SOCIEDAD › POR LA CAIDA DEL PRECIO, HAY MENOS CARTONEROS EN LA CIUDAD

Cuando la calle se vuelve más dura

El precio del papel y el cartón bajó un 50 por ciento respecto de 2002. Además, mucha gente ya no tira ese material: ahora lo junta para donarlo. Y hay porteros que hacen su propio negocio.

 Por Mariana Carbajal

La calle se puso más dura que nunca para los cartoneros. El único medio de subsistencia que les permite algún ingreso ya no les rinde como antes y muchos están desistiendo de salir a cirujear. Varios factores conspiran en su contra. El precio del papel y del cartón cayó más de un 50 por ciento en relación al 2002. Y cada vez tienen más competencia y encuentran menos materiales en las bolsas de basura: en muchas casas, los chicos llevan los diarios y los residuos reciclables a sus escuelas para vender al Ceamse y así colaborar con la cooperadora escolar; centenares de empresas y bancos no sacan más a la calle los papeles que desechan porque los juntan para la Fundación Hospital Garrahan; muchos porteros están haciendo su propio negocio y venden los papeles y cartones del consorcio directamente a los acopiadores o, incluso, a los mismos cartoneros; y en algunos pequeños supermercados también les cobran por llevarse las cajas vacías. “El año pasado por semana juntaba 800 kilos de diarios y cartón y sacaba 130 pesos, hoy no llego ni a 200 kilos”, se lamentó Norma Flores, una cartonera de José León Suárez, que diariamente llega a la ciudad de Buenos Aires en el Tren Blanco de TBA y recorre las calles de Palermo con Noelia, su hija de 9 años. Cada cartonero está sacando hoy de 5 a 8 pesos por día, es decir, hasta tres veces menos que un año atrás.
“No tenemos datos estadísticos, pero sí la sensación de que hay menos cartoneros”, señaló Cristina Reynals, de la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno porteño, coordinadora de la Mesa de Diálogo de Recuperadores Urbanos. “Si antes salían 5 veces por semana 8 horas y sacaban como mínimo 30 pesos por día, hoy no llegan a los 10 pesos trabajando el mismo tiempo”, describió. Francisco Monzón está sufriendo el achique de la actividad en carne propia. Vive en la Villa 1-11-14 e integra la Cooperativa Ecológica Recicladores de Bajo Flores. “Estamos juntando un 30 por ciento menos de materiales que el año pasado. Hoy todo el mundo está juntando. Los porteros no lo dicen pero se han convertido en recuperadores. Cuando el cartón se pagaba 5 centavos el kilo te llamaban para que te lo lleves, ahora se lo quedan y ellos mismos lo venden a los acopiadores”, contó a Página/12. El precio del cartón bajó en relación al año pasado más de un 50 por ciento: entre enero y abril de 2002 a los cartoneros les pagaban alrededor de 50 centavos el kilo; hoy no sacan más de 22 centavos. El kilo de papel de diario cayó de 48 a 20 centavos y el de papel blanco de más de 50 a cerca de 33 centavos.
Según explicaron varias fuentes, la caída de los precios se debe a que las papeleras actualmente tienen suficiente stock de material para reciclar. “Con la devaluación, las papeleras salieron a comprar. Ahora tienen suficiente stock y son ellas las que fijan los precios”, señaló César Videla, secretario de la Cooperativa Nuevo Rumbo, del barrio San José de Temperley, que compra a los cartoneros y vende a las papeleras. “Es palpable la disminución de gente que se dedica a juntar papeles. Cuando el cartón estaba a 50 centavos, valía la pena. Hoy, ya no”, comentó Videla. En el año 2002, unas 600 personas se acercaban diariamente a Nuevo Rumbo con su carrito para vender lo recolectado en la jornada, este año no van más de 400. La merma se nota, además, en la cantidad de materiales que Nuevo Rumbo llega a acopiar por mes: no más de 65 toneladas, cuando un año atrás alcanzaban las 100.
La pelea por la basura
Paradójicamente, los valores históricos que se pagaron el año pasado por el kilo de papel y de cartón perjudicaron a los desocupados que habían encontrado en los últimos años en la basura una salida laboral, o al menos, la posibilidad de un pequeño ingreso económico. “Hay menos papel en la calle. Muchos porteros no lo sacan porque directamente lo venden ellos a los acopiadores o te lo ofertan. La semana pasada uno de un edificio de la calle Humboldt me pidió 10 pesos por una pila de diarios y cartones. Enmuchos supermercados de dueños chinos te lo venden a 20 o 22 centavos el kilo. En las oficinas y los bancos el papel blanco lo donan al Garrahan y sólo sacan los papelitos chiquitos”, comentó Norma Flores, cartonera en Palermo hace 8 años.
En 2002, el Programa de Reciclado de Papel para la Fundación Garrahan sacó de la calle 3500 toneladas de papel, según informó a Página/12 Patricia Gavilán, coordinadora de la iniciativa en la que participan ya 700 empresas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires (unas 300 se sumaron el año pasado), que entregan directamente a la Fundación los papeles que antes desechaban en la basura. La Fundación vende el material a una papelera como mecanismo de recaudación de fondos para financiar sus actividades. El programa comenzó en 1999. En 2001 juntó 1500 toneladas de papel y un año después casi un 60 por ciento más, materiales que dejaron de llegar a las manos de los cartoneros. También los chicos están llevando diarios y papeles a sus colegios: 82 escuelas de la ciudad recolectan material reciclable y lo venden al Ceamse para ayudar a la cooperadora escolar.
Con tanta competencia, a Norma Flores ni a la mayoría de los cirujas les rinde el trabajo. Norma vive en el barrio Independencia, de José León Suárez, tiene 35 años y 5 hijos de entre 10 y 6 años. Noelia, de 9, trabaja a la par suya. A las 17.15, madre e hija suben en José León Suárez al llamado Tren Blanco –en el que viajan centenares de cartoneros con sus carritos– y bajan en la estación Carranza, donde se dividen: Norma recorre la calle Paraguay y su hija la avenida Santa Fe a la espera de que los encargados de los edificios saquen las bolsas de basura. “El año pasado en una semana juntábamos 800 kilos de diarios y cartón y sacábamos unos 130 pesos, ahora hay veces que no llegamos ni a los 200 kilos”, se lamentó Norma. En todos los años que lleva en esta actividad, nunca le fue tan mal. “Se está viviendo el peor año”, comentó. La escasez de materiales está enfrentando a los mismos cartoneros. “Cuando llego a un departamento donde me conocen hace años me estoy encontrando con tres carritos más esperando la misma basura”, describió.
Para llegar antes a la basura y a la vez ahorrarse el pasaje en el Tren Blanco, algunos cartoneros están cambiando la modalidad de trabajo, comentó Susana Proe, de la Asamblea Popular de Villa Pueyrredón, que armó un merendero para el centenar de recolectores que trabajan en ese barrio, y llegan de Benavídez e Ingeniero Maschwitz. “Están viniendo los sábados y se quedan a la noche a dormir en el predio del merendero. Así trabajan dos días seguidos y llegan antes a la basura. Y como es fin de semana, viajan en el furgón del tren común que les sale más barato”, explicó Proe. El abono mensual para una persona y un carrito en el Tren Blanco cuesta 18 pesos, pero si viaja con un acompañante (generalmente algún hijo) el costo se eleva a 31 pesos, un monto excesivo para sus ingresos cada vez más ajustados, advirtió Proe. Ambos factores estarían desalentando a muchos cartoneros a seguir en la actividad. “Está viniendo menos gente”, confirmó Norma Flores, pasajera habitual del Tren Blanco.

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Cada cartonero está sacando hasta tres veces menos de ganancia respecto del año pasado.
 
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