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Domingo, 19 de junio de 2016

TEATRO › MATEMURGA PRESENTA HERIDO BARRIO EN LA ASOCIACION CULTURAL ARMENIA

Teatro comunitario para habitar la calle

En su nueva puesta, el grupo de Villa Crespo evoca la memoria y la identidad colectivas, con la vieja costumbre de sacar las mesas a la calle para comer en comunidad. “El teatro comunitario ensancha el horizonte de lo posible”, asegura su directora.

 Por Candela Gomes Diez

En los tiempos que corren, habitar las calles y hacer de ello un acontecimiento cultural transformador es inevitablemente un hecho político e ideológico. Y eso es lo que logra el grupo de teatro comunitario de Villa Crespo Matemurga que, contra todos los obstáculos y críticas que despiertan la acción de cortar la calle, asume el desafío de armar una obra teatral sobre el pavimento, entre los edificios, los autos y el bullicio callejero.

Se trata de Herido barrio, su nueva puesta, en la que evoca, como es habitual en un género como el teatro comunitario, a la memoria y a la identidad colectivas. Para motivar ese proceso, la historia gira en torno a un vecindario que un día descubre que en una casa abandonada, ya olvidada por esa comunidad, volvió a habitar quien había sido su dueño. Guiados por esa creencia, los vecinos deciden armar una comida a modo de bienvenida, para agasajarlo, con la particularidad de que el banquete se desarrollará en la calle, como en los viejos tiempos. A partir de ese momento, se generará un clima festivo aunque no desprovisto de tensiones. Por un lado, algunos vecinos se entusiasman con la idea de volver a sacar las mesas a la calle, mientras que otros se oponen a la ocurrencia apelando a la “ilegalidad” de ocupar el espacio público. Por otro lado, el conflicto se produce también entre los más viejos que añoran el barrio de su infancia, en el que era costumbre comer en la calle, y los jóvenes que nunca vivieron ese ritual. Pero finalmente, todos confluyen en la celebración colectiva que suponen los preparativos, a la espera del misterioso invitado.

“En algún momento me di cuenta de que esta obra no habla de una herida personal sino de una herida social, y la nostalgia que se expresa en ella no aparece como un mero deseo de recordar algo melancólicamente sino como una alerta o una luz roja que se nos prende. De esta manera, la puesta aparece para preguntarnos qué hemos perdido, qué es lo que necesitamos y qué puede ser posible hoy”, señala Edith Scher, directora de Matemurga y autora de la obra.

Durante tres años, Scher trabajó en conjunto con los vecinos-actores en la gestación de esta historia, a partir de recuerdos y vivencias personales que encontraron una síntesis poética en una dramaturgia que cuestiona el orden actual e invita a pensar en otras realidades posibles. En palabras de la directora y dramaturga, “el teatro comunitario ensancha el horizonte de lo posible. Al igual que el arte, no es meramente una herramienta o un canal para transmitir mensajes, sino una práctica transformadora en sí misma, que hecha en comunidad transforma a las personas y al colectivo que la hace”.

– ¿Cómo surgió Herido barrio?

– Cuando comenzamos como grupo de teatro comunitario, en 2002, éramos un grupo itinerante, y actuábamos en distintas escuelas y clubes, pero en 2006 anclamos nuestro trabajo en Villa Crespo, y en 2009 alquilamos nuestro espacio. A partir de ese momento, todos los años realizamos fiestas teatrales en la calle y comenzamos a notar una actitud con dos vertientes opuestas. Por un lado, existían vecinos que se molestaban por el solo hecho de que quisiéramos cortar la calle para hacer un espectáculo, aunque pidiéramos el permiso y aunque fuéramos casa por casa para invitarlos. Sin embargo, otros mostraban una avidez enorme por este tipo de expresiones, y había en ellos una añoranza de lo comunitario y de poder ver un espectáculo en la calle. Al mismo tiempo, sucedió que en abril de 2011 presenté mi libro Teatro de vecinos. De la comunidad para la comunidad, e invité a mi padre a compartir una mesa junto con otros directores, investigadores y compañeros de Matemurga, y él se puso a explicar a su modo por qué creía que yo había llegado a hacer teatro comunitario. Y comenzó a hablar de nuestra casa y de nuestro barrio de la infancia, de cómo eran los vecinos, y yo, que estaba muy emocionada, vi que en la platea todos estaban conmovidos también. Cuando pasaron los días, comencé a pensar qué había pasado con eso, y luego convoqué a los integrantes del grupo y les pedí que contaran historias de su barrio y de su infancia.

– ¿Por qué trabajaron con el disparador de comer en la calle?

– La comida tiene que ver con la fiesta popular. En las anécdotas que contaban los vecinos-actores comenzó a aparecer una añoranza de los olores a comida y de estar juntos compartiendo algo en el espacio público. No sé qué pasará en otros países, pero creo que hay algo muy argentino, por lo menos en los recuerdos, en esto de sacar la mesa a la calle, y de encontrarse con los vecinos para fechas como año nuevo o navidad.

– ¿Cuál es la herida a la que remite el título de la obra?

– La herida profunda a la que remite el título es el individualismo, el miedo a los otros, el pensar que si me encierro en mi casa bajo cuatro llaves estoy más seguro que en la calle con mis vecinos, y el solo hecho de desconfiar y pensar que si alguien quiere hacer algo en la calle es mi potencial enemigo. Esto no es responsabilidad meramente del vecino al que le pasa eso, sino que es una cuestión que se respira, lamentablemente...

– Y también se construye socialmente, por ejemplo a través de los medios...

– Desde ya. Es muy doloroso y por eso es una herida. El día del estreno, la gente quedó conmovida, porque la obra habla de nuestro pasado, de lo que no queremos que desaparezca y de lo que no se puede borrar. Pero no se trata de añorar el pasado por el pasado mismo, sino ver qué de ese pasado nos resuena como necesario, sobre todo con relación a los vínculos entre las personas y al espacio público.

–La temática de la obra es una propuesta puesta en acto, porque justamente habla de volver a ocupar la calle y efectivamente la escena transcurre allí. ¿Esto fue una decisión o es una consecuencia de las limitaciones del grupo para actuar en otros espacios?

– Es una decisión, porque actuar en distintos espacios públicos, ya sea en la calle, en un club o en el patio de una escuela, es algo que nos interesa como grupo de teatro comunitario. El lugar para este espectáculo es la calle, pero lamentablemente no se puede hacer un corte todas las semanas. Si se pudiera hacer, creo que funcionaría muy bien.

– Montar una obra teatral en la calle no es algo que ocurre todos los días y es un fenómeno que de algún modo irrumpe en la cotidianidad. ¿Cómo se vive esa experiencia?

– Cortar la calle implica un parate espacial y temporal. Y genera distintas actitudes, desde aquel que se niega rotundamente a correr el auto para que se arme la puesta, hasta el vecino que mira desde su balcón y no se anima a bajar, o el que nos agradece profundamente y viene a vernos. Este espectáculo intenta, desde lo poético, ser político. El hecho de soñar con salir a la calle y dejar que los recuerdos nos habiten implica romper con los sistemas de creencias que nos imponen actualmente.

* Herido barrio puede verse hoy a las 19, en Asociación Cultural Armenia (Armenia 1366, Palermo). Entrada libre y a la gorra. Para próximas funciones, más información en www.matemurga.com.ar , o escribiendo a [email protected]

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En la puesta de Matemurga, la comida tiene que ver con la fiesta popular.
 
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