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Viernes, 27 de enero de 2012

CINE › EL AMOR DE TONY, DIRIGIDA POR LA FRANCESA ALIX DELAPORTE

El amor nunca es un asunto sencillo

Sin mayores ambiciones, la opera prima de Delaporte dibuja una curiosa historia romántica entre un encallecido pescador y una mujer a la que se adivina golpeada por la vida. No hay paternalismo ni condescendencia, pero sobran convencionalismos.

 Por Luciano Monteagudo

6

EL AMOR DE TONY

Angèle et Tony,
Francia/2010.

Dirección y guión: Alix Delaporte.
Fotografía: Claire Mathon.
Música: Mathieu Maestracci.
Intérpretes: Clotilde Hesme, Grégory Gadebois, Lola Dueñas, Evelyne Didi, Jérôme Huguet, Antoine Couleau y Patrick Descamps.

Un pequeño pueblo pesquero en la costa de Normandía, al norte de Francia, es el escenario privilegiado de Angèle et Tony, modesta opera prima de la directora francesa Alix Delaporte. Los acantilados que miran al Canal de la Mancha y el cielo casi siempre gris, como el espíritu de la gente que habita esas costas, sientan el tono de esta pequeña historia de reconstrucciones afectivas entre un hombre y una mujer para quienes el amor nunca se presenta fácil.

Lo primero que se sabe de Angèle (Clotilde Hesme, descubierta por Philippe Garrel en Los amantes regulares) es que no tiene problemas en practicar sexo casual en plena calle. Es una mujer joven y bella, pero se intuye que viene medio golpeada por la vida. Hay algo de animal enjaulado en su actitud esquiva, nerviosa, siempre desconfiada. Poco a poco, se irá entendiendo que acaba de salir de la cárcel y que hace por lo menos dos años que no ve a su pequeño hijo, radicado en casa de sus abuelos paternos, con quienes ella, obviamente, no tiene buena relación.

A diferencia de Angèle, Tony (Grégory Gadebois) parece más transparente. Tiene con su hermano una pequeña embarcación pesquera y vive en la vieja casona familiar con su madre. Algunas sombras, sin embargo, oscurecen el perfil de ese hombre áspero por fuera pero sensible por dentro: el padre, también pescador, murió hace poco ahogado en alta mar y su cuerpo nunca pudo ser recuperado; el negocio de la pesca va cada vez peor y el gobierno no tiene otra solución a mano que mandar a la policía a reprimir a los trabajadores; pero sobre todo la soledad parece corroerlo poco a poco, como si fuera un barco que empieza a oxidarse.

El encuentro de esos dos personajes marcados por el retraimiento y el desamparo no tardará en producirse. Si fuera por Angèle, se llevaría a Tony a la cama en su primera cita. “¿Qué querés, coger?”, le dice con brutalidad, casi con rabia. Tony, en cambio, parece buscar algo más que un encuentro ocasional, al punto de que aloja a Angèle en su casa mientras él prefiere dormir en su barco. De a poco, una nueva, pequeña, extraña familia empieza a cobrar forma.

Cuidadosa de sus personajes y su ambiente, la directora debutante Alix Delaporte (que viene del fotoperiodismo, formada en la agencia Capa) evita casi todos los peligros de la novela rosa y de los golpes bajos. No hay grandes dramas ni revelaciones extemporáneas. La película exuda nobleza y se propone comprender a todos y cada uno de sus personajes. Hasta el oficial que custodia la libertad condicional de Angèle parece un ser humano. La cámara nunca hace alardes ni proezas y se pone siempre a la altura de los ojos de la pareja protagónica, a la que jamás mira con paternalismo ni condescendencia.

Todas esas son virtudes, a las que hay que sumar la revelación de Grégory Gadebois como Tony. Si no fuera porque en los créditos se destaca su pertenencia a la Comédie-Française, se podría pensar que –con ese cuerpo grueso y torpe, que no parece caber en sí mismo– es un auténtico pescador normando. A pesar de su belleza (o mejor aún, a causa de ella), Clotilde Hesme, en cambio, da la impresión de estar fuera de lugar en la película. Su rostro y su figura tienen un perfil sofisticado y eminentemente urbano, que no se lleva bien con su personaje, al punto de que se siente demasiado el esfuerzo de la composición de esa mujer rústica y encallecida por la vida. Un final feliz y demasiado convencional también le resta autenticidad a una película que aspira a ella.

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Clotilde Hesme luce algo fuera de lugar.
 
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