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Sábado, 12 de marzo de 2011

MUSICA › LA JOVEN GUARRIOR, LOS NIETOS DE BORGES Y EL KUELGUE

Cuando la música está de buen humor

Aunque las tres bandas rehúyen del título de “música humorística”, saben que cuando están sobre el escenario hacen reír al público con herramientas teatrales y buen uso de la ironía. Y también tienen en común el hecho de que no se limitan a un solo género.

El Kuelgue propone “un ida y vuelta absurdo con el público”.

Lo que pretendía ser una entrevista con tres músicos sobre cómo componer a través del humor devino en una charla delirante con nueve (¡sí, nueve!) jóvenes artistas acerca de “la muerte del rock”. Antes de presentar sus discos en espacios diferentes, las tres bandas que se reunieron con Página/12 –La Joven Guarrior, El Kuelgue y Los Nietos de Borges– aprovecharon la oportunidad para discutir la etiqueta “música humorística”, de la cual se distancian bastante. “Quizá la diferencia se encuentre entre humor y algo que resulta cómico, que no necesariamente se encasilla en algo que hace reír a la otra persona”, distingue Santiago Dinelli, más conocido como El Capitán, de La Joven Guarrior. “Nuestra idea no es hacer reír, aunque a veces suena así”, aclara Julián Kartun, vocalista de El Kuelgue. Y agrega: “Es como un resultado. Nosotros nunca nos propusimos hacer humor, simplemente se dio porque improvisamos y en ese juego aparecen el fracaso y el acierto. Y aunque eso no termine causando una carcajada, es simpático”. Para el trompetista de Los Nietos de Borges, Julián López Di Muro, la banda que integra “hace reír”, pero el eje está puesto en lo “musical”.

En el grueso de los casos, el componente humorístico aparece arriba del escenario. Las tres, de una u otra manera, tienen una faceta teatral. Ya sea por medio de la improvisación (pasajes de stand up), la puesta escénica (vestuarios, escenografía), el uso de personajes o hasta escenas guionadas. En vivo, Los Nietos de Borges (se presentarán hoy a las 22.30 en Ladran Sancho, Guardia Vieja 3811) mechan en algunas canciones de su disco Voy a acabar conmigo breves monólogos al mejor estilo stand up y El Kuelgue (sábado 26 a las 21 en Niceto, Niceto Vega 5510) propone arriba de las tablas un ida y vuelta “absurdo” con el público, esencia que quedó reflejada en Beatriz. Y cada show de la Joven Guarrior (tocarán gratis hoy a las 19.30 en Parque Centenario, Díaz Vélez y Patricias Argentinas) tiene un eje temático: en una oportunidad representaron la Conquista de América, porque el recital coincidía con esa fecha. “Marrón, ni negro ni amarillo / Marrón, somos todos mestizos”, dicen en una de las letras de su segundo y último disco, La conquista del desierto. “Nosotros no sólo pensamos en la lista, sino también en las intervenciones. El hecho de que un chabón se ponga una pluma e intente actuar pero sea re-patadura es buenísimo, es genuino”, se entusiasma el percusionista de La Joven Guarrior, Lautaro Pane o Ze Pequenho, como prefiere que lo llamen.

Sin duda, la postura humorística es espontánea y tiene que ver con la complicidad que se genera entre los integrantes de cada banda. Antes que nada, son amigos. Uno de los cantantes y guitarrista de La Joven Guarrior, Gonzalo Gamallo (El Pastor), explica en qué influye esa relación: “El humor surgió como un contrapeso a otra veta de la banda. A medida que fuimos creciendo como grupo, fue apareciendo una cosa más distendida, que reflejaba un poco el vínculo humano de un grupo de amigos que tiene sus códigos y chistes internos”. El actor Juan Isola (Perro Viejo) suma a las palabras de su compañero de banda: “Es una manera de reflejar las cosas que nosotros pensamos. Nosotros tenemos una parte dentro de nuestra movida que las llamamos guarradas: son escenas teatrales que en parte se improvisan y en parte se preparan. La actuación a veces termina generando risa, pero tal vez es terrible lo que contamos. Por ejemplo, hemos hecho números donde se cruzaban los conquistadores con los indios”. Es que “ser serio y ser aburrido no necesariamente tienen que ser lo mismo. Y ser divertido y estar vacío tampoco es necesario”, es la bandera que levantan, con orgullo, los integrantes de la Joven Guarrior.

En el hecho teatral aplican una implacable herramienta humorística: la ironía. “El humor es un buen lubricante. Es una buena manera de bajar línea y tiene que ver con la idiosincrasia de cada grupo. A veces somos conscientes de que lo buscamos y otras, no. Además, nosotros nos presentamos como un elenco de doce músicos actores que tenemos un vestuario. Cada uno tiene un personaje y una identidad. Cuando subo al escenario no soy más Lautaro, soy Ze Pequenho”, enfatiza. En el caso de El Kuelgue, el humor también tiene que ver con el espíritu de quienes integran la banda y el vínculo que generan tanto en el vivo como a la hora de componer. “En nosotros, que somos los cantantes y hacemos las letras –explica el tecladista y vocalista Santiago Martínez–, no cabe la idea de hacer una letra desde lo solemne o lo muy serio. Ojo, yo escucho un montón de música que no tiene que ver con el humor. Soy hijo del rock nacional y escucho a Spinetta, Litto Nebbia, Charly García y los adoro y me conmueven sus letras. Pero a la hora de escribir algo, no me sale hacer eso, prefiero mucho más el absurdo. En realidad, terminamos de escribir una letra y no nos damos cuenta de si es graciosa o no, sale más del inconsciente, de la improvisación.”

Quizás el hilo conductor que mejor une a las tres sea la fusión, la nueva forma de hacer rock, según entienden. Todas forman parte del recambio generacional de la música que no se casa con estilos ni hasta disciplinas (de ahí la incorporación del teatro). Se empecinan en romper con las convenciones. “A los músicos les cuesta aceptar que la asociación que se permite la banda a la hora de hacer una canción no está ligada a los métodos de otras generaciones y de otras épocas, que estaban ligadas a géneros puros”, toma postura Perro Viejo, y el resto parece coincidir con esa idea: “Actualmente está todo mezclado. El zapping es parte de mi personalidad, por más que diga todo el tiempo que no veo televisión. A mí me crió la televisión”, dispara Kartun, y se la deja picando a Martínez: “Todos escuchamos mucha música de chicos y eso también es otra piedra fundamental. Mi viejo me ponía bossa nova y tango, mi vieja a Barry Manilow, y mi hermano era metalero. ¡Así salí yo!”.

Ese mestizaje musical que comparten lo atribuyen al crecimiento de las nuevas tecnologías, a la velocidad de la información, componentes de la “cultura zapping” de la que hablan. El Kuelgue fusiona el rock con diversos estilos del Río de la Plata (murga, candombe y reggae) y texturas del jazz y el pop; La Joven Guarrior mezcla el rock con los ritmos folklóricos de estas pampas y del mundo, con un formato acústico marcado por la guitarra criolla; y Los Nietos de Borges transita por el jazz, el blues y el funk. Igual, toman distancia de esos géneros tradicionales: “Está bueno salir de las poses, como la del rockero o el jazzero que hace caras raras cuando tocan. Además, se perdió el respeto al género”, señala Di Muro. “Si bien a todos les gusta el rock y cosas que compartimos, también conocemos la salsa y la música balcánica, porque manejamos mucha información. Me parece que en otra época las bandas tendían más a experimentar sobre algo más concreto”, teoriza Perro Viejo y polemiza, sin vueltas: “Nunca voy a creerle a una banda argentina de reggae”.

Informe: Sergio Sánchez.

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