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Sábado, 3 de septiembre de 2011

CINE › CUARENTA Y DOS AñOS DESPUES, SE ESTRENA SAVE THE CHILDREN, POLEMICO DOCUMENTAL DE KEN LOACH

La institución que no salvaba chicos

En 1969, la ONG británica comisionó al director para retratar su obra. Loach se encontró con prácticas crueles que exhibió sin filtro, abriendo una pelea que se resolvió recién ahora.

 Por Luciano Monteagudo

Corría el año 1969. Ken Loach no era todavía el gran nombre que es hoy, pero ya se había hecho una reputación en el cine británico, como realizador de obras de fuerte contenido social. Kes (1967) y Pobre vaca (1969) habían llamado la atención en Cannes y otros festivales y, en el terreno local, una pequeña producción para la BBC, Cathy Come Home (1966), emitida por TV, alcanzó a provocar un debate nacional sobre la ineficiencia del servicio social británico, al punto que la creación de una serie de hogares para familias sin techo se atribuye a la repercusión del film. Fue entonces que Save the Children, una asociación de caridad británica fundada en 1919, convocó a Loach para que filmara un documental sobre sus actividades, como una manera de difundir la institución. Lo que nadie supuso entonces es que esa película estaría prohibida durante 42 años, hasta que ahora, en la exhaustiva retrospectiva dedicada al director que comenzó el jueves en el BFI National Archive (la Cinemateca Británica, en el Southbank de Londres) pudo por fin salir a la luz.

La censura que sufrió el film tuvo una razón muy simple: lejos de ser complaciente con la institución que le había encargado el trabajo, Loach, fiel a sus convicciones, documentó sin miramientos el trato vejatorio, racista y punitivo que Save the Children les imponía a esos niños a los que decía salvar y cuidar. La organización impidió durante casi medio siglo la difusión de ese material. “Nunca en la historia del cine documental la mano que te alimenta fue mordida de manera más espectacular y más gloriosa”, señaló Peter Bradshaw, el crítico cinematográfico de The Guardian, al comentar el hallazgo.

De hecho, la película de 50 minutos nunca estuvo perdida, pero sí guardada bajo siete llaves. En tanto propietaria legal del film, la organización intentó hacerse con el negativo, pero Loach acudió a la Justicia para salvaguardar su obra, que corría el riesgo de ser destruida. El acuerdo al que se llegó en su momento, después de una feroz batalla judicial, fue que el negativo sería depositado en la Cinemateca Británica y que el film no podría ser exhibido, ni en público ni en privado, salvo expresa autorización de Save the Children. Que es lo que finalmente sucedió ahora, casi como un regalo de cumpleaños para Loach, que acaba de cumplir 75 de edad y 50 de carrera.

Justin Forsyth, actual CEO de Save the Children, dijo que “Ken Loach es un gran director que se hizo preguntas muy duras sobre el poder, el colonialismo y la caridad que hoy son relevantes”. En este sentido, el responsable de la organización se mostró “muy orgulloso” de haber permitido que tras cuatro décadas la película pueda ser vista. La directora de la Cinemateca Británica, Heather Stewart, explicó que “una película inédita de uno de los mejores y más controvertidos directores contemporáneos es como oro en polvo”, por lo que consideró “emocionante” que, después de muchos años intentándolo, Save the Children (título tentativo del film, del que ni siquiera se terminaron los créditos) se pueda proyectar al fin.

En un comunicado oficial de la propia institución, publicado en su página web, se señala que la película fue rodada en 1969 en Gran Bretaña y en Kenia, y que “comienza con una cita de Friedrich Engels, continúa con la exploración de políticas de raza, de clase y de caridad en la sociedad capitalista y culmina con una resonante condena del capitalismo por parte del propio Loach”. La película está dividida en dos partes. La primera se abre exponiendo la llegada de ricos y poderosos a la catedral de St. Paul para después descubrir, en un contraste brutal, la desolación y la pobreza de las calles de Manchester. Algunos de los niños de ese barrio aparecen luego en un hogar de la asociación Save the Children, donde sus tutores los tratan con “una condescendencia y un esnobismo grotesco”, según el crítico Peter Bradshaw. El trato que reciben los pupilos del albergue de Save the Children en Kenia es aún peor, por el colonialismo rampante que Loach deja al desnudo. Provenientes de tribus de la región, los chicos son instruidos con libros de texto británicos y vestidos con uniformes occidentales, al tiempo que se les prohíbe el uso de su propia lengua, el swahili. Una tutora menciona el “instinto animal” de los chicos y otro menciona que serían más felices “en sus chozas de barro”.

Como señala Bradshaw, “Save the Children aparece en el film como el idiota útil de una opresión mayor, un engranaje importante de la nueva técnica de esclavizar a Kenia como un Estado cliente”. Casi medio siglo después, el CEO de la organización, al autorizar la exhibición de la película, declara que está orgulloso del trabajo que Save the Children hace en Gran Bretaña y el resto del mundo: “Salvamos millones de vidas de niños y ayudamos a que realicen sus potencialidades. Y esperamos ser examinados y desafiados para hacer el mejor trabajo posible”. Eso fue, en todo caso, lo que hizo Ken Loach.

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Loach consiguió rescatar una copia de la destrucción.
 
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