SOCIEDAD › CRONICAS DE JUNIN DESPUES DEL ASESINATO DE NAIRA A GOLPES Y EMPUJONES

Cuando la violencia, al fin, mata

Al revés de la percepción falsa sobre lo que ocurre en el país, o quizás exactamente como un espejo de la realidad, los últimos homicidios de Junín revelan que el robo no es la causa más frecuente de asesinato. Página/12 buscó radiografiar los datos y las pistas de la violencia, y también las ideas de cómo frenarla a tiempo.

 Por Martín Granovsky

Desde Junín

El resultado de la investigación judicial es éste: Naira Cofreces, de 17 años, fue asesinada de varios golpes, uno de ellos brutal. Por nada. O porque sí. O quizás haya un móvil, como dicen los criminólogos: una vez discutió en una bailanta de Junín. Ni entraderas ni motochorros. Ni siquiera el arrebato de un celular. Nada de robo. Homicidio puro y duro.

Las presuntas asesinas de Naira están presas.

Cuando el pueblo aún velaba a la adolescente, el joven Jonathan Lavallén, de 24 años, fue asesinado de un puntazo en el pecho por un conocido. En la noche del miércoles 30 hubo una marcha por Jonathan. Unas 20 personas, algunas de ellas en moto, cruzaron el centro de Junín golpeando cacerolas. Caminaban despacio, serias, con expresión dolida, y llevaban un cartel: “Basta de muertes. Justicia”.

El presunto asesino de Jonathan está preso.

También en este caso podría decirse que el asesinato fue por nada, o porque sí. Sin embargo, parece haber existido un móvil. Según pudo saber Página/12, hace siete meses que Jonathan y un hombre de 45 años propietario de un kiosco en Avenida República y Camino del Resero venían sosteniendo una pelea verbal por un lechón. Habían jugado una apuesta con el animalito de premio y uno de ellos no cumplió. Las discusiones fueron subiendo de tono hasta que el último reclamo terminó en el puntazo letal.

El fiscal Javier Roberto Ochaizpuro informó que “la autopsia llevada a cabo por profesionales del Instituto de Investigación y Ciencias Criminales Norte y Policía Forense” arrojó que Lavallén presentaba “una herida de arma blanca, hombro derecho, penetrante, de abajo hacia arriba, de 18 centímetros de profundidad en hemitórax derecho, a la altura de la línea mamilar”. Además, “la víctima presentaba herida cortante en muñeca izquierda y otra lesión en el hombro derecho”.

Los peritos Mirta Mollo y Carolina Pérez establecieron que Naira murió por “paro cardiorrespiratorio de origen traumático” luego de un “severo traumatismo de cráneo encefálico”.

El diablo

Con 90 mil habitantes y a unas tres horas de Buenos Aires por la Ruta 7 que llega a Mendoza, Junín es la ciudad más importante al lado de otras localidades como Chacabuco o Los Toldos, donde nació Eva Perón. Vive de lo que derrama la soja, del comercio y del empleo público. “La tasa de desocupación es baja, del 6,2 por ciento”, informa el intendente Mario Meoni, 48, un radical que fue aliado del kirchnerismo en tiempos de la Concertación y hoy forma parte del Frente Renovador de Sergio Massa. Meoni fue elegido por primera vez en 2003 y revalidado en 2007 y 2011.

Aunque tienen proyectos políticos diferentes, cuando hacen la historia sucinta de Junín tanto el intendente como los dirigentes kirchneristas cuentan que la ciudad cambió con el ataque de Carlos Menem a los ferrocarriles.

“Fijate en esta vía”, sugiere Carolina La Blunda al cruzar un nudo ferroviario rumbo al oeste de la ciudad. La Blunda es funcionaria del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación. Muestra un barrio con pequeños comercios y narra: “Aquí vivían miles de ferroviarios y sus familias. Junín, por los talleres, era tan importante como Tafí en Tucumán”. Uno de los mayores expertos en el estudio de la destrucción del sistema es juninense: Elido Veschi, que dijo no ser supersticioso pero siempre receló del decreto de descuartizamiento de Carlos Menem, al que se opuso. Fue el número 666 de 1989.

Junín tenía el tamaño suficiente como para no seguir el camino de los otros 902 pueblos convertidos en fantasmas, pero ya nada fue lo mismo. “Los ferroviarios tuvieron que hacerse remiseros”, resume La Blunda para explicar cómo un mundo basado en la articulación colectiva del trabajo se fue disgregando.

Las vías distan 15 cuadras de la plaza principal, que por supuesto está flanqueada por la escuela pública, el Banco Nación, la iglesia, el edificio modernoso del Poder Judicial, un hotel, dos bares y la Intendencia. En la actual plaza se ubicaba, en tiempos de Bernardino Rivadavia y Juan Manuel de Rosas, el Fuerte Federación, que procuraba frenar los malones de pampas y ranqueles.

Facilismos

A 20 cuadras de las vías el panorama cambia. Languidecen las luces, las casas se hacen más humildes y aparecen los monoblocks de vivienda social construidos por el Fonavi. El barrio no tiene nombre. Alguna vez fue conocido como “El Bronx de Junín”, seguramente por cierta pesadez que hizo recordar alguna escena de callejón neoyorquino pasada por la tele. La zona no tiene nada en común con una villa del Gran Buenos Aires o de la Ciudad Autónoma. Ni con las villas viejas más urbanizadas ni con las villas nuevas surcadas por pasillos. En las cercanías hay más rejas que en el resto de la ciudad pero menos que en cualquier cuadra de Lanús o de Lugano I y II.

El miércoles a la noche, después de dos días de duelo, estaba abierta y trabajando la escuela nocturna número cinco Fuerte Federación, en Vuelta de Obligado y Cabrera. La calle lucía iluminada por el club que está frente a ella y sus reflectores para las canchas de tenis. Un docente que pidió reserva de su nombre dijo que la noche del asesinato de Naira, alumna de la escuela tanto como sus tres presuntas asesinas, los reflectores estaban apagados. Saliendo de la escuela a la derecha el paredón de ladrillos a la vista revestía un aspecto penumbroso el día en que Naira fue empujada con tal violencia que terminó con una fractura de cráneo de cuatro centímetros. También le pegaron patadas y la cortaron con una tijera.

El ataque sólo frenó porque de casualidad dos docentes, uno de ellos el subdirector de la escuela, salieron a la calle y fueron alertados sobre una pelea. No había pelea sino agresión contra una chica. La aparición de los docentes paró los golpes. También llamaron a la emergencia, que en lugar de internar a Naira en prevención la dejó ir a su casa. Luego, cuando la familia la envió al hospital, ya era tarde. Su cerebro estaba lleno de coágulos.

El mito urbano mencionó estos días una escuela abandonada y sin rumbo pedagógico. Tal vez sea un modo facilista de entender el ambiente que rodea al asesinato de una chica de 17 años cuando el homicidio no tiene ninguna relación con el robo de bienes. Una breve recorrida por Fuerte Federación permite ver una escuela bien pintada, equipada y limpia. En una de las aulas un mural dice: “Basta de violencia”. A las diez de la noche llega un patrullero. La escuela lo pidió mientras se tramite el sumario, para proteger a los testigos. Normalmente no hay custodia, ni falta que hace. Según La Blunda, que como psicóloga trabajó en el Equipo de Orientación Escolar (gabinete psicopedagógico) de la escuela, alrededor del 2005 había un patrullero, pero la razón era otra: los docentes a menudo sufrían robos a la entrada o a la salida de su trabajo.

Más allá de alguna pelea, según la dirección de la escuela no hubo episodios densos o violentos en los últimos 25 años. La directora, Nancy Iglesias, dijo que Fuerte Federación “no tenía antecedentes de violencia ni problemas de ese tipo, pese a convivir con una población vulnerable”. Afirmó que “no existen problemas de droga o de violencia dentro de la escuela ni ha habido agresiones contra los docentes, porque funciona un código de convivencia, que se cumple”. Iglesias dijo que la animosidad contra Naira comenzó una semana antes en una bailanta, y que fue “por un chico”.

Patricio Díaz dirige Desarrollo Local Sustentable, una ONG que trabaja con microemprendedores. Es periodista, militante del kirchnerista Partido Solidario y docente de secundaria y del ciclo terciario. En el comercial donde da clase hay “más agresiones en la forma de relacionarse y más maldad en la burla normal” pero pese a los problemas “las cosas no pasan a mayores”. Se queja de que los docentes no abordan lo suficiente estos hechos y que a veces se burlan de la mayor inclusión. “Es un concepto equivocado, porque la escuela puede trabajar mejor si los chicos están adentro y no afuera, aunque sea el lugar donde los problemas llegan, o justamente por eso. En la escuela no están los orígenes sino que se expresan los resultados.”

Francina Sierra, del Sindicato Unico de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires, Suteba, dijo que “la escuela no genera violencia sino que es la receptora de las manifestaciones finales porque en general garantiza a los chicos un piso de derechos y un lugar de expresión que tal vez sea el único”.

En cuanto a los peligros, para Díaz más que en el sistema educativo están en las salidas de los viernes o los sábados, cuando la media de alcohol sube. Al mismo tiempo, al margen de sus diferencias políticas con Meoni Díaz advierte contra supuestas teorías como la “conurbanización” de Junín, idea que según él algunos medios repiten sin análisis ni comparación de datos y a su vez es replicada por la misma población de Junín.

La violencia, o el encadenamiento de violencias, asoma a cada momento como un fenómeno que nadie termina de explicar.

Para Andrés Rosa, director de Asistencia a la Víctima de la Municipalidad de Junín, “el primer disparador de un conflicto serio es la amenaza de producir un daño”. Sostiene Rosa que “de cada diez alumnos, cinco admiten haber recibido una amenaza y siete de cada diez presenciaron agresiones”. También apunta que “muchos chicos y chicas son víctimas o testigos de violencia en sus casas”.

La misma noche del 23 de abril en que Naira fue golpeada y comenzó a agonizar, las tres atacantes fueron hasta la casa de otra chica, Lucila. No la encontraron. Siguieron buscándola hasta que en la calle la vieron en la moto junto a su novio. Llovieron los golpes y a ella la bajaron de la moto, que luego patearon. El novio protegió a la chica y luego hizo la denuncia. Podría haber sido un homicidio más.

Si bien ni con Lucila ni con Naira hubo un plan asesino, la Justicia descarta el homicidio preterintencional. “No es lo mismo que en una pelea uno se caiga y dé su cabeza contra la punta de una silla y se muera, que una pelea en la que alguien sacuda a otro contra la punta de la silla hasta fracturarlo”, dijo un magistrado que declinó dar su identidad. El magistrado aportó un dato importante: “Hay registro de comunicaciones entre las dos detenidas de 22 y 29 en las que acuerdan ir a pegar”. Es decir que, una vez comenzada la agresión, los golpes pudieron haber sido más violentos pero la agresión en sí misma estaba planificada y no se trató de un encuentro pactado al estilo del común, por ejemplo, entre dos barras de fútbol.

“Lo que hay que evitar a toda costa es que el primer contacto con el Estado de una persona menor de edad se produzca porque cometió un delito”, dijo a Página/12 el fiscal del fuero juvenil José Alvite. “Antes deben estar la salud, la educación, la contención social, la preocupación por las condiciones cotidianas de vida”, dijo Alvite.

Para el fiscal general Juan Manuel Mastrorilli la preocupación es que “surgen hechos de violencia que se dan sin ningún tipo de mediación previa de ninguna institución pública”.

Articular

Sin que nadie aporte datos concluyentes, y menos para pensar que Junín se transformó en la Ciudad Juárez del noroeste bonaerense, los distintos interlocutores de este diario mencionaron la existencia de kioscos de venta de droga como un elemento más del paisaje social de la ciudad.

“Será chiquitaje, pero el chiquitaje termina generando violencia”, dijo un dirigente afín al kirchnerismo.

“El intendente siempre pone la información disponible que recoge a disposición de la Policía Bonaerense, así que vaya a saber por qué no solucionan el tema”, dijo un dirigente próximo a Meoni.

La Blunda critica a la intendencia. “No hay una red local fuerte para contener situaciones nuevas de violencia que no tengan que ver con el robo a la propiedad privada. Hay mesas sobre violencia y hay un foro de seguridad, pero una mesa no asegura automáticamente la formación de una red, y es sólo la red la que fortalece al conjunto de quienes la forman. Será una utopía lo que digo, pero el único camino es la articulación entre la instancia nacional, la provincial y la del municipio.”

A diferencia de otros debates (cómo debe ser un nuevo Código Penal, cuáles son los orígenes y las soluciones para la inflación) entre las principales fuerzas políticas de Junín no parece haber diferencias prácticas y tampoco ideológicas. Meoni coincide con la idea de la articulación, pero agrega que el resto de las jurisdicciones debe comprometerse más. En simetría a la crítica de que podría hacer más, responde que la intendencia trabaja en lo que corresponde y que no deja “ninguna política pública buena por adoptar, venga de donde venga”. Pone el ejemplo de un programa importado de Paraná para fortalecer el afecto en el proceso educativo.

Nadie en Junín parece discutir, tampoco, el peligro de la violencia naturalizada o el riesgo de la violencia encadenada, fenómenos extremos que difícilmente puedan ser englobados en el bullying escolar o en la hostilidad escolar ejercida sistemáticamente por compañeros de curso. Un bully es un matón que amenaza a los más débiles que él. El verbo to bully es meter miedo, herir o amenazar sobre todo a alguien más débil o más pequeño, u obligarlo a hacer algo contra su voluntad usando la fuerza o insultándolo. Si casos como el de Naira son bullying, está claro que no se trataría del típico bullying escolar sino de violencia ajena a la lógica educativa.

Más claro aún es el antecedente de marzo de 2013, cuando otra chica de la escuela número cinco fue asesinada de un balazo. Se llamaba Karen Campos, atendía un kiosco y tenía 17 años. Nada había sucedido en la escuela. El de Karen fue uno de los pocos casos de asesinato en ocasión de robo.

Saliendo de la historia de Karen y volviendo a la de Naira, la mirada de una docente de la escuela Fuerte Federación que pidió reserva de nombre hasta que el panorama aclare incluye otros elementos.

Dijo que hay “individualismo”.

Que existe lo que definió como “un problema de valores”.

Que esos problemas no se generan en la escuela, sino que se expresan en ella.

Que una expresión es la desaprensión en el uso por parte de algunos o algunas de las netbooks de Conectar Igualdad.

Que los padres no quieren ponerse firmes.

Que sin arbitrariedad la escuela debe ponerse firme igual.

Que la escuela está desaprovechada, por ejemplo en la falta de uso de los dos mil libros de su biblioteca.

Que ahora muchos alumnos van a la nocturna para cobrar los 600 pesos que el Plan Progresar permite a jóvenes de 18 a 24 años que no trabajan, o lo hacen informalmente o con ingresos inferiores al mínimo. El dinero se pierde si no hay contraprestación de asistencia a clase.

La combinación de docentes no demagogos con una realidad social cada vez más compleja podría plantear una secuencia infinita de preguntas. La escuela, ¿sirve? ¿No tiene responsabilidad en que los libros no se usen? ¿Está pedagógicamente al día? ¿Y los docentes? ¿Está mal el Plan Progresar para que haya jóvenes en las escuelas, así sea por un interés económico inmediato, o estará mal cuando deje de articular un mejoramiento de los incluidos y descanse sólo en los 600 pesos?

El hospital y la intendencia

Igual que el resto de los entrevistados, Carlos Garve tampoco tiene una actitud de concesión graciosa frente a la violencia. Garve es al mismo tiempo concejal del Frente para la Victoria y director del Hospital Abraham Piñeyro. En la mañana fría del 1º de mayo Garve, a quien llaman El Piojo, estaba recorriendo el hospital. El Piñeyro tiene una parte alegre en la maternidad con sus paredes repletas de graffiti. “Hijo, te esperé y te amo”, dice una inscripción con marcador grueso.

Garve, militante peronista de La Plata en los ’70, nacido y criado en Junín, parece no sentirse cómodo con el simplismo o la ignorancia de contradicciones que surgen de la realidad.

“Hay maltrato familiar y maltrato social”, dijo. Explicó que no hay una penetración del narcotráfico como en otras ciudades del país, pero que los llamados kioscos, para la venta al menudeo, existen.

Dijo que está preocupado por los chicos corriendo picadas en moto, por la reacción mala de muchos de ellos cuando él les dice algo por la calle y encima por la falta de cascos. “Hasta lo tratamos en audiencia pública en el Concejo Deliberante”, informó. “No estuvo mal llegar a un diagnóstico y asumir propuesta de mayor compromiso en favor de la existencia de un transporte público que hoy brilla por su ausencia.”

Garve está preocupado también por la suba en el consumo de alcohol y, en otro ejemplo de cadena, narró: “Cuando fue el asesinato de Karen Campos, sus amigos estaban indignados. O sea, estaban indignados los que tomaban hasta emborracharse en el kiosco de Karen y quizá después molestasen a otros chicos en la calle, en un daño que ni pensaban que estaban haciendo”.

“Como sociedad tenemos que hacernos cargo de nuestros hijos”, dijo Garve. “Analizar en profundidad qué efecto tiene la precocidad cada vez mayor de la iniciación sexual si se suma a la prolongación de la adolescencia.”

Según el director del hospital, “todavía pagamos las consecuencias de la dictadura y de la disgregación social que fue del ’89 al 2001, con su banalización de la política y de la vida”. Garve dijo que ante este panorama “el intendente no puede decir que está consternado, porque él está obligado a hacer algo”.

Sobre la historia, Meoni dio a Página/12 una visión que no difiere de la aportada por La Blunda o Garve. “El golpe al Junín ferroviario, corazón de Junín, fue tremendo por sus efectos sociales de larga duración”, dijo.

El intendente se quejó de la “falta de un mayor trabajo bonaerense y nacional” y dijo que usaba todos los programas útiles, como el Plan Envión de origen provincial y la ayuda para microemprendimientos.

Sobre el origen de la violencia como la que fue utilizada hasta terminar con la muerte de Naira o de Jonathan dijo que “no nació hace quince días, sino que se viene incrementando de dos años a esta parte”. Dijo que si hay pérdida de valores, “comenzó hace más de veinte años con pérdida de derechos sociales y educativos”.

Se mostró preocupado por la falta de afecto que experimentan muchos chicos y por el nivel de violencia dentro de las familias, que trata, según dijo, una mesa específica.

Y señaló Meoni que “una de las vías de mejoramiento de la situación es llegar a contar con referentes barriales, no necesariamente dentro de la política”.

Eva y Lebensohn

En la plaza principal todavía está la escuela número uno Catalina de Estrugamou, donde Eva Perón cursó los últimos grados de la primaria. Juana, su madre, llegó con ella a Junín en 1930. Eva dejó la ciudad en 1935, a los 16 años. Volvió diez años después, el 22 de octubre de 1945, para casarse por civil con Juan Perón en la casona de la Escribanía Ordiales, en la esquina de Arias y Quintana. El casamiento religioso se celebraría después en La Plata.

En 1931 un abogado de 24 años, Moisés Lebensohn, fundó en Junín el diario Democracia, que todavía existe. Comprometido con el radicalismo de raíz social, desde que se conocieron en Junín, Lebensohn mantuvo siempre con Evita una relación de cordialidad que no se rompió ni siquiera cuando fue uno de los máximos opositores a Juan Domingo Perón.

La existencia de Evita y Lebensohn no basta para convertir a Junín en el centro de la historia argentina de la primera mitad del siglo XX. Ambos fueron emergentes de una pampa de inmigrantes pobres.

Los asesinatos no alcanzan a transformar a Junín en el centro de la violencia extrema de la Argentina. Pero, como se recortan sobre un horizonte donde el principal motivo no es el robo, los casos pueden servir para estudiar más a fondo con las cadenas violentas que enlazan a un Estado intermitente, una banda agresiva y una casa inhóspita. Es el fenómeno que llevó al estudioso Javier Auyero a titular uno de sus últimos libros La violencia en los márgenes.

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