”, lo mismo que las alternativas que viven las parejas, “tengan hijos, elijan tenerlos o no”. Por ello “podemos discutir cualquier otra institución en otro momento”, porque la reunión había sido convocada para tratar “el acceso a derechos en igualdad” en un estado constitucional de derecho. “Yo no podría explicar acá por qué por ser yo heterosexual tengo que tener más derechos que él, que es heterosexual”, apuntó, antes de repetir que el proyecto a dictaminar proponía hablar de “contrayentes” para adaptar el Código Civil a ese criterio, al quitar el “requisito de hombre y mujer”.

El debate

En aras de preservar “la armonía social”, Eduardo Amadeo (PF) optó por insistir en un enlace civil, en lugar de modificar el matrimonio. “La sociedad somos todos”, sostuvo, y por eso también se molestó porque la Comisión de Familia “se reunió cinco veces en dos años” y “sólo” para tratar “el matrimonio y el aborto”, ambas afirmaciones luego cuestionadas por Fernanda Gil Lozano. Lejos, muy lejos de Amadeo, Celia Arena (también PF) dijo tener “serias y enormes dudas en cuanto a la adopción”, no obstante lo cual reconocía no tener “ningún derecho de imponer” sus ideas, por lo que apoyó con algunas reservas el proyecto.

Como había sucedido en alguno de los debates previos, la correntina María Elena Chieno (FpV) echó mano de su experiencia como psicóloga para afirmar que la “familia tradicional” está lejos de ser “una garantía” para la salud mental, física y moral de niñas y niños. La estadística demuestra, argumentó, que a veces “ni siquiera los valores religiosos los pudieron salvar”. En tanto legisladora de un Estado laico, dijo, no logra “encontrar ningún argumento válido para cercenar” derechos, sino que “es urgente otorgar derechos por igual a todas las personas de Argentina”. Recordando el escándalo social que despertaban los matrimonios interraciales hace sólo décadas, vaticinó que “dentro de unos años nos va a parecer absurdo este debate”, a tal punto de que recomendó calurosamente alentar la paternidad y la maternidad en familias formadas por personas del mismo sexo. Al comparar chicas y chicos criados por familias de parejas heterosexuales y de parejas homosexuales, agregó, “no hay absolutamente ninguna condición que diferencie a esos niños”. “¡Mentira!”, gritó la voz de un señor, emergiendo de entre los carteles manuscritos, con lo que se ganó una reprimenda inmediata de Ibarra.

“Me ha costado reflexionar sobre el tema”, reconoció Alejandro Rossi (FpV), quien había advertido que el bloque había dado libertad de conciencia. A lo largo de sus treinta años de vida política, contó, había ido perdiendo algunos de los principios a los que era fiel al comenzar, pero no estaba en él entregarlos todos. El Congreso, razonó, tiene la potestad de declarar la guerra, pero no “la libertad de amor”; tampoco la religión le permitió apropiarse de obstáculos. Pero “como tengo libertad política, como tengo libertad individual, tengo la sensación de que después de que firme el dictamen me voy a sentir mejor que antes de firmarlo”. Casi una hora más tarde, Liliana Parada (Proyecto Sur) diría algo similar: “Al firmar (a favor), sentí que estaba haciendo lo que hay que hacer”.

A favor del matrimonio para todas y todos, pero también de la potestad de tener hijas e hijos, tampoco Stella Maris Córdoba (FpV) se mostró partidaria de que la heterosexualidad sea “garantía de la familia perfecta” capaz de criar a personas “sin traumas”. “Estamos haciendo nada más que lo que marcan los derechos humanos y nuestra Constitución”, agregó, al ampliar el matrimonio y “no la unión civil”. “Tengo mis convicciones religiosas, pero hoy como diputada nacional me toca decidir por mis convicciones democráticas”, por lo que “no podemos negar una realidad que hoy existe”. “Muchas parejas homosexuales crían a sus hijos”, que son discriminados. “No es mejor que uno tenga la libreta roja y otro la libreta azul, porque ése va a ser el principio de una discriminación que se va a extender también a los hijos de esa pareja.” Una postura similar mantendría minutos después Marcela Rodríguez (CC).

Poco después de la llegada de Federico Pinedo (PRO), quien además se retiró antes de que terminara la reunión, Miguel Angel Barrios (NE) ratificó el apoyo del PS a la modificación, para “avanzar en la igualdad y no en la discriminación”. En la misma línea se expresó María Josefa Areta (Frente de Todos), quien no ocultó su indignación por que haya quienes defiendan la existencia de “dos tipos de personas, las que están dentro del sistema” por su heterosexualidad y “las que están marginadas, sin ningún tipo de defensa” sólo por no serlo. “No me entra en la cabeza”, agregó. Pero tras ella fue el turno de Gladys González (PRO), quien insistió con la unión civil, para “defender, conservar las instituciones”.

Invocando a Kant, Gerardo Milman (GEN) se manifestó a favor, “no por conciencia, sino por convicción” de la necesidad de “legislar para todos y para todas”, casi en sintonía con el “llegó el momento de hacer justicia en Argentina” que María Luisa Storani (UCR) diría hacia el final del encuentro. Las críticas de Fernanda Gil Lozano (CC) a la sociedad “patriarcal, heterosexual compulsiva y capitalista” arrancaron grititos de desesperación a la platea de cartelitos manuscritos. Tras provocar la desbandada de la puntana María Bianchi (PF), de visita en las comisiones y quien se dijo “ofendida como mujer”, a un tris estuvo de generar desmayos al plantear que “familia es mucho más” que una pareja o la imagen tradicional, y censuró la hipocresía (por ejemplo, dijo, “la pornografía vende muchísimo en este sistema”) que nutre las resistencias. Faltaban minutos para que Hotton manifestara su oposición porque “matrimonio es hombre y mujer, lo dispuso Dios” y Di Tullio fuera interrumpida.

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Tras el anuncio del dictamen favorable al matrimonio gay, la sala estalló en aplausos y hubo abrazos, lágrimas y besos.
Imagen: Rafael Yohai
 
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