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Viernes, 19 de octubre de 2012

MUSICA › DAVID LEBON TOCA EN EL OPERA

“Cuando sos vos mismo, el público te quiere”

El ex Serú Girán, Pescado Rabioso y Polifemo presentará mañana el show Parado en el medio de la vida.

 Por Cristian Vitale

David Lebón entra al bar con una remera de Charles Chaplin, que se deja entrever bajo una chaqueta color crema, y cierta fatiga. Llueve, no le gusta estar demasiado tiempo encerrado y dispone un trago para templar el ánimo. Y la voz. No le toca cantar –lo hará el sábado a las 22 en el Teatro Opera, Corrientes 860–, pero sí decir sobre lo que va a cantar. No le toca presentar un disco –el último, Deja Vu, tiene tres años–, pero sí anunciar de qué va el recital en que resumirá más de 40 años de música, junto a una nueva banda nueva: Leandro Bulacio y Gustavo Lozano en teclados, Roberto Seitz en bajo, Daniel Colombres en batería, y él, el ruso-yanqui del rock argentino, parado entre medio de una voz indiscutiblemente única y una guitarra que destila blues como pocas en el Cono Sur. Parado en el medio de la vida, al cabo, como decidió nombrar a su nueva aparición. “Acabo de cumplir 65 años y, bueno, sí, biológicamente me pasé un poquito del medio de la vida, pero igual creo que estoy en ese lugar por la posibilidad de sentir sin necesidad de hacerme un jopo o de teñirme el pelo. Se trata de ser vos mismo, y cuando sos vos mismo, lográs que el público te quiera”, dispara, sutil. Y le entra al primer trago.

Parado en el medio de la vida –obviedad para versados– refiere a uno de los cuatro temas que el guitarrista “coló” en Peperina, el cuarto disco de Serú Girán, ante la supremacía compositiva de Charly García. Y el único, con letra, que le corresponde enteramente a él, porque “Cara de velocidad” –también suyo– es instrumental, y porque “En la vereda del sol” y “Esperando nacer” son obra de ambos. “Ahí está uno de los focos en que me voy a parar, sí, en Serú. Voy a hacer canciones de esa época, canciones que yo grababa, que todos grabábamos con varios instrumentos y que después, para hacerlas en vivo, costaba un huevo. Ahora se puede, porque los instrumentos existen en el mercado para poder comprarlos, y los chicos de hoy pueden acceder a ellos porque ganan la guita suficiente, ¿no? El tiempo siempre da esa posibilidad”, dice, y repara en un detalle: Lebón no habla de tocar, habla de jugar. Describe a su banda como una banda lúdica, entusiasmada, “no pop”. Piensa en play, como los rockeros anglo. “En inglés, los tipos dicen ‘play’, no ‘tocar’, y ‘play’ es jugar... Es una muy buena palabra. Y yo voy a jugar con tipos que están muy entusiasmados, como el Negro Colombres, al que le gusta tocar muy buena música, y pibes con una energía que no veía hace años. No son tipos de horario, tampoco son tipos pop, pero Gustavo Lozano, uno de los tecladistas, sabe todos los temas de Clapton y sabe más acordes de blues que yo. Y es tan bueno eso de que puedan tener ese vuelo, de no ir a lo que vende, sino a lo que se siente, a lo que es bueno... Por eso admiro mucho la época de Mahler, de Chopin, que hacían música en un contexto donde no había Pelos, Rock & Pops, Pergolinis o lo que sea... Uno sordo, el otro con sífilis, el otro que se tuvo que hacer católico para no ser judío... En fin, a mí me gusta ser parte de esa clase de perros.”

–Parece un punto de vista más cíclico que lineal. ¿Sigue sintiéndose representado por canciones viejas? ¿Hay un pasado que vuelve?

–Totalmente. “Parado en el medio de la vida”, “Siempre estaré”, “Oye Dios, que me has dado” o “Sueltaté Rock & Roll” giran en torno de esa idea. Para mí son canciones atemporales: tienen mil años y la gente las sigue pidiendo. “¡Tocá ‘Sueltaté’, tocá ‘Sueltaté’!”. Increíble, pensar que creía que ese tema era una pelotudez, un rock de mierda (risas), porque en esa época había unos rocanroles increíbles.

–El gran clásico de Polifemo.... Es curioso que nunca hayan podido rearmar la banda con Rinaldo Rafanelli. ¿Hay alguna razón?

–Rino me llamó una vez para rearmarlo, pero creo que Polifemo es un grupo que no se puede rearmar porque era demasiado bueno. Mejor, incluso, que Pescado Rabioso y Serú. Demasiado bueno para exponer.

–Acaba de tirar una bomba...

–Y sí, es demasiado oro para exponer de golpe. Bueno, en realidad Polifemo compite con Pescado, pero hay una cuestión de afecto que influye: yo amo a Rino porque es un tipo al que no le importa la fama. El es un gran músico, juega muy bien al ajedrez y es un ser humano increíble. Es cierto, a veces no le importa nada y si le hacés una nota que no le gusta, te manda a la mierda y se va. Pero así es como uno tiene que ser, porque no miente. Rino no tuvo que hacer cosas raras para ser famoso, nunca le importó.

–Pescado sí volvió, y también parecía inimaginable...

–Lo que más me gustó fue que Luis me puso como guitarrista. Incluso discutió con Cutaia, porque Cutaia quería que yo toque el bajo, y Luis defendió mi guitarra. Igual, yo hubiese tocado el triángulo o el pito catalán con Pescado Rabioso: amaba y amo a Luis. Esa noche fue muy especial... ¡qué historia de amor, loco! Luis y Rapoport siempre estuvieron peleados, y Rapoport lo vino a ver a Luis y se murió en el viaje, y después se murió Luis... ¡qué lo parió!

–Y el vacío: Spinetta, Pappo...

–Sí, se perdió el corazón. Se fueron dos personas que podrían haber dado muchísimo más, pero que no les importaba, porque nunca quisieron dar para que los demás aprendan, sino porque sentían que tenían que dar porque rebalsaban por dentro. Se fueron dos seres humanos completos... Luis estaba en Plutón y Pappo en el planeta más under del mundo. Eran dos tipos totalmente distintos pero se amaban, porque los dos peleaban por su planeta al mango, y por eso eran dos buenos gobernantes.

–Y una grey de músicos (Black Amaya, Machi Rufino, Pomo Lorenzo, usted) como satélites orbitando siempre cerca de ambos planetas. ¿Acepta esa imagen?

–Totalmente. Todos giramos alrededor del mundo, para que el mundo viva, sí. Y nosotros girábamos alrededor de ellos dos, que se amaban y vivían peleándose: “vos ablandaste el rock”, “vos sos un boludo” y así (risas). Pero después Luis venía a buscar a Pappo a la casa con dos tailandesas y a mí me dejaban encerrado porque era joven (risas). Y era mentira... Pappo decía que los demás siempre eran menores, no sé por qué. Me decía: “Colonio, vos fumate este porrito, prendé el Fender, cerrá un ojo, mirá la luz verde del equipo y hacé solos con la luz apagada hasta que volvamos”. Yo hacía eso, hasta que entraba la mamá de Pappo y me decía: “David, ¿qué estás haciendo?”. Y yo, una vergüenza, totalmente fumado, todo mal (risas). Sí, se extrañan mucho.

–¿Cómo era moverse en ese “medio camino” entre Pappo y Spinetta?

–Era algo resbaladizo. Nos juntábamos todos a tocar y hablar. Era como si ahora se juntasen Goyeneche y el Chino Laborde. Venía la gente de Aquelarre, venía Pappo, venían Edelmiro y Del Guercio, venía Bisso...

–¿Carlos Bisso?

–Sí, porque todo eso que se inventó sobre complacientes y progresivos no existía. A él nadie lo odiaba, era nuestro Ray Charles, lo que pasa que nadie se enteró. Bisso cantaba como la concha de la lora y se murió tocando la viola solo, en la casa, con un cassette entre los pies y un by pass. El siempre se reía.

–¿Está pensando algún disco?

–Varios, sí. No quiero dejar a mi familia sin nada.

–El último fue Deja Vu, salió hace tres años

–La tapa fue el último dibujo que hizo Luis. Me dejó 176 dibujos y a algunos los voy a proyectar en el Opera. La verdad es que antes de Deja Vu tenía temas que no pude meter en ese disco y son los que voy a meter en el próximo porque, aunque parezca mentira y mucha gente no me crea, estoy componiendo constantemente. Mi cabeza... A ver, si ves la película de Mahler, vas a ver que el tipo componía al lado del río, sin instrumentos: cerraba los ojos y empezaba a componer. El Negro Rada no sabía tocar ningún instrumento, pero compone desde la cabeza y el corazón, ¿no? Bueno, así lo hago yo, en el terreno del blues y la balada, y no hay por qué andar con la guitarra siempre colgando.

–¿Aplica los avances tecnológicos?

–Los manejo bien, sí. Tengo mis compus, mi iPod, y los utilizó, pero para mí, porque como no sudan, bueno, son para uso casero. Es más, aprendí a grabar así porque quiero grabar mis propios discos. Ojo, agradezco a todos los técnicos que grabaron mis discos, pero nadie supo entender lo que yo quería. A mí me gustan los demos, me parece que son “el” tema, y cuando los querés repetir en el disco real, nunca salen como cuando lo grabaste en tu casa. Entonces quiero grabar todo en mi casa, sin técnicos ni asistentes, ni proceso de mezclar o masterizar.

–¿Cuál es el tratamiento que les da a las versiones de temas de otras épocas?

–Nunca les digo a los músicos lo que tienen que hacer, jamás. Si te digo “hacé esto”, sería un nazi. Así hacemos con “Credulidad”, “Avellaneda blues”, “Noche de perros”, “Nos veremos otra vez”, “Cuánto tiempo más llevará”... Después, está la cuestión de los dos teclados...

–Resulta llamativo que en la banda haya dos teclados y ninguna guitarra, más allá de la suya.

–Lo busqué así porque yo quiero hacer los solos (risas).

–¿Se ve seguido con Charly García?

–Sí, bastante. Le volvió el corazón. Cuando lo abrazó siento que alguien me está abrazando. Incluso, está la posibilidad de que hagamos algo juntos, pero no como Serú Girán.

–No con Pedro Aznar...

–Pedro está en otra cosa, no tiene tiempo y yo sí lo tengo. Para los amigos y para tocar, tengo tiempo, él no. La verdad es que, ahora que lo pienso, el tiempo no es tan veloz como dije aquella vez.

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