SOCIEDAD › LA MULTISECTORIAL SE MANIFESTO EN CONTRA DE LA INSCRIPCION ONLINE

Una marcha para protestar a 100 días

“Siempre que vengo a un quilombo, te encuentro”, le dio la bienvenida, por sorpresa, un hombre de delantal blanco, parado sobre la avenida Paseo Colón, a otro que se acercaba a la puerta del Ministerio de Educación porteño, a las corridas y todo transpirado. Enseguida, el apurado se dio por aludido y saltó el cordón de la vereda para abrazarlo fuerte. Se había formado un grupito más. Alrededor, algunas más grandes, otras más chicas, rondas de maestros, funcionarios, militantes de organizaciones sociales y políticas, padres y chicos charlaban distendidos y se reían entre bombos, banderas y bocinazos de autos. Todos se conocían y no parecía raro. Esta no era la primera movilización que se realizaba en protesta del sistema de inscripción escolar online, que hasta el momento afecta a más de 11 mil estudiantes, pero era la marcha que se realizaba a los cien días de iniciado el sistema de inscripción tan cuestionado.

“Vine a la marcha porque ningún chico puede estar sin vacantes. Además de una mala distribución de los chicos, el sistema de inscripción online puso en evidencia la falta de vacantes que existe. Es un punto de inflexión que marca la política contra la educación que lleva el Gobierno de la Ciudad. La escuela en vez de integrar a los chicos a la sociedad, los excluye”, indicaba, indignada, Sabrina, maestra titular de la Escuela 17 Blas Parera, de Palermo. “Encima, los mecanismos que se ponen a disposición no son los adecuados. Se ofrece una página web, cuando muchas familias son analfabetas digitales, y un teléfono de reclamos, el 147, que sólo funciona en Capital y no incluye los problemas de los chicos del Gran Buenos Aires que vienen a estudiar acá.”

Entre la multitud que avanzaba por el empedrado de Defensa, Delicia acompañaba, pero con carga. Empujada por los profesores de Orquestas Infantiles, que también venían atrás con sus reclamos a cuestas, en un carrito llevaba con dificultad a sus hijos de uno y tres años, mientras comentaba que “a mí me confirmaron la escuela Don Bosco para los chicos en diciembre. La semana pasada me enteré por la tele de que el gobierno había retirado cupos ya asignados y me metí en el sistema a consultar. Cuando entré, me figuraba que no tenía las vacantes”.

Sin pausa, su relato mutaba a desahogo, mientras sus nenes jugaban despreocupados entre ellos: “Me dijeron que hubo problemas en la asignación, que me las dieron mal y me las tuvieron que sacar. Cuando hice el reclamo, sólo me aceptaron el de Mateo, porque trabajo en el Hospital Gutiérrez. El de Lucrecia directamente no lo atendieron porque no había cupos. Y eso que vivo a nueve cuadras de la escuela también. Vengo a la marcha para ver qué puedo hacer”. A su lado, Rocío, de 18 años, madre de un nene que, desde el comienzo de las asignaciones en diciembre, aguarda en lista de espera por su lugar en la escuela de Don Bosco. “Al comienzo del proceso, por la falta de vacantes, sólo tuve la posibilidad de elegir entre dos escuelas. Desde la Secretaría de Educación me llamaron y me dijeron que tenía que ir a las dos que había elegido para ver si estaba en lista de espera. Yo trabajo y estudio, no tengo un peso. No sé cómo bancarme yo y voy a pagar una guardería”, contaba angustiada.

Entre los manifestantes marchaban los legisladores Gabriela Alegre, Lorena Pokoik, del FpV; José Cruz Campagnoli, de Nuevo Encuentro; el diputado nacional FpV Juan Cabandié; Alejandro Bodart, legislador porteño del MST; Maximiliano Guerrero, de UNEN; y el titular de UTE, Eduardo López, entre otros.

“Francisco estaba en sala de cinco en el Bernasconi, debería haber entrado, pero nos dejaron afuera. Para solucionar el problema, nos propusieron las aulas pasillo. Si bien en el sistema figuraba inscripto, tenía que ir a la escuela para confirmar si estaba en la lista definitiva. No pude entrar porque las autoridades no querían que pasara. Ahora se dice que se detuvieron las aulas y no sé qué hacer”, señalaba Diego, mientras su hijo revoleaba un paraguas negro, fastidioso de estar tanto tiempo parado. “Pude ver las nuevas aulas. Estaban terminadas, pero les faltaban las luces. La de él zafa, pero la de sala de tres es más chiquita y ocupa todo un patio, que funciona de salida de emergencia. Es grave. Además, un pibe tropieza y atraviesa las paredes de Durlock”, agregaba con una sonrisa resignada.

La tarde caía y todos los presentes escuchaban a un orador, el primero que había tomado la voz, al lado del Cabildo. De espaldas, un padre con sus dos hijos, cansados de caminar, tomaban aire sentados en la vereda. El recreo en la Ciudad se había prolongado demasiado.

Informe: Gonzalo Olaberría.

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