SOCIEDAD

Un amor que atravesó los muros

 Por Carlos Rodríguez

“Yo estoy condenado a amarte y ésa es mi salvación (...) tendré que vivir para siempre a la sombra de tus ojos.” Daniel Agustín Cabrera juega a ser poeta y su inspiración es Liliana, su esposa, la madre de su hijo menor, Marquitos, de 7 años. En estos días, a ella le escribió una carta para renovar un romance varias veces suspendido por la cárcel. La relación de ambos comenzó “el 28 de octubre de 1994”, recuerda con precisión Daniel ante la mirada atenta de Liliana. “De todos modos, en 14 años, apenas estuvimos cuatro meses bien”, desde aquel lejano octubre del ’94 hasta febrero de 1995, cuando a “Tractorcito” lo metieron preso. Después tuvieron un par de lunas de miel, pero siempre fue en la clandestinidad, con él prófugo y con la policía pisándoles los talones.

Estuvo preso en Devoto desde el ’95 hasta el ’98, cuando se fugó haciéndose pasar por abogado. Lo detuvieron de nuevo en el 2000, pero el 17 de septiembre de ese año volvió a escaparse, esta vez del Departamento Central de Policía, en Moreno 1550. Salió por la puerta grande y se tomó un taxi, como si tal cosa.

Ella lo bancó en todas. Cuando volvió a caer detenido, en Bahía Blanca, en noviembre de 2000, ella estaba a su lado, embarazada de un niño que ahora tiene 7 años. “Con ella nos debemos unos tiempos y unos acompañamientos. Por eso vamos a estudiar juntos. Esto nos va a servir para construirnos. Ella vivió ocho años sola con nuestro hijo y ahora yo vengo a ocupar el espacio que ella tenía. La cosa no es fácil. Yo estuve, después desaparecí por un montón de años y ahora vuelvo a aparecer.”

Ella nunca lo dejó de visitar, a pesar de lo duro que es, sobre todo para una mujer, pasar la requisa de la cárcel cada día de visita. Ella no quiere hablar. Sólo muestra, con orgullo, la carta que le escribió Daniel. Se guarda el recuerdo angustioso de ver, con su embarazo a cuestas, cómo lo detenían al hombre que ama, de tener el hijo sola contra viento y marea, de bancarse años de espera, de realizar miles de trámites para que Daniel pudiera ejercer derechos que pocas veces les respetan a los presos.

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