SOCIEDAD › OPINION

Ibarra y la nueva política

Por Néstor Vicente

La próxima elección porteña nos pone ante dos opciones de ciudad. Una es la ciudad administrada por los empresarios que crecieron contratando con el Estado desde el Proceso hasta Menem. Es la opción Macri. Otra es la ciudad que renueva la oportunidad de Aníbal Ibarra, para profundizar el camino elegido a partir de los logros alcanzados, con la necesaria autocrítica y una mirada que se aferre a los sueños de una ciudad que garantice niveles de dignidad sin diferenciar barriadas ni arrabales.
Es deseable que el frente variopinto que saldrá a defender lo público frente al gerente privatista, que ayer representó Cavallo y hoy encarna Macri, sea rico en perfiles.
Una asignatura pendiente es la concreción de la reforma política, que significa mucho más que terminar con la lista sábana y descentralizar los ámbitos de decisión en la ciudad que responda a las expectativas más primarias del ciudadano de Buenos Aires. Hay formas de hacer política que no han sido desterradas, y a nada nuevo es legítimo aspirar si no existen la vocación y el coraje capaz de terminar con el clientelismo y los bolsones de poder cuasimafioso. Estamos hablando de la reforma del Estado.
Entre los logros, la educación en primer término, la cultura, la salud, el manejo de la banca pública, la sensibilidad social y el novedoso presupuesto participativo, que aporta su granito en la reconstrucción de la relación entre la política y la sociedad, aparecen como los pilares sólidos del gobierno de Ibarra, al que no le tocó administrar la “fiesta”, ni disfrutar del momento de mejor “humor” de los porteños.
Falta sin embargo decisión para privilegiar el perfil de una ciudad productiva, creadora de trabajo, alentando con mayor presupuesto la reapertura de empresas y el resurgir de las pequeñas y medianas que con su empuje hicieron, en el tiempo, este Buenos Aires que nos enorgullece. Falta también, porque siempre es poco lo hecho si se lo mira desde la necesidad, un mayor compromiso con cada uno de los nuevos protagonistas sociales que irrumpieron en nuestra realidad a partir del 19 y 20 de diciembre del 2001. Vale la pena entonces que entre las opciones para apoyar a Aníbal podamos expresar una que retome aquellos sueños militantes frustrados con la Alianza. Somos varios los que entendemos que Ariel Schifrin se ha convertido en la referencia que sintetiza estas ideas, desde su propia gestión en el área de descentralización y desde los gestos políticos abiertos, transversales y participativos. Es tiempo de que los candidatos surjan de lo mejor de la política, que aúnen capacidad personal y compromiso militante. Proponemos que encabece la lista de diputados nacionales en la seguridad que abrirá un cauce aglutinante entre los que todavía aspiramos a que otro país sea posible.

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