SOCIEDAD › LA ESPECIALISTA ROXANA MORDUCHOWICZ Y SU LIBRO SOBRE LOS CHICOS Y LAS NUEVAS TECNOLOGíAS

Preguntas que tienen respuesta

Morduchowicz, especialista en culturas juveniles, analiza en su nuevo libro, Los chicos y las pantallas: Las respuestas que todos buscamos, el uso de las nuevas tecnologías, la necesidad de reconocerlas y los interrogantes de los padres.

Frente a una sociedad en la que el avance de nuevas tecnologías como celulares, computadoras o televisores se extiende cada vez a mayores sectores por sus menores costos y se vuelve mucho más complejo, el dominio de estos aparatos de uso individual y con miles de posibilidades se encuentra del lado de los jóvenes. Los adultos, con menores destrezas, crecieron de la mano de los medios gráficos, la radio y la televisión, y suelen tener muchas dudas con respecto a la relación que mantienen los niños y adolescentes con esta nueva oferta, vínculo que les es ajeno y en el que les es difícil intervenir. Roxana Morduchowicz, doctora en Comunicación y especialista en culturas juveniles, reconoce este escenario pero no lo dramatiza. “Las nuevas tecnologías tienen un gran potencial y los chicos, un excelente manejo instrumental de ellas. Para poder obtener el consumo más rico posible es necesario que los padres y la escuela los ayuden y aporten su experiencia y sentido crítico”, explica a Página/12. En su nuevo libro Los chicos y las pantallas: Las respuestas que todos buscamos, reúne las 57 preguntas más frecuentes de los adultos para ofrecer una mirada que permita comprender y acercarse a la cultura juvenil del siglo XXI.

–¿Cómo surgió la idea de hacer el libro?

–En los últimos años recibí muchas preguntas de padres y docentes porque la tecnología cambia constantemente y estamos frente a una nueva generación que nació y vive en un mundo visual. Las pantallas del celular, la computadora y la televisión son muy valoradas por los jóvenes. En una casa hay más pantallas que diarios, y esto cambió sus comportamientos: tienen nuevas maneras de aprender, de acceder a información, de leer y escribir, de relacionarse y construir sus propias identidades. Entonces, este libro es una herramienta que ayuda a pensar ese vínculo para poder acercarse a los hijos, nietos o alumnos.

–¿Cómo cambian los chicos?

–Particularmente me sorprende que hacen todo al mismo tiempo, distinto de los adultos, que realizan sus actividades de manera lineal, una cosa por vez. Son de una generación que llamo multifunción: miran la televisión mientras navegan en Internet, chatean y hacen la tarea en simultáneo. Hoy la identidad de los chicos se vincula con la tecnología, es un espacio del que se apropian y en el que se preguntan quiénes son y cómo se ven. A partir de los perfiles de sus redes sociales, por ejemplo, deciden incluir y omitir determinadas informaciones personales para construir la forma en que quieren ser o quieren ser vistos. Con los nuevos medios, los chicos aprendieron a leer en distintos soportes en forma simultánea, fragmentada y con fines que son de su interés investigar. No hay ningún estudio que demuestre que leen poco, lo siguen haciendo pero de manera distinta. También deciden socializar diferente. Si la generación anterior prefería juntarse en un café o en un shopping, los chicos de ahora lo hacen por Facebook. Esto no quiere decir que sean antisociales, disponen de muchos otros medios distintos, como el chat o las redes sociales. A través de estas posibilidades se contactan con gente que ya conocen, refuerzan los vínculos cara a cara. Los adolescentes de hoy siguen prefiriendo salir con amigos, hay una minoría que chatea con desconocidos. Es en estos casos donde los padres y la escuela tienen que intervenir y explicarles los alcances de la tecnología para un uso seguro.

–¿Cuál es la relación de los padres con la tecnología?

–La mayoría tiene temor a la tecnología porque sienten que los chicos saben más que ellos. Esto es cierto a medias. Los jóvenes tienen un saber instrumental, pero la experiencia y el sentido crítico son de los adultos. Estos nuevos medios permiten socializar a través de una pantalla, tener acceso a una biblioteca ilimitada o crear producciones audiovisuales propias. Pero, para un uso productivo, la escuela y la familia tienen el desafío de asesorar a los chicos. Si bien es interesante que tengan conocimientos en tecnología, no es determinante para ayudarlos.

–¿Cuáles son sus preguntas más habituales?

–Las preguntas que más hacen son cómo evitar que sus chicos suban información personal, sobre los temas del bullying y cyberbullying, a qué edad darle el primer celular o si es conveniente equipar a los chicos con tecnología en sus cuartos. Las nuevas tecnologías hicieron que la imagen clásica de la familia reunida alrededor de la televisión desaparezca; ahora hay consumos más individualizados donde los jóvenes pasan horas en sus habitaciones con la computadora o el celular, y se hace más difícil para los padres conocer los usos que le dan y sus gustos. Por lo general, se les recomienda no acercar a sus chicos a las pantallas hasta los tres años para que puedan experimentar el mundo, que hasta los 12 años eviten equiparles los cuartos con tecnología, que ubiquen la computadora en lugares compartidos y se construyan códigos con normas de uso, que les enseñen a analizar e interpretar la abundante información que manejan con Internet, que les expliquen que no es conveniente subir datos personales, o los alienten a mezclar el uso de la tecnología con salidas o actividades deportivas. Lo importante es estar al tanto de los usos que hacen de las pantallas, no de sus contenidos.

Entrevista: Gonzalo Olaberría.

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La autora sostiene la necesidad de que padres y escuelas aporten su experiencia crítica.
Imagen: Luciana Granovsky
 
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