SOCIEDAD › HABLA UN ESPECIALISTA EN VIOLENCIA CONYUGAL

“Se minimizan los riesgos”

 Por Mariana Carbajal

“El momento de la pos-separación de las parejas violentas es un momento de altísimo riesgo para las mujeres. En algunos casos, puede tener consecuencias muy graves como la muerte de la mujer o incluso que quede discapacitada en algún aspecto”, advierte el psicólogo Jorge Corsi. Fue el primer varón que se involucró en el país con esta temática –habitualmente abordada por mujeres– y se ha convertido en una de las personas que más ha investigado y sabe sobre hombres maltratadores. Fundador y director de la carrera de Especialización en Violencia de la UBA, Corsi fue precursor en la creación de grupos de tratamiento de golpeadores, por los que han pasado más de 1500 varones para intentar dejar sus conductas violentas. En una entrevista con Página/12, Corsi alerta sobre la “desprotección” en la que se encuentran las mujeres, cuestiona los alcances de las legislaciones específicas y explica qué le pasa por la cabeza a un hombre que acosa y actúa con violencia contra su ex mujer.
–¿Es frecuente que cuando una mujer se separa de un hombre violento sufra persecuciones y agresiones por parte de su ex pareja?
–Muy frecuente, y eso es lo que hace que muchas mujeres que están sufriendo situaciones de violencia teman mucho tomar ese tipo de decisiones porque saben, porque probablemente han tenido algunas otras experiencias o han sufrido amenazas en relación a este punto, que cuando se separen, ahí no termina el problema sino que comienza otro que es de difícil solución: el estar sometidas a una permanente situación de asedio por parte de ellos, que intentan no solamente retomar el vínculo o la relación sino estar controlándolas permanentemente. Generalmente, los hombres que actúan de este modo justifican su accionar en conductas celotípicas (no toleran que la mujer pueda siguiera pensar en otra relación que no sea con ellos), y en la extremada posesividad que desarrollan y que puede llegar a que elaboren planes de ataque físico, con armas o con otros elementos.
–¿Cómo pueden defenderse las mujeres?
–Lo que reclamamos permanentemente, y en las modificaciones legislativas que se están estudiando en el Congreso en torno al tema están planteadas, es que las medidas de protección para las mujeres víctimas de violencia se extremen en los períodos pos-separación.
–Con lo cual hoy las mujeres que atraviesan estas situaciones están poco protegidas.
–En realidad, siempre hay desprotección. Si bien se ha considerado el problema y se ha legislado sobre él, todavía se siguen minimizando mucho los riesgos, todavía se sigue actuando cuando hay sangre y no antes. Ese es el problema. Supongamos que un juez actúe con celeridad y las medidas adecuadas: el problema es que no tiene en sus manos la capacidad de hacer cumplir las órdenes o recaudos que toma porque la violencia doméstica tramita en el ámbito civil; entonces, en tanto no se produzca la muerte de la mujer o sufra heridas graves, no actúa la Justicia Penal.
–¿Cómo vive la mujer esa situación de acoso y violencia después de la separación?
–Con desesperación, vive con un terror permanente, es como estar viviendo en una situación en la cual permanentemente está en riesgo, en peligro, no sabe en qué momento le va a aparecer y por dónde, o sea que el estado de desequilibrio que provoca esto en las mujeres es muy importante. Lamentablemente, todavía no se ha tomado esto como un verdadero problema.
–¿Qué le pasa por la cabeza a un hombre violento? ¿Le resulta placentera la relación violenta?
–Acá no se juega el placer sino el poder: él considera que su mujer es un objeto de su posesión y, por lo tanto, lo que tiene que hacer valer es su masculinidad expresada como forma de ejercicio de un dominio. Entonces, cuando ese dominio se le va de las manos recurre a las medidas extremas.
–¿Qué siente al ver a la mujer lastimada?
–Lo justifica mediante la intención de ponerla en vereda, de hacerle entender lo que él quiere que entienda. Cuando uno le pregunta a un hombre que ejerce este tipo de violencia, él no se considera violento, lo que considera es que ella tiene la culpa porque no hace las cosas como corresponde y, entonces, él se ve obligado a actuar de esa manera. Ese es el razonamiento típico.
–¿Es un enfermo o una mala persona?
–Yo diría lo segundo. Si fuera un enfermo actuaría enfermamente en todos los contextos, pero estos hombres se caracterizan por ser personas que funcionan perfectamente en otros contextos, y solamente ejercen la violencia en el ámbito privado.
–¿Hay algún denominador común en cuanto al origen de los hombres violentos?
–Habitualmente, los hombres que hoy ejercen violencia han naturalizado el uso de la violencia a partir de los modelos con los cuales se han contactado en su vida. En muchos casos encontramos antecedentes de que en su propia historia familiar, ellos mismos fueron testigos o sometidos a situaciones de maltrato, pero eso no es una ley, es un porcentaje importante. Pero lo más importante es lo que deriva de una socialización de género masculina basada en la hegemonía de lo masculino, en el uso del poder como modo de dominación hacia la mujer, y eso es algo que tiene que ver con pautas culturales, que en algunos hombres están más rígidas y en otros son más flexibles.
–¿Los hombres pueden dejar de ser violentos?
–Con algunos matices. Si logramos que ellos asuman el problema y pidan ayuda, tenemos buenas herramientas como para ayudarlos a que puedan superar el problema de violencia. Si no asumen el problema, y no piden ayuda, no se puede hacer demasiado.
–¿Cómo es el tratamiento o el trabajo con ellos?
–Nosotros desarrollamos un modelo de trabajo grupal donde se asume la responsabilidad por la violencia, se examinan los orígenes de cómo se fue adquiriendo ese modo de relacionarse violento y luego se trabaja con la modificación de las relaciones de poder entre los géneros, porque básicamente lo que está en la base de la violencia es una relación de poder abusiva. Lo que se trabaja en estos grupos es cómo relacionarse en pareja sin que se ejerciten esos mecanismos de poder abusivos.
–¿Qué porcentaje de hombres violentos se asumen como tales?
–Muy pocos.

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