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Jueves, 13 de junio de 2013

MUSICA › “HAY OTRA CANCION” REGRESA COMO CICLO, DESDE HOY Y EN EL ND/ATENEO

Un camino que se está construyendo

 Por Sergio Sánchez

Los músicos que participarán del ciclo abordan la canción desde una óptica desprejuiciada y acústica.

El 25 de octubre del año pasado un hecho marcó a una generación de jóvenes músicos abocados a la canción popular: Pablo Dacal, Nacho Rodríguez, Alfonso Barbieri, Alvy Singer, Tomi Lebrero, Pablo Grinjot y Lucio Mantel, apoyados por la Orquesta Académica de Buenos Aires, protagonizaron en el Teatro Coliseo el concierto sinfónico “Hay Otra Canción”. Fue una noche emotiva de la que también participaron un sinfín de músicos invitados de la misma generación, como Darío Jalfin, Sebastián Rubin y El Gnomo, y referentes estéticos como Fito Páez, Palo Pandolfo y Fernando Cabrera. La experiencia fue tan satisfactoria (con entradas agotadas y todo) que “Hay Otra Canción” tendrá su segunda edición, pero esta vez en formato de ciclo, en duplas y sin la orquesta. “En esta nueva edición teníamos ganas de mostrarnos cada uno en su proyecto más cotidiano, con su sonido. La otra vez, con todo lo hermoso que fue (tocar con la orquesta), estábamos parados en un lugar nuevo. Fue complejo y emocionante preparar el concierto sinfónico”, explica Alvy Singer (Jano Setún). Además, a los siete cancionistas de la primera edición se sumarán María Ezquiaga y Jimena López Chaplin.

El debut estará a cargo de Pablo Dacal –junto a Las Guitarras del Tiempo– y Nacho Rodríguez –junto a su trío Los Caracoles–, hoy a las 21 en el ND/Ateneo (Paraguay 918). Y contará con un invitado de lujo: Fito Páez, quien sostuvo que “estos músicos recogen lo mejor de la herencia musical argentina”. El ciclo continuará con shows semana de por medio: el jueves 27 será el turno de Alvy Singer y Tomi Lebrero; el 11 de julio subirán Lucio Mantel y Pablo Grinjot y el 25 de julio cerrarán la edición Alfonso Barbieri junto a la dupla de María Ezquiaga y Jimena López Chaplin, siempre con “invitados especiales”. Aunque transitan por caminos estéticos diversos, todos abordan una canción amplia, desprejuiciada y con una impronta acústica (consecuencia, en parte, de Cromañón). La mayoría tuvo un pasado en el rock, pero luego se dejaron influir por los folklores latinoamericanos y las músicas del mundo. “Hay un hilo conductor en todas nuestras canciones. Hay una mirada común sobre la vida, la música, el amor y la amistad. Cada uno con sus matices, venimos generando un canal paralelo y diciendo las cosas de otra manera”, sostiene Singer y todos coinciden. Desde la independencia, construyeron una escena y un público que está en constante crecimiento y sus proyectos solistas están cada vez más consolidados. Pero se trata de un campo en construcción.

–¿Cuál es el escenario después de la primera edición de “Hay Otra Canción”?

Alfonso Barbieri: –Como toda idea que se realiza y se continúa, creo que todo se va dando de a poco. Se abrieron más ventanitas y puertas. Pero tampoco se instaló masivamente una nueva propuesta. Es como haber pasado, después de todo el laburo individual, a otra instancia. Este año vamos a sacar discos todos y eso viene gestándose de antes de “Hay Otra Canción”. Es una idea enorme y rica para aprender. Se trata de otra instancia que está en proceso. Por ejemplo, no sonamos en las radios masivas. Sonamos, pero en determinadas radios.

Alvy Singer: –Siempre tengo la sensación de que operamos en las sombras, en los márgenes. Y eso es algo negativo y positivo al mismo tiempo. Tiene la cuota de que el público que llega a escuchar nuestras propuestas generalmente tiende a ser un público curioso, activo. No es de los públicos que necesita todo servido en bandeja. Es gente que se movió un poquito empujada por la curiosidad, es decir, que se la jugó a exponerse a un concierto que tiene otro sonido, que va por otros canales que los habituales.

–Este ciclo es una forma de darle más visibilidad a la escena, es decir, a la suma de individualidades. ¿Cómo reciben eso?

A. S.: –De lo que se trata un poco en esta unión, en este ciclo, es echarle por un ratito un poco de luz a esta tribu que existe, darle más visibilidad por un rato. Vamos a ir cada uno con su sonido, con su grupo, a mostrarle a gente que quizá no se acerca habitualmente a nuestros conciertos de qué se trata nuestra música, nuestras canciones, nuestra vida. Por otro lado, creo que ya no existe la idea de la estrella de rock o de pop a nivel grande. A lo que a nosotros nos toca es un contexto más de tribu y nos movemos en ese círculo.

Nacho Rodríguez: –Cada uno de nosotros, en los proyectos que vamos a presentar, tenemos algo muy marcado, muy consolidado, un hecho artístico muy definido. A veces, por cómo se dan las situaciones, encontramos la manera de tocar como sea y donde sea. Y aunque sea en un lugar muy pequeño lo hacemos con un amor gigante. Entonces, ésta es una situación en la que vamos a tocar en un lugar grande, muy lindo y que suena muy bien. Pero vamos a hacer lo que venimos haciendo. Pensaba en el dueto que hacemos con Pablito: compartí un montón de recitales con él, pero en lugares muy chiquitos, en la terraza de una casa que yo tenía, que no le quita el valor ni la belleza a lo artístico.

A. S.: –Nuestra música está construida también en esa realidad casera. Las canciones que hace Nacho solo o con Pablo también son producto de esa realidad, de componerlas en la terraza entre los dos o solo. Esa amistad, esa bohemia que tenemos un poco todos, esos encuentros, también se reflejan en la música. Me parece muy difícil concebir que nuestras músicas hubieran sido las mismas si nuestros primeros conciertos hubieran sido en el ND Ateneo o La Trastienda. La estética y el sonido hubieran sido otros. Entonces, está bueno que toda esa música haya tenido esos orígenes y siga teniendo ese contexto donde se sigue desarrollando.

–Se trata de una escena anclada en la ciudad de Buenos Aires. ¿Se torna difícil llegar a las provincias sin apoyos externos?

A. S.: –Eso es una gran falla de nuestra escena, pero también tiene que ver con nuestra realidad. Es muy difícil llegar a las provincias, pero nos encanta ir. Lo hemos hecho, todos más o menos, con mayor o menos esfuerzo, pero siempre es como que uno llega sin aire, sin apoyo. Es redifícil acceder a las provincias para nosotros y es algo que a veces se lee como una especie de fiaca nuestra. Pero para no-sotros es un sueño cada vez que vamos, es una fantasía constante.

N. R.: –En ese sentido, estamos muy solos. No hay una política para conseguir eso. Lo que pasa en Brasil es increíble: tienen en todo el país casas donde hacen recitales. Si tenés una banda, los tipos te arman una gira para tocar en todo Brasil y te dan un lugar para tocar y dormir. Y te recorrés todo el país tocando. Imagínate cómo cambiaría todo si en la Argentina empezaran a girar bandas de todos lados.

A. B.: –Es un proyecto del Estado que inventó Gilberto Gil. Cuando la gente nos reclama que vayamos al interior tiene razón. Es muy necesario que suceda eso. La idea sería ir a una provincia y generar lo mismo con algunos de nosotros u otros y con gente de allá. Realmente habría que abrir el abanico. Hay un camino que se está construyendo.

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