SOCIEDAD › PRIMERA CAMPAñA OCEANOGRáFICA ENTRE ARGENTINA Y CANADá EN EL GOLFO SAN JORGE

Tras los misterios del Mar Argentino

La expedición que comienza el domingo y durará un mes apunta a “generar conocimientos” sobre ese sector del océano, con grandes riquezas pesqueras y de hidrocarburos. Participan biólogos, geólogos, físicos y químicos.

 Por Eduardo Videla

Muchos de los secretos que guarda en su lecho el Mar Argentino podrían quedar develados: desde posibles escapes gasíferos de yacimientos patagónicos hasta las corrientes de especies exóticas que generan la marea roja; desde la composición biológica y geológica del espacio más rico del océano conocido como “agujero azul”, donde se concentra la mayor actividad pesquera, hasta la posible existencia de galeones y restos de buques hundidos. Esos y muchos más son los objetivos de la misión del buque oceanográfico Coriolis II, que llevará a bordo una misión de científicos argentinos y canadienses, en la primera experiencia común en materia de ciencias marinas entre ambos países. Será la primera vez que la Argentina intentará tener un conocimiento integral del mar que tiene tan cerca pero cuyo manejo muchas veces se le escapa. Será también un acto de soberanía: la misión llegará a 300 kilómetros de la costa y, en aguas internacionales, trabajará a unos 300 kilómetros de las islas Malvinas.

El buque científico canadiense Coriolis II llegará a Buenos Aires mañana y el domingo partirá rumbo al golfo San Jorge. Estarán allí durante todo el mes de febrero y, si el clima se los permite, no perderán un minuto: los equipos trabajarán las 24 horas. A la luz del día, lo harán los especialistas en oceanografía y, durante la noche, los de geología.

“El objetivo del estudio es trazar un diagnóstico sobre el estado de salud del golfo San Jorge”, explicó José Luis Esteves, doctor en Oceanología e investigador principal del Conicet, durante una rueda de prensa en la sede del Ministerio de Ciencia y Tecnología, junto a Gustavo Ferreyra, también argentino, graduado con el mismo título en la Universidad de Quebec y actualmente residente en Canadá.

“La necesidad de generar conocimientos sobre esa zona surgió a partir de 2007, cuando hubo un importante derrame de hidrocarburos y solo teníamos estudios parciales e información desperdigada para adoptar medidas”, recuerda Esteves, que trabaja en el Centro Nacional Patagónico (Cenpat) en Puerto Madryn. Es que la zona del golfo San Jorge es una ruta de paso de los buques de trasporte de hidrocarburos: por allí transita el 50 por ciento del petróleo que se produce en el país rumbo a las refinerías de Bahía Blanca, La Plata y Campana. Pero además, la zona es una área potencial de explotación offshore y conocer el ecosistema resulta una herramienta importante para el manejo de las situaciones que allí se pueden generar.

En el buque Coriolis II viajarán catorce tripulantes y otros tantos científicos. El relevamiento será multidisciplinario: integran la comitiva oceanógrafos, físicos, químicos, biólogos y geólogos, argentinos y canadienses, por partes iguales. Del proyecto participan en forma conjunta el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, la Universidad de Quebec, el Conicet y la provincia de Chubut, que junto a Santa Cruz, comparte jurisdicción en el golfo.

Uno de los puntos de interés de la misión es el denominado “agujero azul”, un espacio ubicado a unos 300 kilómetros de la costa, hacia el Este, donde se concentra una gran actividad biológica. “Allí está la base de la cadena trófica, es el lugar donde van a comer los elefantes marinos y los petreles, pero también se alimentan allí los barcos pesqueros taiwaneses y filipinos. ¿Cómo no vamos a querer conocer los mecanismos de funcionamiento de ese lugar?”, afirma Esteves.

El científico aporta en ese sentido un dato que impresiona: una foto satelital nocturna revela que esa zona en el medio del Atlántico Sur está más iluminada que la ciudad de Buenos Aires, tal es la densidad de buques pesqueros que desarrollan su actividad en la zona, incluso por las noches.

“El Coriolis II está equipado con instrumental de última generación. Uno de ellos es la roseta (ver foto), un instrumento capaz de tomar muestras de distintas profundidades, de acuerdo a cómo se le ordene”, explica Ferreyra. Otro es el CTD, para medir la salinidad y la temperatura del agua; el coring, para tomar muestras de sedimentos a seis metros de profundidad, y el scanfish, capaz de tomar registros ente 200 y 900 metros de profundidad.

“Es la primera vez que se implementa una política nacional para el mar”, enfatiza Ferreyra. El costo total del proyecto es de 6,5 millones de pesos, de los cuales, el ministerio aportó más de 4,8 millones. El Conicet y la Universidad de Quebec contribuyen con recursos humanos; la provincia de Chubut también aporta fondos y Canadá, el barco oceanográfico.

Ante una consulta de este diario, sobre si la experiencia científica es también un ejercicio de soberanía, Esteves respondió que “en cierto modo es soberanía conocer lo que tenemos: yo soy un interesado a fondo en saber cómo funciona el mar y, sin conocer, no se puede hacer gestión de esos recursos. Así, en el caso de que se haga explotación offshore de petróleo, que se haga en las mejores condiciones”.

La gestión para el convenio con Canadá demandó un arduo trabajo a cargo de la Dirección de Relaciones Internacionales del ministerio, explicó Karina Pombo, coordinadora del área bilateral. Y si bien Ferreyra no es un científico repatriado, su participación en el programa se concretó a partir del programa Raíces, creado por el ministerio con esa finalidad.

El convenio de colaboración fue firmado el 14 de agosto último. Comprende no sólo el trabajo de investigación en manos de los científicos, sino la capacitación de recursos humanos, de becarios y estudiantes, tanto en la expedición como en el trabajo posterior de análisis de datos, en Argentina y Canadá.

No sólo los 14 científicos que salen a bordo trabajarán en las investigaciones. Los suplantarán otros que aguardan su turno en tierra firme, hasta completar un total de cuarenta.

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Investigadores en acción operan un instrumento capaz de extraer muestras desde distintas profundidades.
 
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