SOCIEDAD › EL PALACIO UNZUé, EN MAR DEL PLATA, ES UN ESPACIO DE JUEGOS Y CULTURA PARA NIñOS Y ADULTOS

De antiguo orfanato a palacio cultural

Las dueñas originales del lugar fueron las hermanas María de los Remedios y Concepción Unzué. Construyeron el edificio para que fuera asilo de niñas huérfanas. En 1956, los golpistas lo convirtieron en un instituto. Hoy es palacio de cultura.

 Por Carlos Rodríguez

Desde Mar del Plata

“¿Cómo te llamás? ¿Cuáles son tus intenciones? Bueno, me caés bien, podés pasar.” Por más que intente imponer respeto, y hasta una pizca de temor, enronqueciendo la voz durante su “interrogatorio” cómico-policial, Héctor “Morrocotudo” sigue siendo un clown y lo que hace es darle la bienvenida a Página/12, en su recorrido por el Espacio Unzué, instalado en el parque y en las habitaciones del palacio del mismo nombre, uno de los más aristocráticos de la historia de Mar del Plata. El Unzué, que entre 1912 y 1997 fue asilo de niñas huérfanas, desde hace dos años se ha convertido en un espacio cultural para adultos y niños, que recibe a 2500 visitantes por día, salvo los domingos, cuando la cifra se eleva a 5000, como ocurrió el fin de semana pasado. Los niños o adultos que se acerquen al lugar, en Río Negro y la costa, tendrán talleres abiertos de escritura y dramaturgia, teatro, periodismo, plástica y títeres, entre otros, pero además podrán participar en actividades físicas y recreativas, presenciar espectáculos de todo tipo, además de hacer compras en la feria de emprendedores y artesanos, donde se ofrecen desde juguetes didácticos hasta dulces, fiambres, perfumes y prendas de vestir.

En el parque del Unzué, entre pinos y palmeras que rodean a una estatua que recuerda a San Francisco de Asís, los niños pueden realizar dibujos que luego serán expuestos al público, jugar al sapo o participar en insólitas y divertidas carreras de embolsados, una competencia que se hace por “equipos”, lo que significa meter a seis o siete chicos en una misma bolsa; se forman tres grupos y todos se divierten, incluso los que llegan últimos a la meta. “No sé, me parece que los sapos tienen la boca más grande”, se queja Ramiro, de ocho años, tratando de justificarse porque no logra introducir los tejos de bronce en las fauces del anfibio de metal que tiene ante sus ojos. Natalia, una marplatense que organiza algunos de los juegos, señala que el taller de pintura es uno de los más concurridos: “Los chicos y chicas se enganchan mucho con la idea de ponerse a dibujar, de manera que siempre tenemos con quien jugar”.

Las actividades son acompañados por la música que ayer martes aportaron los grupos La Embajada de la Alegría y Sinfonía Popular, con canciones y perfomances circenses. Además de cantar y tocar varios instrumentos, los músicos, vestidos como payasos o como juglares del siglo XII, interactúan con los visitantes, niños o adultos, creando un clima de delicioso descontrol permanente. Durante horas se los ve correr mientras juegan a la mancha o cuando se prenden, con niños y niñas, en un partido de fútbol cinco contra cinco (o diez contra diez), en la canchita con arcos y red ubicada dentro del predio.

Las actividades no se suspenden los días de lluvia, cuando se trasladan al interior del edificio histórico, donde los adultos juegan torneos de truco y los chicos pueden presenciar espectáculos en el teatro ubicado en el primer piso. La sala tiene 214 butacas y aunque el teatro es una de las incorporaciones hechas al conjunto edilicio, el escenario es el mismo que había en el palacio, igual que los pisos de madera que tienen cien años, las ventanas, la escalera y otros accesorios realizados en mármol de Carrara, en Roma, en 1910. Las dueñas originales del lugar fueron las hermanas María de los Remedios y Concepción Unzué, quienes hicieron construir el edificio para que fuera asilo de niñas huérfanas. Al poco tiempo donaron la casa a la Sociedad de Beneficencia de la Capital Federal. Desde 1948, el Estado se hizo cargo del lugar, que luego quedó en manos de la Fundación Eva Perón hasta que los golpistas de la Libertadora convirtieron el asilo en instituto.

En la planta baja hay una exposición de tablas de surf y en el primer piso, una exposición fotográfica que exalta la participación femenina en la política y que se llama Nosotras estábamos ahí, mujeres en la acción colectiva. Hay fotografías de Eva Perón, de la hija del anarquista Severino Di Giovanni saliendo de la cárcel luego de visitar a su padre, de viudas dedirigentes comunistas asesinados durante la llamada Revolución Libertadora y de la conferencia de prensa que dieron en Trelew guerrilleros y guerrilleras luego asesinados por orden del gobierno del general Alejandro Agustín Lanusse.

El historiador Víctor Recalatesi, coordinador de las visitas guiadas que se realizan por el palacio, aclara que sólo se ha restaurado menos del 50 por ciento de los diez mil metros cuadrados que tiene el complejo. La charla con Página/12 tiene lugar en el hoy Salón del Mar, dispuesto para la realización de exposiciones, que antes era una habitación en la que dormían unas 60 chicas huérfanas. El ex asilo llegó a reunir hasta 370 niñas y adolescentes.

“En 2005, con la Ley de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes, terminaron cien años de políticas de patronato que dieron lugar a la beneficencia y a los asilos y desde entonces los niños dejaron de ser objetos posibles de ser tutelados y pasaron a ser sujetos de derecho”, aseguró Recalatesi. El hoy espacio cultural está a cargo del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

En la Feria de Emprendedores y Artesanos se destaca la Juguetería Federal, donde se venden juguetes didácticos realizados por “emprendedores de Tandil, Junín, Capital Federal y Gran Buenos Aires, Córdoba y Mendoza”, explicó Flavia Prodan. En otros stands hay diversos productos; uno de los más concurridos es el que atiende Cinthya Grams, donde se exhiben productos realizados por pequeñas empresas de la ciudad bonaerense de Suipacha, donde se ha intensificado el turismo rural “a partir del crecimiento de productos lácteos, mermeladas y dulces, y de la venta de carne de jabalí criados en nuestro pueblo”.

El Espacio Unzué está abierto todos los días, de 9 a 12, y de 15 a 22. La entrada es libre y gratuita, y los días de lluvia todas las actividades se realizan en los espacios cerrados.

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Los chicos pueden jugar al aire libre, pero si llueve el palacio no cierra porque las actividades se trasladan al interior.
Imagen: Pablo Piovano
 
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