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Viernes, 15 de agosto de 2008

TEATRO › YAMIL OSTROVSKY EXPLICA SU PUESTA DE SUEÑO DE UNA NOCHE DE VERANO

“Siempre fue una obra adolescente”

Según detalla el director, la obra que se presenta desde hoy en la Ciudad Cultural Konex es “un montaje para gente ávida de universos lúdicos”, y también una manera de acercar a un clásico como William Shakespeare al público más joven.

Comedia de sortilegios entronizados por Puck, travieso duende que destiló la flor mágica del enamoramiento en quienes no debía, Sueño de una noche de verano, de William Shakespeare, inspiró gran variedad de versiones escénicas, traslaciones fílmicas y partituras. El director Yamil Ostrovsky propone ahora una puesta destinada básicamente a un público adolescente, profundizando en el teatro físico, estética que utilizó en anteriores trabajos: en su versión de Los siete locos, de Roberto Arlt, y El observador idiota, sobre El príncipe idiota, de Fedor Dostoievski, piezas “oscuras, experimentales, duras”, según este director y coreógrafo que estrena Sueño... el viernes a las 21, en Ciudad Cultural Konex. Se trata de un montaje “para gente ávida de universos lúdicos”, dice refiriéndose a esta pieza, fuente de inspiración de famosos, como el estadounidense Fred Curchack (quien construyó con sus muñecos numerosas parábolas sobre la relación sexo-poder) y el británico Lindsay Kemp, director e intérprete de una puesta esencialmente poética.

Ostrovsky recuerda la hoy lejana presentación de Kemp en Buenos Aires: “Me maravilló: el canto, el baile, la música y el texto, todo estaba en su justa medida. Tengo guardado el programa de mano, y hasta conseguí un afiche”, cuenta. “En ese reino de lo efímero que es el teatro, Sueño... nos dice también, a través del monólogo de Puck, que la vida es un camino en el que somos todos comediantes.” Ostrovsky está entre los artistas que se multiplican: realizó montajes en Buenos Aires y en el interior, entre otros, Cuatro poemas (poesías de Federico García Lorca); Lo trágico cotidiano, El soplón y Sólo vine a hablar por teléfono (sobre textos de Gabriel García Márquez); espectáculos para niños y otros para adultos que combinan música y video, poesía, danza y teatro. Recibió distinciones por su Homenaje a las víctimas del atentado a la AMIA (Premio Ana Itelman 1995) y Preludio para un fotógrafo (homenaje a José Luis Cabezas), concretando además trabajos de video-danza (Un sobreviviente de Varsovia) y coreografías para ópera, entre otras Capriccio, de Richard Strauss, en el Teatro Colón.

–¿Cómo relaciona el teatro físico con Sueño de una noche de verano?

–Provengo de la danza y el teatro físico es mi manera de hacer teatro. El texto va en paralelo con el movimiento, una característica que abre el espectáculo a otros sentidos. Puede llegar a ser una dificultad para los intérpretes cuando no logran disociar, porque ellos tienen que hacer una actividad que quizá no sea la que imaginaron para lo que el texto dice. Además, en esta puesta, los seres fantásticos están siempre presentes en el escenario o en la platea; nos acompañan y son “tan visibles como invisibles”. En lugar de la musa romántica está Puck, el duende malicioso que tira ideas a unos comediantes que juegan al teatro. Puck participa de los ensayos, y se divierte.

–Ese recurso de la presencia como un continuo es también apreciado en el teatro oriental...

–Estuve asistiendo en la coreografía al maestro Oscar Araiz durante un viaje a Japón (en un espectáculo para la Takarazuka Reviú Company), y pude ver cómo trabajan la danza tradicional. Los “sirvientes de escena” son fantásticos. Ellos ingresan a escena, ayudan con el vestuario, reciben elementos, se alejan, y así siempre que se los necesita. Se manejan de perfil, de forma ritual. Están vestidos con mamelucos tipo jardinero, con grandes bolsillos donde llevan miles de cosas. Ellos también son “visibles e invisibles”. En Sueño... utilizo una sábana para dar idea de teatro dentro del teatro. Cuando los comediantes pisan la sábana están actuando. Fuera de ésta son espectadores. Por eso también cuando el público ingresa a la sala Konex nos encuentra ensayando, armando el escenario para la obra mientras Puck los recibe en la platea.

–¿Se trata de integrar?

–Sí, por eso incluimos los chistes y errores que se dan a veces en el teatro, como equivocarse y besar a una actriz en una escena que no corresponde.

–¿Qué quiso destacar en Sueño...?

–El humor y la energía adolescente. Me interesa el público adolescente para el cual, creo, no hay muchas propuestas de teatro clásico. Para mí Sueño... siempre fue una obra adolescente. Eso no quiere decir que deje de lado todo lo demás. El acento está puesto en la diversión y el entretenimiento, pero sobre una base cultural. Utilizamos fragmentos de la partitura que el compositor Félix Mendelssohn creó inspirado en esta obra de Shakespeare, y la estética del teatro físico, tratando de evitar arneses y demás: me gusta el cuerpo limpio, despojado. Este montaje puede ser hecho en una plaza. Lo pensamos como si fuéramos una compañía itinerante, que en realidad lo será, porque los fines de semana llevaremos la obra a localidades y ciudades de provincias.

–¿Por qué dice que Sueño... es una obra adolescente?

–Por esa cosa de enamorarse de uno y otro y de pensar en fugarse, y esto más allá del poder de los hechizos. Es ese asunto de las hormonas locas de los adolescentes. Me gustaría hacer funciones para chicos y chicas de la secundaria. Estamos pensando también en giras.

–¿Cómo surgió Tantos tangos tan tristes, que presentará en Venezuela?

–Tengo una relación especial con el tango; mi abuelo era el maestro bailarín del barrio. El tenía dos puestos de frutas y verduras en el Mercado de Dorrego, y siendo yo muy chico mi abuela me decía: “me quedé con tu abuelo porque bailaba derechito”. Eso era para ella una virtud. Pasábamos las vacaciones de verano juntos, en Mar del Plata, y una vez, en Año Nuevo, los vi bailar en una de las peatonales. Eso me hizo respetar el tango, aunque mi abuelo no quería que me metiera, por lo de las letras depresivas, tristes. Pasado el tiempo, pude entenderlo desde otro lado, aunque mi espectáculo se titule Tantos tangos tan tristes. Mi abuelo era cuidadoso, no le gustaba ver a los bailarines haciendo piruetas por el aire. Sin embargo no era un tradicionalista: escuchaba a Piazzolla en la época en que sus amigos decían que las composiciones de Astor no eran tango. A Tantos tangos... la estrené en Tucumán y la bailaron durante dos temporadas. Ahora la estreno invitado por una compañía venezolana. Fue también en un viaje a Venezuela con el maestro Araiz, cuando lo asistí en la coreografía para el Ballet Contemporáneo de Caracas, donde también hice una clínica de teatro físico para la Compañía Nacional, y quedaron contentos.

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“Provengo de la danza y el teatro físico es mi manera de hacer teatro”, explica Ostrovsky.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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