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Sábado, 22 de marzo de 2014

MUSICA › VALERIA PAGOLA Y EL ESPECTACULO QUE PRESENTA EN PATA DE GANSO

“Yo busco despojarme de los estilos”

Lo suyo era la danza hasta que descubrió que también era el canto. Así fueron confluyendo los caminos para Inevitable/inagotable, cierto concierto, una propuesta donde, según explica, “abro el juego y dejo que los lenguajes se crucen”.

 Por María Daniela Yaccar

“¿No pensó en dejar de bailar y dedicarse al canto?”, la increpó, una vez, una de sus maestras. Valeria Pagola en algún momento dudó. Sintió la presión de tener que optar por alguna de sus pasiones, sobre todo cuando pisaba el San Martín o el Conservatorio Manuel de Falla. Al final no eligió. Es una figura reconocida en el ámbito de la danza –hasta bailó en el Colón–, pero hace varios años se dedica a investigar la relación entre el canto y el movimiento. Inevitable/inagotable, cierto concierto, es el último capítulo de esta búsqueda. “Es un espectáculo performático e interdisciplinario. No busco rotular mi trabajo. Abro el juego y dejo que los lenguajes se crucen”, explica a Página/12. Se la puede ver los sábados a las 21 en Espacio Cultural Pata de Ganso (Pasaje Zelaya 3122).

Pagola aclara: “No es un concierto ni un espectáculo de danza contemporánea”. Tampoco lo fueron Eva-Ave o Hna. Ella canta (a veces con un registro lírico), baila, ejecuta instrumentos. Desde un costado, Federico Joselevich Puiggrós teclea una notebook, incorporando el lenguaje multimedial. La sala huele a palo santo. No hay un concepto tan evidente: todo es más bien críptico, lo obvio es el clima hippón. “En escena se plasma un viaje personal. Se ve una laguna y sus reflejos, la flora y la fauna de ese espacio habitando mi cuerpo”, describe la bailarina. Algunas palabras viajan desde la computadora directas a su cuerpo, donde se reflejan. Y ella también las canta: “Inconmensurable, indescriptible, inclasificable, inexplicable”.

Con Laurie Anderson, Meredith Monk, Juana Molina y Camille como influencias, Inevitable/inagotable llega con una novedad en el marco de su exploración: “Nunca me había imaginado que iba a armar las bases musicales yo misma, que iba a autosustentar el mundo musical de la obra”, dice la artista. Una alumna le ofreció una loop station como parte de pago de sus clases de canto, y ella aceptó. La utiliza en la obra. “Descubrí que era un mundo inagotable. Podía armar una base, ir, bailar, volver a cantar y no depender de otro. Me encantó la idea de armarme un mundo para mi juego”, explica. Prodanza subvencionó su proyecto llamado “Danza, música e improvisación coreográfica-musical”, del cual resultó esta obra.

–¿Por qué sintió la necesidad de volcarse al canto?

–El canto no fue mi primera idea de camino, pero cuando entró en mi vida lo hizo con la misma fuerza que la danza. En el devenir, entendí que en mi voz estaba la potencia escénica. Las energías del movimiento sustentan imaginarios que flexibilizan mi voz, ritmos que se plasman en la musicalidad de la palabra cantada. Me gusta pensar en la voz como una bailarina haciendo vibrar al aire.

–¿La mixtura de los lenguajes es el signo estético de esta época?

–Sí. Por el camino interdisciplinario y la reunión de saberes se mueve la tendencia actual del arte. La palabra coreografía significa escritura de la danza. “Corea”, de raíz griega, significa danza circular. En los encuentros ancestrales se cantaba y se bailaba a la vez. Es como si estuviéramos volviendo al inicio. A su vez, incluimos todas las posibilidades que brinda la tecnología. Esto no pasa sólo en el arte, sino también en otras áreas y saberes: es el retorno de una concepción holística.

–¿Hay una tensión entre el canto lírico y la danza contemporánea en su espectáculo?

–Son dos mundos que se mezclan, han sido puntos fuertes en mi formación, pero busco trascender esas etiquetas. Canto de otras maneras. No soy una cantante lírica porque, en los cánones del canto, los colores de las voces tienden a ser muy fijos. A mi voz le gusta ser lo que es: caudalosa y libre. Y estoy muy lejos de expresar con mi cuerpo lo que es la tendencia actual de la danza. A la hora de estar en escena, el movimiento es lo que es. Busco despojarme de estilos.

–¿Qué sucede con el cuerpo cuando es atravesado por el lenguaje multimedial? ¿En este sentido hay un contrapunto? Gran parte de la literatura de ciencia ficción se basa en esa oposición: el hombre versus la máquina.

–No lo considero un contrapunto. Lo multimedial abre la posibilidad de diálogo de mi personaje con su mundo interior. Las proyecciones no sólo generan el marco escénico y estético, también abren una ventana entre el diálogo real y el imaginario, entre el afuera y las construcciones internas. Federico usa un teclado especialmente preparado para manejar en vivo las distintas imágenes. Tiene un control total de las entradas y salidas de cada momento visual. Esto es clave en los momentos de la obra donde nos abrimos a la improvisación.

–¿Cuánto tiene la obra de improvisación?

–Hay un esqueleto, tiene el formato de un concierto. La base armónica de las canciones, los ritmos y palabras que las constituyen están fijos, pero las últimas capas melódicas de las canciones están abiertas. Los principios y finales de las acciones están cerrados para asegurar el viaje dramatúrgico de la obra. Pero en cuanto a los movimientos no tengo ningún guión: son liberados, lo más improvisado de la obra.

–En Europa dio clases de voz y movimiento. ¿Cómo fue esa experiencia?

–Viví dos años en Bruselas. Allá hay mucha danza, mucho arte y muchos medios. El entrecruce es algo natural y viene sucediendo desde hace muchos años. Siendo una extranjera desconocida, me resultó sencillo difundir mi propuesta. Venían a mis clases muchos bailarines y músicos profesionales ávidos de incorporar nuevas técnicas. En Buenos Aires, me gustaría generar charlas sobre este proceso de investigación.

–¿Su búsqueda pasa por la relación entre el estudio y el oficio? ¿De qué se aprende más?

–Lo que se aprende queda marcado a fuego en el cuerpo, la técnica detrás acompaña cada gesto. Pero estar en escena es el sello de toda escuela. Es allí donde el oficio te hace adueñar o hacer carne la técnica aprendida. Vivir el escenario tiene que ver con aprender a manejar la energía, la propia y la del público. Un teatro es una reunión de almas diversas con deseos, anhelos y expectativas. La formación académica me dio la posibilidad de poder expresar eso que deseaba ser comunicado, eso que alimentó mi deseo de formarme durante tantos años. El oficio es el tránsito que va puliendo la obra.

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“Me gusta pensar en la voz como una bailarina haciendo vibrar al aire”, argumenta Pagola.
Imagen: Guadalupe Lombardo
 
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