SOCIEDAD › LAS DOS MIRADAS SOBRE EL JUICIO

El caso Garcia Belsunce

Osvaldo Raffo cuestionó la pericia de la supuesta Gotita. El criminalista Raúl Torre (foto) aportó su investigación en el caso. Y el ex jefe policial Aníbal Degastaldi dejó dudas. Aquí, dos visiones de la jornada de ayer.

Horacio Cecchi

CADA PARTE DEL JUICIO TUVO LO SUYO

Un día de cal y arena

Ayer sí que fue una audiencia sin desperdicio. Y todas las partes tuvieron lo suyo. La defensa, perdón, y la querella, tuvieron su día de gloria: el perito Osvaldo Raffo, una institución entre los médicos legistas, contratado por la defensa, cuestionó la pericia que determinó la existencia de La Gotita. Al no ser químico, en realidad, lo que cuestionó fue el modo en que se realizó la autopsia, porque dijo que las pruebas de piel fueron manipuladas y contaminadas. Lo curioso es que su crítica también colaboró con la hipótesis del fiscal. Antes estuvo otra eminencia, Raúl Torre, experto en balística también contratado por la defensa, quien dio por cierto que Carrascosa estuvo en el Club House, y dijo que el abogado Scelzi le había proporcionado fotos que fueron tomadas del expediente sin autorización, aumentando las pulsaciones cardíacas de la defensa y la querella. Después, pasaron el ex jefe de la DDI San Isidro Aníbal Degastaldi, y Balbina Avila, la mucama de Pachelo. Ambos se las arreglaron para que la audiencia, el tribunal y las partes se olvidaran de que estratégicamente, ése debía ser el día de Raffo.

¿Cómo hacer para que La Gotita no aparezca como La Gotita? Hipótesis: primero, no enviaría ningún perito químico que se vea obligado a firmar una pericia donde sé que se encontrará La Gotita, porque esa firma sería una aceptación e invalidaría cualquier estrategia posterior. Segundo, sí enviaría un médico forense no químico y un ex comisario a cuestionar la pericia (embarrar la cancha). Tercero, contrataría un perito químico que ataque el resultado de la pericia (sin haber participado de ella). Y cuarto, contrataría una eminencia en autopsias (sin haber estado presente en la autopsia) para que cuestione la autopsia misma, que es la madre de todas las pruebas del cuerpo. Ya pasaron un ex comisario (Russo) y un médico forense no químico (Castro), y antes el perito químico (Tróccoli). Ayer, le tocó el turno al especialista Raffo, una eminencia.

Y dijo en forma muy didáctica y con imágenes que no hubo La Gotita. Primero, porque nunca se escuchó semejante cosa en tratados de medicina legal. Segundo, porque para cerrar heridas de bala tendrían que usar una cantidad enorme de pegamento por los agujeros, y no gotas como “sí se hace en heridas cortantes pequeñas”. Tercero, consideró que las tres heridas de bala abiertas eran producto de disparos con el caño apoyado al cráneo, mientras que las tres heridas cerradas se veían así por un efecto en disparos realizados a escasa distancia, pero sin presionar en el cráneo. Pero, de este modo, pareció contradecir su propia hipótesis, ya que si naturalmente esas tres heridas a escasa distancia tendían a cerrar solas, por qué no pensar que el trabajo para cerrar con pegamento estaba facilitado porque ya no era un agujero.

Por último, señaló que en la pericia química “se encontró ciano acrilato (no parece una afirmación conveniente) y se podría haber encontrado cualquier otra cosa”, por la contaminación y manipulación sufrida durante la autopsia. La manipulación (pinzas en los orificios, lavado con agua caliente, fregado y manipulado) colabora con el fiscal, que sostiene que el pegamento apenas si se detectó en una muestra de piel por esos efectos. Y de la contaminación, Raffo no discutió la existencia del ciano acrilato sino que discutió la asepsia de la autopsia. La defensa no metió a Raffo en el intríngulis de preguntarle de dónde podía provenir el ciano acrilato. Muy simple: si se formula la pregunta es porque se acepta su existencia.

Antes estuvo Raúl Torre, también contratado. En contradicción con el perito Raffo, separó los disparos de otro modo: cinco apoyados o muy próximos y uno, el del pituto, desde mayor distancia. Sorprendió cuando dijo que la familia había iniciado una investigación privada (a puertas cerradas y sin intervención estatal). El defensor Cafetzoglus le preguntó, intencionadamente, si “¿se necesita un buen manejo del arma?” (suponiendo que Carrascosa no lo tiene). “No necesariamente, cualquiera con voluntad de matar lo puede hacer”, respondió muy suelto de cuerpo. También reveló que la orden de Horacio García Belsunce era de investigar a todos, “caiga quien caiga”. “Al primero que investigamos fue a Carrascosa.” Y dijo que abandonaron esa hipótesis cuando las pruebas lo alejaron de la escena y lo colocaban en el Club House. O sea, la defensa y la querella desgañitándose por desmentir que el viudo estuvo en el Club House y su perito de parte que lo viene a ubicar ahí.

Después fue el turno de Degastaldi. Recordó cuando fue con el fiscal al velorio. Recordó que habló con Romero Victorica y éste le dijo que había “algo que no me cierra”, pero que cuando llegaron a la casa, nadie les habló siquiera de un pituto. También, describió cuando estaban en el lavadero con RV, Horacito y Bártoli, y después subieron a ver el cuerpo, ya ubicado en la cama. La habitación estaba de pronto llena de chicos y Horacito echado en la cama cubriendo el rostro de su hermana y llorando. “Me sorprendió la velocidad con que llegó arriba, habiendo estado con nosotros abajo, y ya estaba acostado y llorando”, dijo.

Y llegó Balbina Avila, la mucama de Pachelo. Se supone que era la testigo de la defensa. Los espacios de tiempo que demoraron en preguntar, la ausencia de un guión y las respuestas de la testigo que no parecían imaginadas por la defensa y la querella fueron el resultado del testimonio. Como síntesis, Avila fue citada para decir que había visto ropa de Pachelo manchada con sangre. Pero no lo dijo. “Yo no les lavaba la ropa”, respondió y ya no se sabía qué preguntar.

Raúl Kollmann

DOS TESTIGOS CONFIRMAN A LOS GB

Para derribar falacias

Uno: los balazos en la cabeza de María Marta García Belsunce no se veían. Dos: ni siquiera los vieron los médicos que hicieron la autopsia hasta que le abrieron la cabeza y encontraron los proyectiles. Tres: es falso que hayan puesto pegamento La Gotita para cerrar los agujeros de los proyectiles. Cuatro: el fiscal y el jefe de investigaciones de San Isidro estuvieron a dos metros del cuerpo de MM en el velatorio. Cinco: fueron convocados por iniciativa de algunos miembros de la familia que tenían dudas sobre lo ocurrido. Seis: el fiscal Diego Molina Pico no vio nada raro y, pese a que la ley así lo indicaba, no ordenó la autopsia como correspondía. Todas estas conclusiones surgen de las respuestas y testimonios que ayer dieron en el juicio oral dos criminalistas de renombre, Osvaldo Raffo y Raúl Torre, contratados hace cuatro años por el padre de MM y del testimonio del comisario retirado Aníbal Degastaldi que aportó elementos, aunque no dijo la verdad ante el Tribunal. Estos son los interrogantes a los que se respondió ayer.

- ¿Es posible que la familia haya creído la hipótesis del accidente y no viera los balazos? ¿Cómo no los vieron los médicos de las ambulancias?

El doctor Raffo mostró en forma categórica que en el video de la autopsia de MM se ve que los dos forenses, Héctor Moreira y Carlos Flores, designados en su momento por el fiscal, no percibieron que a la socióloga la hubieran matado a tiros. Quedó claro que después de que le corrieran el pelo a MM, los forenses siguieron señalando, en diálogo entre ellos, que las lesiones que se veían eran cortes producidos por golpes contra canillas. Una toma tremenda se produce cuando abren el cráneo de MM y en ese momento encuentran proyectiles. Es más, en la imagen más cruda vuelven a juntar con las manos ambas partes del cráneo para reestudiar la situación ahora que saben que hubo balazos. Cuando le preguntaron a Raffo, fue terminante: “Por supuesto que los médicos de las ambulancias pudieron confundir los orificios de proyectil con golpes de canillas. No era fácil de descubrir. Es disculpable, porque además en ese momento MM tenía el pelo tapándole la zona. Lo que es menos disculpable es que no los hayan visto de entrada en la autopsia, pero allí les faltó un elemento esencial: las radiografías”. Si los forenses no vieron los balazos, los médicos de las ambulancias tampoco, menos todavía podían verlos los familiares.

- ¿Se usó pegamento para cerrar los orificios de los proyectiles de bala?

“No. Lo descarto totalmente –contestó Raffo–. La Gotita se puede usar, por ejemplo, cuando hay un corte con una hojita de afeitar. Algo muy fino, unir dos partes. Pero un balazo es un agujero, que sigue la trayectoria. Entonces hay que rellenar el agujero. Arriba se forma una costra. Y desde ya que queda pegoteado el pelo. Todo eso se hubiera visto en la autopsia, porque el pegamento no se descompone. Y ustedes pueden ver en estas imágenes que no hay nada. La pinza entró como si se tratara de una manteca.” No hubo pregunta del fiscal que pudiera mover un milímetro a Raffo.

- ¿Cómo puede ser que se vean orificios más cerrados y orificios más abiertos?

Raffo explicó que los orificios que se perciben abiertos –dos en la zona posterior de la cabeza– son producto de disparos en los que le apoyaron el arma en la cabeza a MM y produjeron un desgarro, una especie de cráter. En cambio los otros tres disparos que se vieron más cerrados se corresponden con balazos pegados a corta distancia, pero no con el caño del arma apoyado o a menos de un centímetro.

- Si la familia, supuestamente, intentó tapar el crimen, ¿cómo se explica que hayan estado en el velatorio el fiscal y un alto jefe policial?

El relato lo hizo el comisario retirado Aníbal Degastaldi, quien fue el primer testigo de la tarde. Era el jefe de Investigaciones de San Isidro y recibió un llamado del comisario Angel Casafús. Este le dijo que había muerto MM y que se comunicara con Horacio García Belsunce (h) o con el fiscal Romero Victorica, que estaban en el lugar de la muerte. Degastaldi habló con Romero Victorica, éste le dijo que “hay cosas que no cierran” y por eso el comisario y el fiscal Molina Pico se hicieron presentes en el velatorio. En realidad fue otro hermano de MM, John Hurtig, el que insistió en que las cosas “no le cerraban”. Degastaldi contó que Molina Pico habló a solas con Romero Victorica, subieron a la habitación donde velaban a MM, miraron desde dos metros y se fueron sin que se ordenara la realización de la autopsia. “Yo la hubiera ordenado, pero era el fiscal el que decidía”, dijo Degastaldi. Molina Pico sostiene que Romero Victorica lo convenció de que se trató de un accidente. Lo concreto es que, por iniciativa de los GB, una autoridad judicial y una policial estuvieron en el lugar.

- Si Degastaldi era investigador, ¿por qué no investigó?

El relato que hizo ayer no es creíble. Dice que todo quedó en manos del fiscal y que él ni se fijó en cómo se había producido la muerte. Este periodista habló varias veces con Degastaldi en aquella época. “La pista Pachelo es la más sólida”, dijo entonces. “Tengo un dato de que MM estuvo en un hotel alojamiento con otra mujer”, le reveló también a este periodista. Un día más tarde, rectificó: “El dato ese no es cierto”. Degastaldi sostenía que Pachelo era el principal sospechoso y ésa fue la razón por la que el fiscal excluyó de la investigación a los policías. Pero Degastaldi ayer dijo que él nunca investigó nada.

- ¿Como apareció un rastro de ciano en la cabeza de MM?

Raffo mostró el desmanejo del cuerpo, cómo el cráneo se ponía en todo tipo de líquidos sucios, incluso se ubicó sobre una mesa a la que se había subido, con zapatos de calle, uno de los que estaban en la autopsia. Además, todo fue impregnado con formol. “Sí, podía haber ciano o cualquier otra cosa con semejante contaminación. Pero no pegamento”, redondeó.

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