SOCIEDAD › OPINION

Día de la Tierra, una cicatriz bajo la superficie de su historia

 Por Carlos Greco *

El Angel Nuevo (1) mira hacia atrás para entender. Mesiánico, epistemológicamente imposible, “nuestro futuro común” es la inmaterialidad de futuras generaciones, es una nada a la que vamos en movimiento enajenado, impidiendo que un pasado frustrado recobre la palabra. El futuro brundtlandiano (2) es negación y olvido. Recordar a Raquel y a Gaylord, es peinar la historia a contrapelo, descubrir la herida, la historia de los vencidos a los que el Angel mira y la historia en la que los vencidos no terminan de morir porque aquel enemigo, aún, no ha cesado de vencer.

Arremolinada, como el Angel, por la espesura sofocante de los silencios nostálgicos de una naturaleza que se despide sin sentir dolor, Raquel piensa el tiempo homogéneo y cómplice de las instituciones y se niega al futuro como tautología del presente. “La Primavera silenciosa” interrumpe la historia. La industria de pesticidas se enfurece y encarga los latigazos a sus medios afines. La batalla con la cultura de posguerra es cruel. Ser bióloga la condena. Kennedy percibe un giro social y la cita para defender su escrito en el Congreso. Poco tiempo después, Rachel Carson muere. Gaylord Nelson es su herencia.

El senador lee el libro. Al intentar seducir a Kennedy con el tema, comprueba lo que Raquel dedujo: las políticas de Estado son producto de la urdimbre cultural de la sociedad y no de la voluntad bienintencionada de algún funcionario. Sale a la calle. Aprovecha una conferencia antibelicista en Seattle para profundizar el debate. La reacción es rápida. La sociedad recibe el impacto y multiplica.

22 de abril de 1970: 20 millones de personas salen a las calles. Una sociedad que se resiste a vivir en exterioridad, ensaya esa discontinuidad, ese no momento en la historia que Raquel sugirió con su “Primavera silenciosa”. Reafirmación de una praxis que se sustancia en una sociedad “para-si”, ese día duró poco. Fue hábilmente fagocitado por una antipraxis verde que vomitó a una sociedad empastada en la prolija adecuación consigo misma.

Pandas, ríos sin basura, pilas recicladas o botellas por árboles, le dan la espalda a una complejidad conminatoria. Cambiar matrices productivas insanas por un placebo tecnológico “verde”, refuerza un círculo vicioso del cual, cada vez, es más difícil salir. ¿Degradación ambiental? ¿Por qué no reacomodamiento termodinámico? ¿O, tal vez, ecosistemas negándose a ser enrolados en nuestro plan “moderno”? Polución y agotamiento como pura resistencia.

Una interpretación del presente. La vinculación entre recursos e inequidad distributiva sigue por las calles de tierra. El “ambientalismo”, gestado en los años de Raquel y Gaylord, aún debe sobreponerse al maltrato de su infancia. Organizaciones gubernamentales y legislación fueron respuestas que merecen debate histórico, sabiendo de la dura y desigual batalla que siguió para ocupar espacios sociales, batalla que el movimiento ambientalista no ganó. Con todo, conmemorar esta fecha es un paralogismo. Celebrar el 22 de abril que conjeturó una humanidad menos racionalizadora pero más racional y política, es recuperar la memoria como categoría interpretativa. Raquel y Gaylord apostaron a una construcción colectiva capaz de debatir fuera de los espacios que el positivismo amuralla. Comprobaron que desde el poder se genera cambio pero, que sólo desde la movilización y la participación se consigue poder para una auténtica mutación.

Unicamente una generación inquieta que rechace elecciones basadas en alternativas preestablecidas no se va a dejar tentar cuando tenga que decidir qué hacer con lo que hicieron de ella, por iniciativas que le permitan esconder la basura debajo de la alfombra. Una generación que se anime a la autonomía a la hora de manejar sus contradicciones, que espere gestión de sus funcionarios pero no se siente a esperar “la” respuesta prodigiosa de sus líderes, porque decidió pensarlos no como magos, sino como articuladores de sus múltiples contrastes sociales, sólo una generación como esa, va a intentar, no solo explicar sino, también, pensarse en el ecosistema.

El Angel Nuevo mira hacia atrás. Busca la esperanza de los invisibles de esta historia, esperanza capaz de sacar la fuerza política en nosotros para ver que el Día de la Tierra es un día que la Tierra en que vivimos no necesita pero, un día en el cual, la Tierra que vivimos, tal vez, tenga mucho que ver.

(1) Tesis Novena. Walter Benjamin.

(2) Informe Brundtland. Nuestro futuro común (1987).

* Ingeniero agrónomo, vinculado al Proyecto de Transformación de Residuos - INTA.

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