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Domingo, 11 de marzo de 2012

NUEVAS ZONCERAS ECONóMICAS › LA CANTIDAD DE FERIADOS EN 2012 Y SU IMPACTO EN LA ECONOMíA

“Se consume por desesperanza”

 Por  Ruben Telechea *

Hace un par de meses, La Nación publicó un artículo casi desopilante de un economista de la corriente neoliberal acerca de los feriados vigentes en Argentina. Decía que “la cantidad de feriados que viene dando el Gobierno, además de acercarse al pan y circo, e incentivar la cultura de la vagancia, no crea más riqueza”. Primera aclaración: la cantidad de feriados de Argentina, que en 2012 serán quince incluidos los llamados “puentes”, no difiere demasiado de la que existe en otros países. Salvo casos muy aislados (EE.UU., Inglaterra, Australia) que rondan los 10 días en el año, en la mayoría de los países son de entre 12 y 16 días, a lo que en algunos casos hay que agregarle las fiestas regionales y los puentes en los lugares donde también existen. De allí se desprende que “incentivar la vagancia” parece ser un fenómeno mundial.

La segunda aclaración es que considerar que los feriados no crean riqueza es una visión sumamente simplista. Durante años se pregonó la importancia de fomentar el turismo. ¿No es ésta una manera de hacerlo? Además con un modelo económico donde el consumo interno es un eje fundamental, estas fechas son una fuerte inyección para motorizarlo. Ese economista lo acepta pero demostrando una increíble limitación técnica al agregar “pero el comerciante que tiene un negocio en la ciudad vende menos, igual tiene que pagar el sueldo de sus empleados, el alquiler y demás gastos fijos”. Es imposible aceptar que una persona con su trayectoria soslaye el llamado “círculo virtuoso de la economía” y que se le deba explicar que si la actividad mejora, mejora para todos y en el corto plazo al comerciante originalmente desfavorecido le volverá esa generación de riqueza producida en otro sector o región, traduciéndose en un aumento de sus propias ventas. Para él no es más que la “Falacia de la Ventana Rota”, donde unos ganan y otros pierden y el resultado es neutro. Soslaya por ejemplo que en vacaciones o salidas de este tipo también se recurre a ahorros para gastar en esos viajes.

Pero el núcleo central de su nota es esta frase: “¿quiénes se van los fines de semana largo? Fundamentalmente los jóvenes que trabajan porque como saben que no pueden ahorrar para comprar un departamento porque no hay créditos hipotecarios y jamás llegarán a juntar la plata para adquirir un dos ambientes, entonces, se gastan todo ayudando al auge de consumo del que tanto se vanagloria el Gobierno, cuando en realidad lo que tenemos no es un consumo sostenible, sino una explosión de consumo por desesperanza porque no vale la pena ahorrar. No hay futuro para esos jóvenes, por lo tanto, lo mejor es aturdirse con el presente en la fiesta de consumo”. Surgen inmediatamente la pregunta: ¿de dónde saca que los que viajan esos fines de semana son esencialmente los jóvenes? Para el final, el plato fuerte: se consume “por desesperanza”. Además de ser una afirmación ridícula y falta de todo contenido técnico, ¿sabrá ese economista lo que es estar desesperanzado económicamente? ¿Habrá recorrido los lugares donde años atrás la mayoría de los habitantes estaban de-socupados? ¿Habrá estado en alguna interminable cola de gente esperando ser atendida para un pedido de empleo? ¿Habrá visto los rostros de quienes se iban del país durante la crisis?

* Docente UNLZ y UNQ. [email protected]

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