SOCIEDAD › GRUPOS DE REFLEXION SOBRE TEMAS FEMENINOS, UNA TENDENCIA QUE CRECE EN LOS SECTORES MEDIOS URBANOS

Los círculos de mujeres

Se reúnen en una casa cualquiera para un taller sobre el ciclo menstrual, un ritual de bendición del útero o una lectura compartida. No se definen como feministas, pero impulsan la autonomía de sus cuerpos. Dos investigadoras del Conicet explican las características de un fenómeno que cada vez tiene más adherentes.

 Por Mariana Carbajal

Mujeres que se juntan para compartir un ritual de bendición del útero en días de luna llena. Mujeres que participan de talleres de conocimiento del ciclo menstrual o de lectura del clásico libro de Clarissa Pinkola Estés, Mujeres que corren con los lobos, o sobre el uso intravaginal de la piedra de obsidiana. En los últimos años se multiplicaron espacios de búsqueda espiritual y empoderamiento femenino. Los llaman –genéricamente– círculos de mujeres. Quienes los transitan no se definen como feministas. Pero hablan de la autonomía del cuerpo y desafían los cánones de belleza que imponen las chicas de tapa. ¿Cómo pensar estas prácticas? ¿Cómo parte de la cultura new age o de un fenómeno posfeminista? Página/12 entrevistó a dos investigadoras del Conicet, Karina Felitti y Silvia Elizalde, que ponen la lupa sobre estas prácticas y comparten sus miradas y contrapuntos en torno a un fenómeno que se está expandiendo entre jóvenes y no tanto, de sectores medios urbanos.

“En primer lugar, me parece importante no exotizar ni estereotipar estas prácticas. De hecho, desde una lectura prejuiciosa o del sentido común podría pensarse que estas mujeres son un grupo minoritario de neohippies que poco o mal le aportan al feminismo en sus demandas de ampliación de derechos con sus propuestas de celebración del ciclo menstrual, de articulación orgánica con la naturaleza y de búsqueda de lo sagrado femenino. Sin embargo, desde mi compromiso con los temas de género y la investigación científica, la operación crítica más significativa que puedo hacer pasa, justamente, por evitar su folklorización y por asumir una actitud exploratoria respetuosa de los argumentos y las formas que asume la nueva cultura que estas mujeres dicen estar creando”, dice Elizalde, cuyo tema de estudio son las nuevas feminidades juveniles, plasmado, entre otros escritos, en su reciente libro Tiempo de chicas. Felitti, autora del libro La Revolución de la píldora. Sexualidades y políticas en los sesenta, analiza el fenómeno más desde la cultura de la nueva era y las promesas de liberación y empoderamiento que transmiten. Pero las dos investigadoras del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA tienen puntos de encuentro en sus análisis. En un diálogo conjunto, cuentan sus experiencias vivenciales, los rituales que reproducen en estos espacios, su lenguaje de la “amorosidad”.

–¿Cómo llegan a los círculos de mujeres?

K. F.: –Estoy investigando los discursos y experiencias de la liberación sexual y empoderamiento femenino, focalizándome en los sectores medios, investigo venta de juguetes sexuales, lencería erótica, cursos de seducción, de striptease o de burlesque y en algunos trayectos que compartimos con Silvia nos encontramos con mujeres mayoritariamente de entre 30 y 50 años que participan de los círculos de mujeres.

S. E.: Siempre mi campo de trabajo son las jóvenes. Mi pregunta desde hace un tiempo, también focalizada en mujeres de sectores medios urbanos, tiene que ver con los legados del feminismo en las nuevas generaciones y los modos en que se están construyendo nuevas feminidades. No miro a las jóvenes organizadas –que son las que encontramos en los encuentros nacionales de mujeres, básicamente, o en las secciones de género de los partidos políticos o de los centros de estudiantes–, miro a las chicas comunes, que han hecho un recorrido experiencial y biográfico que tiene que ver con encontrar en el universo de lo femenino y espiritual un sentido vital y a partir de eso, un principio de organización de sus prácticas. La pregunta que me hacía es cómo impacta el feminismo en estas chicas. Y básicamente los espacios en donde estoy observando tienen que ver con los llamados círculos de mujeres.

–¿Cómo los definirían?

S. E.: –Son espacios de encuentro de mujeres. No son solo jóvenes, aunque una gran mayoría lo son. Otras, por ejemplo, son mujeres que han llegado a la menopausia y necesitan un espacio de contención que no lo encuentran en la ginecóloga o el ginecólogo, o que quieren trascender esa charla de amigas y encontrarse con otras.

K. F.: –Hay ceremonias rituales como la bendición del útero, grupos de lectura de determinados libros como por ejemplo, uno que es clave para estos movimientos, Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés, y hay también talleres en relación al ciclo menstrual. Es como una cadena. Vos vas a un círculo y es probable que te inviten a otro porque la mujer que motiva el círculo después va a dar un taller o de respiración o de danza ovárica, o de útero. Es un circuito. Vos no tenés que participar en todo pero se van encadenando. Te vas enterando a través de Facebook, por darle “me gusta” en una página, te sugiere otra. Y también por el boca a boca. Al primer círculo que fui –y después empezamos a ir juntas con Silvia– llegué porque estaba investigando la copa menstrual. Investigando quién la revendía, llegué a una chica que me dice: “Hoy a la noche que hay luna llena, hacemos un círculo”. ¿Qué es un círculo?, pregunto. “Tenés que venir”, me dice. “Somos muchas mujeres que nos juntamos a hablar de nuestras cosas. Si estudias género te va a gustar. Te vas a sentir como nueva”. Esto era en su casa, a la noche. Más allá de cómo uno pueda definir cada uno de sus espacios, que tienen sus propias lógicas, diferentes, yo llegué a un círculo por ir a investigar la copa. No significa que todas las mujeres que vayan a un círculo o a uno de estos talleres vayan a utilizar la copa, o sean veganas, o vegetarianas, o hagan yoga, pero en general, hay un entrecruzamiento de prácticas y de consumos. También hay ciertas características de vestimenta o lookeo pero no es una regla. En los talleres de menstruación, tenés mujeres que incluso ya no están menstruando, pero que van a sanar su historia menstrual. Es muy variada la oferta y también la demanda y por eso se vuelve interesante estudiarlo como fenómeno.

–¿Qué se trabaja en esos talleres?

K. F.: –Son talleres de reflexión. Hay una parte de información en el sentido de desligarte de una cuestión médica y pensar el ciclo menstrual desde lo médico/biológico para darle un contenido más espiritual o sagrado, y a la vez más tangible y personal, siguiendo las lecturas del libro de Miranda Gray Luna Roja. Emplea los dones creativos, sexuales y espirituales del ciclo menstrual, y de otras personas que también han trabajado sobre las fases del ciclo menstrual a partir de arquetipos, dividiéndolo en cuatro fases, características diferentes, la etapa de la Doncella, de la Madre, de la Hechicera, y de la Bruja.

S. E.: –Cada fase lunar corresponde a un arquetipo femenino. La Hechicera, por caso, representa a la mujer intuitiva, la conocedora por experiencia, con una clarividencia especial.

K. F.: –Podés encontrar mujeres que van a conocer esas otras aproximaciones, a contar sus propias experiencias, a escuchar a otras, porque tienen nietas o hijas y quieren acompañar a las niñas en estos procesos de la menarca, en los primeros ciclos, o las primeras lunas, como los llaman, con esta otra mirada, que no está enfocada en “no te manches”, qué producto tenés que usar, sino en cómo vos vas viviendo el ciclo. En uno de los talleres que era de cuatro encuentros, la propuesta era hacer un cuaderno con dibujos, con frases, para regalárselo a una niña. Hay algo que tiene que ver con la genealogía, el legado, el pasaje, cuando se invoca a ancestras y se respeta a mujeres mayores y se las ve como fuente de sabiduría, en un mundo donde ser mayor no inspira respeto, al contrario.

S. E.: –Se da cierta dinámica ritual. En primer lugar, honrar la figura misma del círculo como un lugar donde no hay centro, donde la palabra y la energía circulan, y el saber es horizontal. Hay alguna facilitadora, que pone la casa o es la que convoca, pero la metodología de todos los círculos están inspirados en un libro que se convirtió en referencia y que se llama El millonésimo círculo, de Jean Shinoda Bolen, en el que la consigna es que cualquier mujer con voluntad puede generar su propio encuentro de mujeres. No hay jerarquías, no hay formaciones previas, es una potestad que todas podríamos ejercer. Se ahúma, se prende un caldero con hierbas o palo santo para limpiarse de las energías que vienen del exterior; se pasa un cántaro con agua, o con gotas de aceites aromatizantes. Se puede pedir una intención, invocar alguna mujer o algunas mujeres del linaje femenino familiar o de la referencia más amplia. De alguna manera el objetivo es honrar, celebrar lo femenino. El desarrollo suele estar vinculado después con algún tópico en especial. Por ejemplo, la sexualidad femenina, el ciclo menstrual, o el uso de la piedra de obsidiana, que es una piedra de origen volcánico que se utiliza intravaginalmente con fines, por un lado, medicinales, dado que reequilibraría los desfasajes energéticos que producen las enfermedades o los malestares ginecológicos y los repararía. Se dice, así, que ayuda a sanar quistes ováricos, miomas, infecciones urinarias. Y, por el otro, se la usa con un propósito de mayor trascendencia, al considerarla poderosa para “sanar” las sombras femeninas. Las sombras serían los elementos inconscientes que todas las mujeres tenemos, en relación con haber sido el objeto de sujeción y de opresión del patriarcado. De hecho, es interesante observar que en los círculos de mujeres se maneja todo un lenguaje de empoderamiento, donde se nombra al sexismo y al patriarcado como las construcciones culturales e ideológicas opresivas que son.

K. F.: –Lo que no hay en muchos casos es una reivindicación explícita del feminismo aunque es difícil generalizarlo. Algunas de las mujeres, las que más motivan, las que son referentes, van a decir que el feminismo tiene un discurso de lucha. Ya de por sí la palabra lucha no les suena, no es una palabra que vaya a convocarlas.

S. E.: –Yo tengo un contrapunto con Karina. Lo que estoy viendo desde hace un año y medio no lo explico en una relación directa con el discurso de la Nueva Era. Hay una espiritualidad femenina que el mismo feminismo ha reconocido en alguna de sus vertientes, y me parece que estas mujeres, que no se nombran a sí mismas como feministas, tampoco reniegan del feminismo porque sus prácticas no están en contradicción con la autonomía del cuerpo, el derecho al placer, o el anhelo de una vida sin violencia machista y patriarcal. Lo interesante es pensar si esto no es finalmente un conjunto de prácticas, unos circuitos y unos procesos que primero solo son posibles por lo que abrió el feminismo, y al mismo tiempo le dan una vuelta, o resignifican sus legados en una clave femenina y espiritual específica.

–¿En qué sentido lo dice? ¿Qué valores aparecen?

S. E.: –Las participantes de estos espacios sostienen que las mujeres somos creativas, asertivas y cultoras “naturales” de la no violencia. Piensan que la creatividad de las mujeres no nace de lo que nos dice nuestra cultura sino de la fuerza de nuestro útero, de la capacidad de encontrar nuestro propio centro, en el cuerpo físico pero también desde una dimensión sagrada o de trascendencia. Lo espiritual o ritual no tiene que ver aquí con un componente religioso en un sentido estricto. Lo que veo es que muchas mujeres van al Encuentro Nacional de Mujeres y lamentan no encontrar un taller donde se hable de ginecología natural o donde se planteen desde otras miradas algunos temas generales del feminismo. Postulan la necesidad de que las mujeres den lugar en sus vidas a una reconexión con el orden natural. Ahora bien, desde la perspectiva de la deconstrucción y el giro posestructuralista a esta parte, podríamos pensar que esto es meramente un gesto conservador, una suerte de regreso al binomio mujer-naturaleza donde se vuelve a ubicar a la mujer en un lugar dependiente e irracional. Pero ellas no piensan que la Naturaleza las infantiliza, las “biologiza” o las vuelve esclavas. No proponen una vuelta sin más a la Naturaleza sino una reconexión con la Naturaleza en el siglo XXI. No reniegan de la medicina moderna sino de la medicalización extendida y de la patologización de ciertos procesos principalmente femeninos como el embarazo, el ciclo menstrual, el parto. Tampoco están en contra del aborto, ni mucho menos. No digo que no haya diferentes opiniones sobre este punto, porque sí los hay, pero sería erróneo aplicar etiquetas prejuiciosas al respecto.

–¿Se puede hablar de un movimiento?

S. E.: –No es un movimiento en tanto agrupación.

K. F.: –Yo lo veo como parte de la cultura de la Nueva Era y espiritualidades, pero también lo reconozco vinculado a la historia del feminismo En los círculos donde hay espacio para la reflexión personal, me recuerdan mucho a los talleres de concienciación del feminismo de los ‘60 y de los ‘70, donde surge esta cuestión de “lo personal es político”. Hay algo de eso. También del feminismo ecologista, del feminismo espiritualista pero que en Argentina no tuvo gran difusión.

S. E.: –En primer lugar, coincido en que para el feminismo las prácticas de estas mujeres, que son prácticas culturales, de una nueva sociabilidad, incomodan mucho. Justamente, estamos en un momento en que como incomoda hay pocas haciéndose cargo de que esto está pulsando muy fuerte. Son muchas. Si voy a un taller de danza ovárica, por ejemplo, son veinte, treinta mujeres, que un domingo están cinco horas reunidas. Hay decenas de círculos de mujeres activos en la ciudad. Y la verdad, debo decir, que el trabajo de campo supone una profunda implicación corporal y lo que devuelven estos registros de campo es de una gran satisfacción. Porque devuelve una relación entre mujeres que instala la confianza, la sororidad, la celebración mutua, el no juzgamiento, que es muy difícil de encontrar por fuera del feminismo organizado, y ni hablar en las propuestas de la cultura de masas, que instala la competencia entre mujeres como una condición sine qua non, con el argumento de la batalla por la belleza, el ascenso profesional o la juventud. No puedo aseverar que en los círculos se suspenda necesariamente o de forma absoluta el peso de estos mandatos, pero sí que se relativizan, se interpelan, y empieza a tener lugar un discurso donde no se trata de juzgar tu equivocación o tu acierto, o tu grado de progresismo. En los círculos las mujeres confiesan muchas cosas a otras, comparten mucho. Desde una mirada externa y a priorística podría pensarse que tienen un alto nivel de pacatismo sexual. Y de ninguna manera es así, todas quieren gozar, aprender a gozar mejor, conocer su cuerpo para eso, sentirse lindas y deseables, pero bajo otra lógica y criterios. Donde estar lindas y sensuales no significa que tengo –como dice la publicidad del auto– que depilarme si tengo una cita, no. Justamente, no estoy depilada, no pasa nada. Porque esta soy yo. Y no soy solamente tal aspecto de mí, sino una integralidad en la que convive mi cuerpo concreto en vínculo con una dimensión sagrada, trascendente, de mi cuerpo y de mi sexualidad.

K. F.: –En estos talleres, cuando se habla de sexualidad, hay una invitación permanente a la exploración corporal, a que te toques, a que te conozcas. Con esto de nuevo vuelvo con la cita del feminismo de los ´60 y ‘70 que en los grupos se miraban la vagina con un espejo. Este tipo de invitación es bien concreta y sigue presente. La facilitadora de algunos talleres que hicimos en vez de hablar de masturbación, habla de “masamarse” para resignificar la palabra y sacar la idea de que es algo que turba como algo incómodo. Y con el ciclo menstrual, a partir de ir reconociendo sus fases, ir viendo salidas alternativas a tomarte un ibuprofeno, como ejercicios de respiración, aprovechar lo que marca el ciclo en relación a tus capacidades o incapacidades. Reconocer que en determinados días necesitaría estar más tranquila, que en otros estoy más creativa, que en aquellos estoy con menos fuerza para ir a una reunión a negociar algo difícil.

–¿Cuándo empezaron?

S. E.: –Se expandieron enormemente en los últimos años. Hace unos 15 años que escucho de círculos, pero ahora están muy extendidos.

–¿Este movimiento viene de otros países?

K. F.: –No son prácticas nuevas, lo que parece como novedoso es que sean las mujeres de clase media urbana las que estén activándolas y la rapidez con las que se difunden a partir de la red que se teje personal y virtual.

Compartir: 

Twitter
 

Silvia Elizalde y Karina Felitti, dos investigadoras con la lupa en las nuevas prácticas femeninas.
 
SOCIEDAD
 indice
  • GRUPOS DE REFLEXION SOBRE TEMAS FEMENINOS, UNA TENDENCIA QUE CRECE EN LOS SECTORES MEDIOS URBANOS
    Los círculos de mujeres
    Por Mariana Carbajal
  • DIALOGO CON LA HISTORIADORA Y ESPECIALISTA EN MEMORIA REGINE ROBIN
    Europa y su memoria
    Por Eduardo Jozami

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.