SOCIEDAD › LA MODA DE LOS BALNEARIOS HIPERACTIVOS, CON EJERCICIOS ANTIESTRES

Playas prohibidas para quietos

Spinning, deportes, pileta, caminatas forzadas, entrenadores que apuran: una tendencia de esta temporada son los balnearios marplatenses donde no queda tiempo ni hay lugar para quedarse quieto. Todo tipo de actividades.

Por Carlos Rodríguez
Desde Mar del Plata


Este verano, en Mar del Plata, hacen furor las playas hiperquinéticas, donde está prohibido, en forma terminante, dormir la siesta o jugar al ajedrez, por mencionar algunas alternativas con las que puedan soñar los turistas remolones. Con la excusa de “acabar con el estrés”, los jóvenes se despedazan con el spinning, una bicicleta fija en la que se pedalea al ritmo frenético que marca el entrenador y que hace sentir a los deportistas que están corriendo sobre un terreno lleno de desniveles. En el parador Peralta Ramos, en las playas del sur, las y los que no gustan de pedalear, pueden optar por el voley, el fútbol, el básquet, el hockey o por largas caminatas que pueden incluir el trote, si les da el cuero.

También se puede practicar natación en las piletas apiñadas en todos los balnearios, lejos de la incómoda arena y del tempestuoso mar que siempre han sido –¿tiempo pasado?– la atracción principal de la costa atlántica. En el balneario Fútbol Center, la cercana Copa del Mundo en Alemania alimenta la adrenalina durante toda la jornada. Hombres y mujeres se prenden en partidos que se juegan con los dientes apretados. En la remozada Playa Grande, el balneario Pueyrredón destina buena parte de su espacio a las canchas de voley, fútbol y otros deportes. Tanta es la concentración de jugadores, que puede que alguno convierta un gol o un doble en la cancha del vecino.

Esteban Ramos, propietario del balneario Pueyrredón, asegura –y sus dichos parecen ser corroborados por la masiva concurrencia– que ellos obedecen “al pedido expreso de los clientes” que “ya no se conforman con balnearios que sólo puedan ofrecer mar, arena y sombrillas”. Osvaldo Bolayuzón, encargado del parador Peralta Ramos, confirma que este año la demanda es mucho mayor a la del año pasado y que la variedad de la oferta es decisiva. “El año pasado, sobre 150 carpas, tuvimos un promedio de ocupación de 60 o 70, mientras que este año estamos en las 100 o 120.” Una de las figuras convocantes, en este balneario, es el ex arquero de la selección de fútbol y actual animador de la TV Sergio Goycochea. El desafío es hacerle goles de penal a quien muchos consideran un “especialista” en atajarlos.

El deporte más popular es el que moviliza a los chicos y chicas –hay muchas jovencitas bellas y futboleras que se anotan en los picados– que se apiñan en el parador Fútbol Center, cuya atracción principal es un mini estadio con tribunas de madera en el cual realizan sus “talleres de fútbol” los ex jugadores de River y Boca Carlos El Chino Tapia y Jorge Pipa Higuaín. Este domingo, las estrellas invitadas son Ariel El Burrito Ortega y el pibe Belluschi, protagonistas de una transferencia al club de Núñez que ya es un culebrón, por las idas y venidas.

“La atracción es el fútbol, no sólo en la cancha sino en los juegos de salón; por eso, en una semana vamos a traer la Copa del Mundo que se jugará este año en Alemania”, informa Marcelo, promotor de la empresa Coca-Cola, sponsor exclusivo del balneario. En los otros balnearios, los que bancan la movida son marcas como Personal, Reebok, Macro o Ser, empresas que también juegan su propio partido contratando centenares de promotoras y promotores que patrullan las playas tanto o más que la Policía Bonaerense.

En el Peralta Ramos, ésta es la tercera temporada con su actual concesionario, Desarrollos del Atlántico, y los resultados “son óptimos”, insiste Bolayuzón. En la entrada al balneario, los clientes –un 70 por ciento son vecinos de Mar del Plata– cuentan con una pizarra que informa sobre las actividades deportivas del día. Mientras los más chicos pueden quedarse al cuidado de una maestra jardinera, desarrollando distintas actividades recreativas, los padres y hermanos mayores tienen una importante batería de posibilidades para quedar de cama. Además de los deportes tradicionales, que se pueden jugar en un estadio acondicionado con arcos, aros de básquet o red de paddle –según la variante que se elija–, las opciones son el Pilates, el método de entrenamiento oriental pero no tanto creado por Joseph Pilates o pedalear con el cycle outdoor, conocido como spinning, o practicar todas las semanas con devoción de fanático para tratar de hacerle goles de penal, los domingos, a Sergio Goycohea. Otras de las modas –perdón Roberto Fontanarrosa, sacrificado defensor de la lengua criolla–, es llamar a todo por su denominación en inglés. Hasta se escribe “football”, como en los lejanos tiempos en los cuales el equipo más popular de la Argentina era Alumni.

“Si no hay spinning nos vamos”, amenaza una morocha infartante, a la que acompaña un joven que sólo dice que “si” y no es para menos. Desde las tres de la tarde, cuando empiezan a despertar los turistas, la actividad en el Peralta Ramos se hace infernal. Sólo algunos, los menos, se echan a tomar sol en la playa o preparan el mate bajo la carpa. “Marisa no viene hoy porque el otro día se rompió el pie jugando al hockey”, reporta su amiga Natalia y del grupo surge un “uuufaaa” de reprobación como si se tratara de la mismísima Luciana Aymar. “Y ahora cómo armamos el equipo”, es la queja que queda flotando.

En Fútbol Center, todo gira en torno de la pelota. En el estadio montado sobre la playa se juegan feroces campeonatos, masculinos y femeninos. El ganador recibe premios y el público, a veces, se comporta peor que La 12 o Los Borrachos del Tablón, míticas barras bravas de Boca y River. “Esto es mucho más fácil que ser director técnico. Por ese motivo, con el Chino Tapia, armamos una empresa de marketing y estamos dando nuestras ‘clínicas’ de fútbol”, informa a Página/12 el Pipa Higuaín, quien asegura que dirigir un equipo de fútbol profesional, hoy en día, “es más que nada un dolor de cabeza, por las presiones que existen”. Mientras habla se acomoda el short de baño, muestra su tostado de verano y sigue dándole instrucciones a una piba de 17 años a los que algunos llaman “la hermana de Maradona”.

En el parador conviven viejos metegoles con los últimos modelos de juegos electrónicos. También se hacen desde “clínicas de entrenamiento de alta competición” hasta torneos de tiros libres o de “cabeza”, mientras desde varias pantallas se transmite en forma permanente información sobre los mundiales de fútbol. En forma prioritaria se repiten partidos de Argentina, los mejores goles, aburridas estadísticas y juegos de ingenio relacionados con el deporte más popular. La Copa del Mundo llegará el 25 de enero a Mar del Plata, al Hotel Provincial, como parte de una gira por distintos países de América, Europa, Asia y Africa.

Los gimnasios en la playa se extienden desde La Perla, en el centro de la ciudad, hasta las playas del sur. Por momentos, hay más personas haciendo gimnasia que tomando sol y mucho menos mojándose en el mar. “Yo soy de Mar del Plata, al mar lo tengo todo el año. En verano prefiero quedarme en las piletas, tomar sol sin tener que sacudirme la arena. Tengo dos chicos pequeños, de 4 y 6 años, y es mucho más seguro tenerlos cerca, en la pileta, en lugar de llevarlos al mar. Total, lo más importante es saber que el mar está allí y que de aquí lo ves en toda su dimensión”. Nazarena, vecina del barrio Los Troncos, toma sol sin dañar su peinado de peluquería. “El mar es lindo por la noche o en invierno, aunque haga mucho frío”, insiste, y reafirma sus dichos con sus convincentes ojos claros.

Martina, con 24 años muy bien puestos, también defiende las bondades de la gimnasia y el deporte en la playa. “Con mis amigas nos matamos todo el año haciendo dieta, cuidando la silueta. Por eso, además de la tentación de las comidas, en los paraderos es necesario que existan las actividades destinadas a cuidar el físico. ¿No te parece una buena idea?”, afirma, mientras da una vuelta sobre sí misma, a lo Mir-tha Legrand. Las chicas, sobre todo, combinan las furiosas sesiones de bicicleta con clases de pilates “para relajarse”. Las sesiones de spinning duran entre 45 minutos y una hora. Los asistentes se bajan literalmente destrozados.

En Playa Grande, después de la remodelación realizada en el año 1997, la actividad en el verano es simplemente febril. A pesar del fuerte viento de los últimos días, familias enteras vienen a pasar el día, atraídas, según Esteban Ramos, del balneario Pueyrredón, “porque hoy los jóvenes encuentran un espacio para la distracción y acompañan a sus padres”. Una vez que se bajan las largas escaleras, de espaldas al hotel Costa Galana, la cantidad de carpas y de chicos y chicas practicando deportes, hace prácticamente imposible divisar el mar y mucho menos la arena. “Hoy no podemos darles a los clientes solamente mar y playas. La exigencia es mucho mayor”, insiste Ramos. A lo lejos, sobre la arena húmeda, cerca del mar, una pareja mayor camina mojándose los pies y la escena parece de otros tiempos.

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El furor son los deportes de alto impacto. Bicicletas fijas, partidos de todo tipo y hasta metegol a toda velocidad.
Imagen: Gustavo Mujica
 
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