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Miércoles, 28 de septiembre de 2011

MUSICA › PAULA SHOCRON TOCA CON SU GRAN ENSAMBLE

Tradiciones convergentes

La pianista, que cierra hoy su ciclo en Thelonius, editó un álbum con su banda grande y también otro en formato de trío. Y ambos son notables.

 Por Diego Fischerman

Nadie puede identificar exactamente dónde termina un río y en qué lugar exacto comienza el mar en el que desemboca. Tampoco cuándo, en qué momento preciso, empieza una idea. La pianista y compositora Paula Shocron, sin embargo, sabe que su Gran Ensamble, uno de los proyectos más interesantes de la actual música argentina de tradición popular, tomó vuelo, o empezó a ser posible, cuando el saxofonista Oliver Lake (integrante del World Saxophone Quartet y una de las leyendas del jazz más osado de las décadas pasadas, con quien ella realizó un seminario) la instó a hacerlo con una de esas frases tan norteamericanas como perfectas: “Si lo tenés dentro de tu cabeza, es el momento de hacerlo”. El resultado, de la frase y de un largo y fructífero período de preparación, ensayos y presentaciones en vivo, es un disco, llamado sintéticamente Gran Ensamble. Y no es un disco más. Ni siquiera otro disco muy bueno. Es uno de los álbumes más originales, riesgosos y bellos de los últimos tiempos.

“Hay una tradición, que es la de las grandes orquestas bailables de los años ’40, y otra, que es la que viene de lo que de allí leyeron músicos como Gil Evans”, comenta Shocron. El grupo, integrado por los saxofonistas Luis Nacht (también en flauta), Ingrid Feniger y Juan Méndez, por Pablo Pesci en clarinete bajo, Fernando Isaia en trompeta, Enrique Norris en corneta y flügelhorn, Joaquín de Francisco y Francisco Salgado en trombones, el guitarrista Marcelo Gutfraind, el contrabajista Ezequiel Dutil, el baterista Luciano Ruggeri y Shocron en piano, además de composición y dirección, abreva allí, pero también en herencias más recientes: el Art Ensemble of Chicago, los grupos grandes de Abdullah Ibrahim (antes llamado Dollar Brand) o Sun Ra. Dice la pianista: “Tenemos la posibilidad de irnos y poder volver; de tener el free como paisaje posible, como terreno de libertad, pero no como un molde que, si se toma de manera literal, termina siendo tan limitado como cualquier otro”. Y hay, claro, otra tradición en juego. A diferencia de lo sucedido en la música de tradición europea y escrita, donde durante siglos las mujeres tuvieron la posibilidad de ser intérpretes, pero muy ocasionalmente accedían a las actividades más abstractas e intelectuales, como la composición o la dirección, en el jazz orquestal varios de los grandes nombres son femeninos: Mary Lou Williams, Melba Liston, Toshiko Akiyoshi y Maria Schneider.

El disco Gran Ensamble fue publicado por Acqua y el Gran Ensamble concluirá una serie de presentaciones en vivo, hoy a las 21.30, en Thelonious (Salguero 1884, 1er piso), y también tocará el próximo 14 de octubre en el Centro Cultural Haroldo Conti (ver Un ciclo...). La conformación del grupo, sobre todo en una escena magra y sin subsidios ni encargos rentados, podría haber estado dictada por la mera posibilidad. Sin embargo, fue al revés. “Sabía qué instrumentos quería; imaginaba las texturas y los timbres, y después buscaba quiénes podían integrarse. Por supuesto, una vez que los músicos estaban definidos podía pensar nuevas posibilidades a partir de saber quiénes eran y cómo tocaban.” Y es que aun en un gran ensamble, en el jazz la escritura tiene características particulares. “Es como si definiera un territorio en el cual uno va a moverse, pero los movimientos nunca pueden estar definidos por completo; en todo caso, la gracia pasa por ese juego entre la libertad y lo pautado”, define Shocron. Esa posibilidad de escritura, de pensar a la orquesta como instrumento y como material, “estaba entre lo que había estudiado en la universidad, formaba parte de lo que tenía, pero en algún momento comenzó a ser una posibilidad tangible; empezó a gestarse en mi cabeza”, dice la pianista. “Por supuesto, entre ese momento y la concreción pasaron muchas cosas, y ponerse de acuerdo en los horarios de ensayos no fue la menor, pero el compromiso de los músicos y el placer de tocar lo hicieron posible.”

Shocron trabaja simultáneamente con su trío (con Jerónimo Carmona en contrabajo y Eloy Michelini en batería). Con ese grupo viene tocando desde hace tiempo y, por otra parte, acaba de editar con él un disco ejemplar: Our Delight (ver Bello modo...). “El planteo del sello y la idea de estos discos se ajustaba perfectamente a lo que veníamos haciendo: mirar de nuevo los clásicos, sumergirnos allí para buscar nuestro propio lenguaje, y tocar como en vivo, con mucha improvisación. De hecho, la grabación la hicimos rapidísimo: fueron todas primeras tomas y en unas horas del primer día ya lo teníamos casi listo”. De todas maneras, el modo en que la pianista entiende la palabra “clásicos” habla de ella tanto como su música. Allí están “There’s a Small Hotel”, de Richard Rodgers y Lorenz Hart; “One Morning in Way”, de Hoagy Carmichael y Mitchell Parish, y “Melancholia”, de Duke Ellington, que de todas maneras están lejos de ser elecciones obvias. Pero también aparecen “Soultrane” y el tema que da título al disco, de Tadd Dameron, y “So Tired”, de Bobby Timmons. Allí, en el formato íntimo del trío (la célula básica del jazz, podría decirse), a partir de temas originariamente ajenos y en una grabación capaz de revelar esa intimidad, finalmente, se juega el mismo juego que con el gran ensamble y con composiciones propias. El de encontrar los distintos –y posibles– caminos de la libertad.

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